/ sábado 5 de junio de 2021

María visita a su hija cada día en el panteón

Hace 12 años, Verónica fue asesinada en una trágica equivocación y desde entonces su madre acude a recordarla en su tumba

Culiacán, Sin.- Los preparativos para aquel Día de las Madres de 2009 ya estaban listos. Verónica se había afanado en celebrar a María del Carmen Pacheco en familia. El 9 de mayo salió de su casa para comprarle el regalo, pero ya no volvió con vida: fue privada de la libertad y su cuerpo fue encontrado calcinado al día siguiente. Desde entonces, algo de su vida se fue con ella.

Por eso, cuenta, no deja de visitarla cada día al Panteón Civil, en donde le pone sus canciones favoritas y habla largamente de ella; así su ausencia no es tan pesada.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Verónica tenía apenas 18 años de edad cuando fue asesinada, confundida por otra persona, dice ahora su madre, por ser una mujer que acostumbraba vestir ropa de hombre “por sentir que como niña perdía más que como niño”.

El primer comentario de María del Carmen cuando ve mujeres jóvenes es que su hija tendría 29 años hoy en día, y sin evitarlo, se pregunta cómo sería su vida y la de Verónica si siguiera con en este mundo. La Güera, como es conocida por sus amistades, tuvo tres hijos, pero con la menor el lazo era mayor por ser quien estaba más al pendiente de ella.

También puedes leer: La peor pesadilla de Dora Ofelia Corona

Han pasado 12 años desde su muerte y como toda madre que matan a su hijo o se lo desaparecen en Sinaloa, utilizó sus propios recursos para investigar qué fue lo que ocurrió, por no contar con el respaldo de las autoridades en una época en donde la violencia iba en ascenso.

A su hija la encontraron calcinada en La Costera en la camioneta que fue levantada horas antes por un muchacho que la frecuentaba y que, en confesiones de Verónica a su madre, ella sentía cierta atracción por él.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

EL CASO

El nueve de mayo, cuando La Güera recogía botes, se encontró con Diego, el amigo que venía de un velorio en una camioneta robada buscando a Verónica, su respuesta fue que su hija estaba en casa con dolores por su regla y en lo que recogía un bote vio cómo el joven se iba a gran velocidad.

Su instinto le dijo que tenía que llamar a Verónica, quien le respondió que estaba en el centro joyero y que ya estaba por irse, no sin antes recordarle que ya tenía todo listo para el Día de las Madres. María del Carmen le contó que Diego la estaba buscando y que no su subiera a ningún carro, a lo que ella le dijo que no lo haría, pero ninguna contaba con que la iban a subir a la fuerza mientras los hombres utilizaban capuchas.

Llegó la noche y no se sabía nada de Verónica, su celular ya estaba apagado para esta hora y por la mañana del 10 de mayo, su madre fue a su trabajo en plaza Galerías, en donde sintió un mal presentimiento que hizo cayera rodando por las escaleras, lo primero que hizo fue llamar a sus hijos mayores, quienes le dijeron que estaban bien y ahí lo supo: algo le había pasado a la menor.

“Sentía un nudo aquí bien feo (pecho) me sentía ahogada, bien feo me sentía, porque yo padezco de presión alta y dije yo como va a ser eso, mi hija donde está”, confesó.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

De regreso a casa, observó un gran número de elementos en su colonia y ajena a cuál era el motivo del operativo entró a su casa a intentar dormir, hasta que, un trabajador de la Semefo le habló para decirle que tenía que ir a reconocer el cuerpo de su hija.

“Llegamos a la Semefo y sabes que, no pude reconocerla, no pude, toda huesito quedó mi hija, toda chamuscada, no, mi hija no puede ser, estaban mis hermanos, venían del otro lado”, contó.

En la negación le dio un ataque epiléptico “yo decía que no era mi hija y hasta la fecha yo digo que no está muerta (…) la soñé hace poquito que se me subió la presión, que me decía, mami yo te estoy cuidando desde aquí, échale ganas, ma”.

