/ sábado 24 de abril de 2021

Crónicas de Ambulancia: Súplicas convalecientes

Todo integrante de Cruz Roja sabe que en cualquier momento puede surgir una despedida

Culiacán, Sin.-Aquella tarde de verano, Graciela Arangure, paramédica de la Cruz Roja, recién ingresaba al turno vespertino después del almuerzo, cuando desde la radio recibieron una alerta: un servicio de un atentado en la salida poniente de la ciudad capitalina, en la sindicatura de Aguaruto.

Junto al operador de la ambulancia, se dirigieron al sitio, donde al arribar se encontraron con una escena familiar cada que brindan atenciones; los elementos policiacos ya habían acordonado la escena, trás la cinta amarilla, un hombre de mediana edad yacía sobre un charco de sangre en la calle.

El hombre convaleciente, se quejaba por el dolor agudo de la herida muy cercana a la vena yugular, por lo que la paramédica aplicó un par de soluciones por la vía intravenosa, para así calmar su dolor.

Arangure García pensaba en el hombre y sobre todo en las atenciones a realizar, ya que, de un segundo a otro se podría morir.

Después de subir al paciente a la parte trasera de la unidad de socorros, Graciela debía realizar las intervenciones necesarias de la mejor manera, para estabilizar al hombre y ganar tiempo para su arribo al hospital.

De camino al nosocomio, Arangure García recordó utilizar una mano para presionar la herida y evitar que la bala se moviera, mientras que con la otra medía el pulso y verificaba la solución intravenosa.

Foto: Cortesía | Graciela Arangure García

LA SÚPLICA

De repente con fuerza el hombre tomó la mano de Graciela ocasionando temor en ella, un escalofrío recorrió su cuerpo; sin embargo, al escuchar las palabras de este, un nudo en la garganta se hizo presente.

Con voz baja pero segura el hombre le pidió “un paro”, que salvara su vida, que no se quería morir, y entre sus deseos por mantener la vida, ver crecer a su hija de un año era lo más importante.

Ante esto y pensando en su ética, Graciela se quedó en silencio, pues, “no podía darle falsas esperanzas”, ya que, como paramédica no lo puede hacer, “pero tampoco puedes decirle que no”, a lo que se limitó a ser neutral y señalar que estaban próximos a llegar al hospital.

En los pocos minutos del traslado el hombre convaleciente tenía momentos de ausencia, mismos en los que Arangure García le hablaba, pero mantenerlo despierto.

LA DESPEDIDA

El arribo al nosocomio fue difícil, Ana pensaba en las palabras del hombre y en la gravedad de la herida. Tras transportar al paciente en la camilla por los pasillos del hospital el médico cuestionó al hombre sobre sus familiares, señalando debía verlos para despedirse.

Foto: Cortesía | Graciela Arangure García

Siempre me llamó la atención como ayudaban a la gente, la humanidad que se tiene en Cruz RojaAna Graciela Arangure García

TIEMPO EN CRUZ ROJA

Ana Graciela Arangure García inició sus estudios en el ENTUM de Navolato en 2016, a la edad de 27 años.

Al culminar el curso obtuvo un trabajo en la base de Aguaruto, en Culiacán, siendo así que tiene sus inicios en Cruz Roja, en la capital sinaloense.

Lee más aquí: Crónicas de ambulancia: Una chispa de esperanza

Actualmente realiza voluntariado en la institución, a la par que lleva a cabo sus estudios de diseño urbano y de paisaje.

MOMENTOS CRÍTICOS

Son los que viven día a día los integrantes de la Benemérita institución al atender toda clase de casos violentos.





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Culiacán, Sin.-Aquella tarde de verano, Graciela Arangure, paramédica de la Cruz Roja, recién ingresaba al turno vespertino después del almuerzo, cuando desde la radio recibieron una alerta: un servicio de un atentado en la salida poniente de la ciudad capitalina, en la sindicatura de Aguaruto.

Junto al operador de la ambulancia, se dirigieron al sitio, donde al arribar se encontraron con una escena familiar cada que brindan atenciones; los elementos policiacos ya habían acordonado la escena, trás la cinta amarilla, un hombre de mediana edad yacía sobre un charco de sangre en la calle.

El hombre convaleciente, se quejaba por el dolor agudo de la herida muy cercana a la vena yugular, por lo que la paramédica aplicó un par de soluciones por la vía intravenosa, para así calmar su dolor.

Arangure García pensaba en el hombre y sobre todo en las atenciones a realizar, ya que, de un segundo a otro se podría morir.

Después de subir al paciente a la parte trasera de la unidad de socorros, Graciela debía realizar las intervenciones necesarias de la mejor manera, para estabilizar al hombre y ganar tiempo para su arribo al hospital.

De camino al nosocomio, Arangure García recordó utilizar una mano para presionar la herida y evitar que la bala se moviera, mientras que con la otra medía el pulso y verificaba la solución intravenosa.

Foto: Cortesía | Graciela Arangure García

LA SÚPLICA

De repente con fuerza el hombre tomó la mano de Graciela ocasionando temor en ella, un escalofrío recorrió su cuerpo; sin embargo, al escuchar las palabras de este, un nudo en la garganta se hizo presente.

Con voz baja pero segura el hombre le pidió “un paro”, que salvara su vida, que no se quería morir, y entre sus deseos por mantener la vida, ver crecer a su hija de un año era lo más importante.

Ante esto y pensando en su ética, Graciela se quedó en silencio, pues, “no podía darle falsas esperanzas”, ya que, como paramédica no lo puede hacer, “pero tampoco puedes decirle que no”, a lo que se limitó a ser neutral y señalar que estaban próximos a llegar al hospital.

En los pocos minutos del traslado el hombre convaleciente tenía momentos de ausencia, mismos en los que Arangure García le hablaba, pero mantenerlo despierto.

LA DESPEDIDA

El arribo al nosocomio fue difícil, Ana pensaba en las palabras del hombre y en la gravedad de la herida. Tras transportar al paciente en la camilla por los pasillos del hospital el médico cuestionó al hombre sobre sus familiares, señalando debía verlos para despedirse.

Foto: Cortesía | Graciela Arangure García

Siempre me llamó la atención como ayudaban a la gente, la humanidad que se tiene en Cruz RojaAna Graciela Arangure García

TIEMPO EN CRUZ ROJA

Ana Graciela Arangure García inició sus estudios en el ENTUM de Navolato en 2016, a la edad de 27 años.

Al culminar el curso obtuvo un trabajo en la base de Aguaruto, en Culiacán, siendo así que tiene sus inicios en Cruz Roja, en la capital sinaloense.

Lee más aquí: Crónicas de ambulancia: Una chispa de esperanza

Actualmente realiza voluntariado en la institución, a la par que lleva a cabo sus estudios de diseño urbano y de paisaje.

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