/ jueves 28 de febrero de 2019

AMLO… La prisa explicable.

Todos hablamos, opinamos, y en algunos casos tratamos también de analizar los interesantes vaivenes en que se mueven los hombres y mujeres en el apasionante y movedizo mundo de la política a la mexicana.

Aunque es evidente que las opiniones en el mayor de los casos se mueven al vaivén de los intereses de quienes las vierten, ya sea en charlas entre grupos de amigos, o a través de algún medio de comunicación disponible para el efecto.

Entendible es, que vivimos en un mundo de confrontaciones de ideas y posturas donde se presentan severas discrepancias, mismas que marcan distancia entre los puntos de vista de unos y otros “analistas”.

Son los tempos de evolución y transformación política que vive nuestro país tras el surgimiento del movimiento social generado por los impulsores de la llamada cuarta transformación.

Frente a ellos, será siempre difícil ser asertivo y coincidente en los debates de ideas, cuando la opinión se convierte en crítica al nuevo gobierno.

Cuesta trabajo entonces, entender, interpretar y exponer opiniones opuestas a las ideas y propuestas que desde el cuarto de guerra de la cuarta transformación se proponen y disponen como parte de los nuevos proyectos de gobierno.

Criticarlas y oponerse a las ideas de “Los Cuartos”- (Miembros de la cuarta transformación)-, significa colocarnos ante la inminente cascada de improperios y descalificaciones de su parte.

METAFORA

Sería para ellos ofensivo también, decirles por ejemplo, que la actual política mexicana pareciera estar convertida en una especie de festival del baile, cuyos bailarines al salir a escena hacen el ridículo y tropiezan entre sí, por la razón de estarlos enviando al escenario sin la menor idea de lo que es una coreografía.

Salir a bailar sin una real capacitación, vocación y conocimiento del arte, sin un ensayo previo, y sin la presencia musical de un buen director de orquesta que pudiera desde el estrado marcar la pauta a seguir, nunca será conveniente.

No pueden ser buenos danzantes quienes no cuentan con las herramientas indispensables para el éxito.

¿ Cómo salir a escena sin conocer el escenario que están pisando, sin haber contado con un buen maestro de danza, y sin la preparación y orientación indispensable que les permitiera poder moverse de manera rítmica, armoniosa y cadenciosa al compás de la pieza musical?.

Creo entonces, que en tales condiciones, frente a un público expectante y ávido de disfrutar de un espectáculo altamente publicitado como la cuarta maravilla dentro del mundo artístico nacional, pudiera no recibir el aplauso esperado.

Sería de tal manera, como si se quisiera freír un huevo sin antes haberlo sacado del cascarón, y con el sartén frío, diría yo.

Pero dejando la metáfora de los bailarines, y regresando a nuestra realidad política, debemos reconocer y aceptar que de cara al nuevo gobierno federal estamos ante una lluvia de anuncios espectaculares que en mucho asemejan el ejemplo metafórico antes descrito.

Anuncios que visualizan acciones que nos tratan de dibujar el escenario maravilloso y largamente acariciado de ver un México de primer mundo en todos los aspectos de la vida, dígase económica, política y social.

Lo triste es que muchos se esos anuncios, al igual que el metafórico “concurso de baile” se hacen a tontas y a locas, toda vez que en el mayor de los casos no son debidamente analizados, planeadas y sustentados en base a realidades vivas, tangibles y vigentes.

Es evidente que el gobierno de AMLO lleva prisa y comete el error de querer correr ligero antes de calentar el músculo como lo indica el protocolo, y de ello nos habla esa gran urgencia por llevar a los mexicanos pobres, o pobres mexicanos, los beneficios económicos ofertados desde su larga campaña mediática, en aras sin duda, de conservar, prolongar y sustentar el idilio Pueblo-Gobierno.