En su investigación, concluyó que, después de que la levantaron, condujo la camioneta en un intento de sobrevivir, porque al parecer Diego se lo pidió, pero por su inexperiencia y los balazos, chocó contra un poste en donde se empezó a quemar el carro, mientras, otras personas agarraron a Diego y le dieron casi 100 balazos.

Con quienes platicó cerca de la costera, se quedó con que “ella me gritaba, mami, mamita ayúdame, no me quiero morir, te amo, me decía, yo investigué todo y se incendió la camioneta, dicen que chocó con un poste, porque no sabia manejar”.

De ahí la depresión fue inevitable, intentó entrar al mundo de las drogas para olvidarse de todo, pero por su condición de salud, fue contraproducente, por lo que, juró por la memoria de Verónica que no lo iba a volver hacer. Su hijo mayor tuvo problemas en su comportamiento y la culpaba por la muerte de su hermana, era tanto lo que denigró a María por esto y por haber sido prostituta para sacar adelante a sus hijos, que tuvo que correrlo del cuarto que rentaba.

CONSUELO

En 2009, La Güera pesaba 130 kilos y llegó a pesar 31 kilos por la depresión que enfrentaba, a como pudo consiguió otros trabajos como bolera y vendedora de periódicos, mientras que, en su casa construyó un pequeño altar adornado con flores y agua para Verónica.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Hasta hace tres años, enterró sus cenizas en el panteón Civil, lugar donde la visita a diario por sentir un gran vacío, no importa cómo le fue en el día o si tiene algún dolor, siempre va a visitarla para “hablar con ella” y escuchar en una radió la música que su pequeña le regaló cuando vivía, ahora este se ha convertido en su gran consuelo y sin evitarlo, rompe a llanto cuando las pone.

12 años después, María del Carmen, dice que ya está saliendo de su depresión, ha recuperado peso y está por jubilarse en el ISSSTE. En 2022 tendrá su propia casa, en donde va a construir un altar más bonito y cuando tenga oportunidad va a enterrar a su hija en el panteón San Martín, en donde también habrá un espacio para ella, para así descansar las dos juntas.



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Culiacán, Sin.- Los preparativos para aquel Día de las Madres de 2009 ya estaban listos. Verónica se había afanado en celebrar a María del Carmen Pacheco en familia. El 9 de mayo salió de su casa para comprarle el regalo, pero ya no volvió con vida: fue privada de la libertad y su cuerpo fue encontrado calcinado al día siguiente. Desde entonces, algo de su vida se fue con ella.

Por eso, cuenta, no deja de visitarla cada día al Panteón Civil, en donde le pone sus canciones favoritas y habla largamente de ella; así su ausencia no es tan pesada.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Verónica tenía apenas 18 años de edad cuando fue asesinada, confundida por otra persona, dice ahora su madre, por ser una mujer que acostumbraba vestir ropa de hombre “por sentir que como niña perdía más que como niño”.

El primer comentario de María del Carmen cuando ve mujeres jóvenes es que su hija tendría 29 años hoy en día, y sin evitarlo, se pregunta cómo sería su vida y la de Verónica si siguiera con en este mundo. La Güera, como es conocida por sus amistades, tuvo tres hijos, pero con la menor el lazo era mayor por ser quien estaba más al pendiente de ella.

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Han pasado 12 años desde su muerte y como toda madre que matan a su hijo o se lo desaparecen en Sinaloa, utilizó sus propios recursos para investigar qué fue lo que ocurrió, por no contar con el respaldo de las autoridades en una época en donde la violencia iba en ascenso.

A su hija la encontraron calcinada en La Costera en la camioneta que fue levantada horas antes por un muchacho que la frecuentaba y que, en confesiones de Verónica a su madre, ella sentía cierta atracción por él.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

EL CASO

El nueve de mayo, cuando La Güera recogía botes, se encontró con Diego, el amigo que venía de un velorio en una camioneta robada buscando a Verónica, su respuesta fue que su hija estaba en casa con dolores por su regla y en lo que recogía un bote vio cómo el joven se iba a gran velocidad.

