/ miércoles 9 de octubre de 2019

Los olvidados de la Revolución en Sinaloa

Durante la Revolución en Sinaloa, el movimiento armado también se gestó en la serranía, ahí donde las estribaciones de las montañas y quebradas en la Sierra Madre Occidental fueron testigos entre balas y carrilleras, de diversos acontecimientos a menudo ignorados por la historia nacional. Nos referimos al municipio de Badiraguato, el poblado de Santiago de los Caballeros, cuna de Los Carabineros, de quienes hablamos a continuación.

En el año de 1911, aparecieron las primeras noticias del movimiento maderista, por el mes de enero las autoridades y la prensa empezaron a interesarse en las expresiones del levantamiento, las cuales siguieron con gran alarma. Pronto la región de la Sierra Madre Occidental pareció ser el terreno de las correrías de gavillas rebeldes, a las cuales aún no se identificaba como maderistas, y que en un principio fueron denominadas como gavillas de bandoleros, o grupos de revoltosos, cuya presencia empezaba a preocupar cada vez más a los actores del antiguo régimen.

Las guerrillas empezaron a ser identificadas en puntos de la sierra de difícil acceso para las autoridades porfirianas, la amenaza era semejante tanto para las autoridades de Sinaloa como las de Durango, dado que los rebeldes estaban siendo reclutados en ambos estados, y no pasaría mucho tiempo antes de que los jefes de la región unieran fuerzas y tomaran las prinicpales minas.

En la misma tónica por el mes de enero de 1911 la prensa en Sinaloa no dejó de registrar notas, rumores, de la presencia de los revoltosos por la sierra: “ayer corría el rumor en Culiacán que por Badiraguato y rumbo a Santiago de los Caballeros (mineral) había aparecido una banda de revoltosos.”

Estos “revoltosos” aún no tenían nombre en la prensa, aún no se les identificaba como revolucionarios, y su presencia giraba entre el invento y el temor. Estos grupos armados empezaban a proliferar por los campos en busca de un botín por medio del cual pudieran sustentar su guerra, eran temidos principalmente por los comerciantes y mineros, ya que la actividad de las guerrillas se dirigió hacia el asalto.

Durante la Revolución en Sinaloa destacaron los nombres de Ramón F. Iturbe, Ángel Flores, Herculano de la Rocha, Juan M. Banderas, por mencionar algunos, como hombres que encabezaron este movimiento. Sin embargo, detrás de ellos estuvieron presentes grandes contingentes formados por gente del pueblo, sobrevivientes unos, muertos otros y de los que difícilmente se habla, los que se mantuvieron en los frentes de batalla, sin dar tregua. La gran mayoría quedaron en el anonimato, recordando únicamente en cada conmemoración cívica a sus líderes civiles y militares.

El contingente de Santiago se reuniría con Ramón F. Iturbe, que era con quien habían contactado para su levantamiento armado. A las órdenes de éste participan en diversos combates, sobresaliendo la toma de la plaza de Cu¬liacán a principios de junio de 1911. En esta decisiva batalla, los de Santiago pelean con iniciativa, al término de ésta, Iturbe sostuvo una larga plática con Eduardo Fernández, comisionándolo para formar un cuerpo rural de caballería, bajo sus órdenes.

Un grupo de sinaloenses que participaron en “la bola” como tantos, sin claridad respecto a su lucha, sin saber bien los motivos. Los carabineros murieron casi todos olvidados por el gobierno. La mayoría quedó absolutamente desamparada, débil deshecha, sin raíces y sin esperanza. Hombres nacidos en la sierra de Badiraguato, rancherías aledañas como Bamopa, Babunica, Tepaca, Alisos, Las Juntas, Jajalpa, entre otros.

Durante la Revolución en Sinaloa, el movimiento armado también se gestó en la serranía, ahí donde las estribaciones de las montañas y quebradas en la Sierra Madre Occidental fueron testigos entre balas y carrilleras, de diversos acontecimientos a menudo ignorados por la historia nacional. Nos referimos al municipio de Badiraguato, el poblado de Santiago de los Caballeros, cuna de Los Carabineros, de quienes hablamos a continuación.

En el año de 1911, aparecieron las primeras noticias del movimiento maderista, por el mes de enero las autoridades y la prensa empezaron a interesarse en las expresiones del levantamiento, las cuales siguieron con gran alarma. Pronto la región de la Sierra Madre Occidental pareció ser el terreno de las correrías de gavillas rebeldes, a las cuales aún no se identificaba como maderistas, y que en un principio fueron denominadas como gavillas de bandoleros, o grupos de revoltosos, cuya presencia empezaba a preocupar cada vez más a los actores del antiguo régimen.

Las guerrillas empezaron a ser identificadas en puntos de la sierra de difícil acceso para las autoridades porfirianas, la amenaza era semejante tanto para las autoridades de Sinaloa como las de Durango, dado que los rebeldes estaban siendo reclutados en ambos estados, y no pasaría mucho tiempo antes de que los jefes de la región unieran fuerzas y tomaran las prinicpales minas.

En la misma tónica por el mes de enero de 1911 la prensa en Sinaloa no dejó de registrar notas, rumores, de la presencia de los revoltosos por la sierra: “ayer corría el rumor en Culiacán que por Badiraguato y rumbo a Santiago de los Caballeros (mineral) había aparecido una banda de revoltosos.”

Estos “revoltosos” aún no tenían nombre en la prensa, aún no se les identificaba como revolucionarios, y su presencia giraba entre el invento y el temor. Estos grupos armados empezaban a proliferar por los campos en busca de un botín por medio del cual pudieran sustentar su guerra, eran temidos principalmente por los comerciantes y mineros, ya que la actividad de las guerrillas se dirigió hacia el asalto.

Durante la Revolución en Sinaloa destacaron los nombres de Ramón F. Iturbe, Ángel Flores, Herculano de la Rocha, Juan M. Banderas, por mencionar algunos, como hombres que encabezaron este movimiento. Sin embargo, detrás de ellos estuvieron presentes grandes contingentes formados por gente del pueblo, sobrevivientes unos, muertos otros y de los que difícilmente se habla, los que se mantuvieron en los frentes de batalla, sin dar tregua. La gran mayoría quedaron en el anonimato, recordando únicamente en cada conmemoración cívica a sus líderes civiles y militares.

El contingente de Santiago se reuniría con Ramón F. Iturbe, que era con quien habían contactado para su levantamiento armado. A las órdenes de éste participan en diversos combates, sobresaliendo la toma de la plaza de Cu¬liacán a principios de junio de 1911. En esta decisiva batalla, los de Santiago pelean con iniciativa, al término de ésta, Iturbe sostuvo una larga plática con Eduardo Fernández, comisionándolo para formar un cuerpo rural de caballería, bajo sus órdenes.

Un grupo de sinaloenses que participaron en “la bola” como tantos, sin claridad respecto a su lucha, sin saber bien los motivos. Los carabineros murieron casi todos olvidados por el gobierno. La mayoría quedó absolutamente desamparada, débil deshecha, sin raíces y sin esperanza. Hombres nacidos en la sierra de Badiraguato, rancherías aledañas como Bamopa, Babunica, Tepaca, Alisos, Las Juntas, Jajalpa, entre otros.

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