“Lo importante es que los beneficios los sienta, los perciba y los disfrute el pueblo mexicano… “Si mi rebaño me quiere y cree estar a buen resguardo en mi granja, que afuera aúllen los lobos”, podría pensar el padre de la Cuarta Transformación.

Todos hablamos, opinamos, y en algunos casos tratamos también de analizar los interesantes vaivenes en que se mueven los hombres y mujeres en el apasionante y movedizo mundo de la política a la mexicana.

Aunque es evidente que las opiniones en el mayor de los casos se mueven al vaivén de los intereses de quienes las vierten, ya sea en charlas entre grupos de amigos, o a través de algún medio de comunicación disponible para el efecto.

Entendible es, que vivimos en un mundo de confrontaciones de ideas y posturas donde se presentan severas discrepancias, mismas que marcan distancia entre los puntos de vista de unos y otros “analistas”.

Son los tempos de evolución y transformación política que vive nuestro país tras el surgimiento del movimiento social generado por los impulsores de la llamada cuarta transformación.

Frente a ellos, será siempre difícil ser asertivo y coincidente en los debates de ideas, cuando la opinión se convierte en crítica al nuevo gobierno.

Cuesta trabajo entonces, entender, interpretar y exponer opiniones opuestas a las ideas y propuestas que desde el cuarto de guerra de la cuarta transformación se proponen y disponen como parte de los nuevos proyectos de gobierno.

Criticarlas y oponerse a las ideas de “Los Cuartos”- (Miembros de la cuarta transformación)-, significa colocarnos ante la inminente cascada de improperios y descalificaciones de su parte.

METAFORA

Sería para ellos ofensivo también, decirles por ejemplo, que la actual política mexicana pareciera estar convertida en una especie de festival del baile, cuyos bailarines al salir a escena hacen el ridículo y tropiezan entre sí, por la razón de estarlos enviando al escenario sin la menor idea de lo que es una coreografía.

Salir a bailar sin una real capacitación, vocación y conocimiento del arte, sin un ensayo previo, y sin la presencia musical de un buen director de orquesta que pudiera desde el estrado marcar la pauta a seguir, nunca será conveniente.

No pueden ser buenos danzantes quienes no cuentan con las herramientas indispensables para el éxito.

¿ Cómo salir a escena sin conocer el escenario que están pisando, sin haber contado con un buen maestro de danza, y sin la preparación y orientación indispensable que les permitiera poder moverse de manera rítmica, armoniosa y cadenciosa al compás de la pieza musical?.

Creo entonces, que en tales condiciones, frente a un público expectante y ávido de disfrutar de un espectáculo altamente publicitado como la cuarta maravilla dentro del mundo artístico nacional, pudiera no recibir el aplauso esperado.

Sería de tal manera, como si se quisiera freír un huevo sin antes haberlo sacado del cascarón, y con el sartén frío, diría yo.

Pero dejando la metáfora de los bailarines, y regresando a nuestra realidad política, debemos reconocer y aceptar que de cara al nuevo gobierno federal estamos ante una lluvia de anuncios espectaculares que en mucho asemejan el ejemplo metafórico antes descrito.

Anuncios que visualizan acciones que nos tratan de dibujar el escenario maravilloso y largamente acariciado de ver un México de primer mundo en todos los aspectos de la vida, dígase económica, política y social.

Lo triste es que muchos se esos anuncios, al igual que el metafórico “concurso de baile” se hacen a tontas y a locas, toda vez que en el mayor de los casos no son debidamente analizados, planeadas y sustentados en base a realidades vivas, tangibles y vigentes.

Es evidente que el gobierno de AMLO lleva prisa y comete el error de querer correr ligero antes de calentar el músculo como lo indica el protocolo, y de ello nos habla esa gran urgencia por llevar a los mexicanos pobres, o pobres mexicanos, los beneficios económicos ofertados desde su larga campaña mediática, en aras sin duda, de conservar, prolongar y sustentar el idilio Pueblo-Gobierno.

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