Su instinto le dijo que tenía que llamar a Verónica, quien le respondió que estaba en el centro joyero y que ya estaba por irse, no sin antes recordarle que ya tenía todo listo para el Día de las Madres. María del Carmen le contó que Diego la estaba buscando y que no su subiera a ningún carro, a lo que ella le dijo que no lo haría, pero ninguna contaba con que la iban a subir a la fuerza mientras los hombres utilizaban capuchas.

Llegó la noche y no se sabía nada de Verónica, su celular ya estaba apagado para esta hora y por la mañana del 10 de mayo, su madre fue a su trabajo en plaza Galerías, en donde sintió un mal presentimiento que hizo cayera rodando por las escaleras, lo primero que hizo fue llamar a sus hijos mayores, quienes le dijeron que estaban bien y ahí lo supo: algo le había pasado a la menor.

“Sentía un nudo aquí bien feo (pecho) me sentía ahogada, bien feo me sentía, porque yo padezco de presión alta y dije yo como va a ser eso, mi hija donde está”, confesó.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

De regreso a casa, observó un gran número de elementos en su colonia y ajena a cuál era el motivo del operativo entró a su casa a intentar dormir, hasta que, un trabajador de la Semefo le habló para decirle que tenía que ir a reconocer el cuerpo de su hija.

“Llegamos a la Semefo y sabes que, no pude reconocerla, no pude, toda huesito quedó mi hija, toda chamuscada, no, mi hija no puede ser, estaban mis hermanos, venían del otro lado”, contó.

En la negación le dio un ataque epiléptico “yo decía que no era mi hija y hasta la fecha yo digo que no está muerta (…) la soñé hace poquito que se me subió la presión, que me decía, mami yo te estoy cuidando desde aquí, échale ganas, ma”.

En su investigación, concluyó que, después de que la levantaron, condujo la camioneta en un intento de sobrevivir, porque al parecer Diego se lo pidió, pero por su inexperiencia y los balazos, chocó contra un poste en donde se empezó a quemar el carro, mientras, otras personas agarraron a Diego y le dieron casi 100 balazos.

Con quienes platicó cerca de la costera, se quedó con que “ella me gritaba, mami, mamita ayúdame, no me quiero morir, te amo, me decía, yo investigué todo y se incendió la camioneta, dicen que chocó con un poste, porque no sabia manejar”.

De ahí la depresión fue inevitable, intentó entrar al mundo de las drogas para olvidarse de todo, pero por su condición de salud, fue contraproducente, por lo que, juró por la memoria de Verónica que no lo iba a volver hacer. Su hijo mayor tuvo problemas en su comportamiento y la culpaba por la muerte de su hermana, era tanto lo que denigró a María por esto y por haber sido prostituta para sacar adelante a sus hijos, que tuvo que correrlo del cuarto que rentaba.

CONSUELO

En 2009, La Güera pesaba 130 kilos y llegó a pesar 31 kilos por la depresión que enfrentaba, a como pudo consiguió otros trabajos como bolera y vendedora de periódicos, mientras que, en su casa construyó un pequeño altar adornado con flores y agua para Verónica.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Hasta hace tres años, enterró sus cenizas en el panteón Civil, lugar donde la visita a diario por sentir un gran vacío, no importa cómo le fue en el día o si tiene algún dolor, siempre va a visitarla para “hablar con ella” y escuchar en una radió la música que su pequeña le regaló cuando vivía, ahora este se ha convertido en su gran consuelo y sin evitarlo, rompe a llanto cuando las pone.

12 años después, María del Carmen, dice que ya está saliendo de su depresión, ha recuperado peso y está por jubilarse en el ISSSTE. En 2022 tendrá su propia casa, en donde va a construir un altar más bonito y cuando tenga oportunidad va a enterrar a su hija en el panteón San Martín, en donde también habrá un espacio para ella, para así descansar las dos juntas.



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