/ jueves 2 de noviembre de 2023

Ciudadano en la poli | Un plan Marshall para Acapulco, no dádivas

La devastación causada por el huracán Otis ha sido para Acapulco y para algunos de sus municipios vecinos igual a la de ciudades y pueblos que han sufrido bombardeos en cualquier guerra. Como si obedeciera a un plan estratégico de guerra convencional, Otis atacó y destruyó por completo las comunicaciones aéreas, terrestres, digitales y de cualquier tipo al interior del puerto y del puerto con el exterior. Destruyó también todas las cadenas de suministro de cualesquier bienes necesarios para la población y para el buen y normal funcionamiento de las actividades en el puerto. La mayor parte de las viviendas (más de 250 mil viviendas dañadas) y la infraestructura urbana y turística del puerto, ha sido severamente dañada. Otis ha arruinado toda la actividad económica y productiva del puerto. Un millón de personas afectadas. Todos esos daños provocados por este Otis belicoso han cobrado desgraciadamente víctimas civiles colaterales (48, según cifras oficiales poco creíbles hasta el momento). Como nunca antes se había dado en el puerto, el daño y la catástrofe son para la vida de las personas, para su sobrevivencia, para la convivencia y para la viabilidad de su modo de vida y la de su ciudad. Por esto, Acapulco es hoy un escenario de guerra.

Un escenario como este merecería una respuesta del gobierno nacional a la altura de la catástrofe. Pero no es así. “No nos fue tan mal”, celebró López Obrador al saber –tardíamente, como siempre- de la tragedia en la pérdida de vidas humanas. Muchas de esas vidas humanas que bien pudieron no perderse de haberse tomado las medidas preventivas a tiempo y que por negligencia o incompetencia no se tomaron. Tampoco la reacción a la catástrofe fue buena, ni efectiva ni a tiempo, ni mucho menos cercana o empática. El presidente de México ha pasado de puntitas por Acapulco, al parecer solo ha visitado la base naval de allá y por tiempos cortos. Escenificaciones atascado en el lodo y propaganda, además de celebrar en su palacio unos engañosos índices de su popularidad ante la tragedia de los acapulqueños.

El Plan Marshall que los Estados Unidos implementaron posterior a la Segunda Guerra Mundial (desde 1948) para apoyar y ayudar a la reconstrucción de los países europeos devastados por la guerra, reactivar su industria y el comercio y todas sus actividades productivas, duró cuatro años y fue lo que hizo que los países de la Europa occidental resurgieran a partir de la segunda mitad del siglo XX. Fue un esfuerzo, sobre todo económico y financiero, monumental, a la altura de esa catástrofe.

Aquí, el gobierno no quiere discutir una partida extraordinaria en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2024 y el coordinador de los diputados de Morena, Ignacio Mier, ya les dijo a sus diputados que al Presupuesto 2024 no se le cambiará “ni una coma”, por órdenes de su líder el presidente de la República.

La oposición, con Xóchitl Gálvez a la cabeza, ha reaccionado con mayor celeridad que López y su gobierno y ha propuesto una Ley de Emergencia y Reactivación económica frente a Eventos No Esperados, en la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación 2024 que se llevará a cabo la próxima semana, en donde proponen destinar una partida extraordinaria e inmediata del presupuesto para la reconstrucción de Acapulco y alivio de sus habitantes, 50 mil millones de pesos para entregar de inmediato a Acapulco, seguro de desempleo y empleo temporal, estímulos del 50% del IEPS a las gasolinas, créditos a la vivienda y facilidades de pago, apoyos fiscales para MIPyMES y acuerdos con iniciativa privada para evitar despidos.

El gobierno no tiene dinero, ni López Obrador está dispuesto a “sacrificar” el cuantioso presupuesto que se tira en saco roto en sus caprichos como la refinería, su aeropuerto y el Tren Maya, pero el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, prevé una inversión –espejitos, paliativos- para esta catástrofe de 61 mil 313 millones de pesos, a través de diferentes dependencias, cuando Fitch Ratings, una de las mejores y más importantes agencias de calificación crediticia estadounidenses, acaba de estimar que las pérdidas ocasionadas por Otis, ascienden a los 16 mil millones de dólares, unos 285 mil millones de pesos.

El gobierno de López Obrador responde a esta tragedia mayúscula con las dádivas que han caracterizado a todo su gobierno, otorgando más becas, aumentando al doble todas las que hay en sus “programas de Bienestar”, llevando despensas con canastas básicas de alimentos, enseres domésticos, prometiendo 8 mil pesos por hogar y créditos de 35 mil hasta 60 mil pesos, no se cobrarán impuestos en Acapulco ni en Coyuca desde octubre hasta febrero de 2024, Nacional Financiera otorgará créditos sin intereses para pequeñas y medianas empresas y la Secretaría de Hacienda apoyará con el pago de la mitad de los intereses a quienes soliciten créditos, en un universo determinado de 365 hoteles de Acapulco. Insuficientes los apoyos y vagas las promesas de entregas de dinero, que no se sabe de dónde podrá sacarlas el gobierno, que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

Menos con las personas a quienes López ha encargado la “reconstrucción”, que han probado su ineficacia e inutilidad: la gobernadora de Guerrero Evelyn Salgado y la Secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde. Éramos muchos y parió la abuela.

La devastación causada por el huracán Otis ha sido para Acapulco y para algunos de sus municipios vecinos igual a la de ciudades y pueblos que han sufrido bombardeos en cualquier guerra. Como si obedeciera a un plan estratégico de guerra convencional, Otis atacó y destruyó por completo las comunicaciones aéreas, terrestres, digitales y de cualquier tipo al interior del puerto y del puerto con el exterior. Destruyó también todas las cadenas de suministro de cualesquier bienes necesarios para la población y para el buen y normal funcionamiento de las actividades en el puerto. La mayor parte de las viviendas (más de 250 mil viviendas dañadas) y la infraestructura urbana y turística del puerto, ha sido severamente dañada. Otis ha arruinado toda la actividad económica y productiva del puerto. Un millón de personas afectadas. Todos esos daños provocados por este Otis belicoso han cobrado desgraciadamente víctimas civiles colaterales (48, según cifras oficiales poco creíbles hasta el momento). Como nunca antes se había dado en el puerto, el daño y la catástrofe son para la vida de las personas, para su sobrevivencia, para la convivencia y para la viabilidad de su modo de vida y la de su ciudad. Por esto, Acapulco es hoy un escenario de guerra.

Un escenario como este merecería una respuesta del gobierno nacional a la altura de la catástrofe. Pero no es así. “No nos fue tan mal”, celebró López Obrador al saber –tardíamente, como siempre- de la tragedia en la pérdida de vidas humanas. Muchas de esas vidas humanas que bien pudieron no perderse de haberse tomado las medidas preventivas a tiempo y que por negligencia o incompetencia no se tomaron. Tampoco la reacción a la catástrofe fue buena, ni efectiva ni a tiempo, ni mucho menos cercana o empática. El presidente de México ha pasado de puntitas por Acapulco, al parecer solo ha visitado la base naval de allá y por tiempos cortos. Escenificaciones atascado en el lodo y propaganda, además de celebrar en su palacio unos engañosos índices de su popularidad ante la tragedia de los acapulqueños.

El Plan Marshall que los Estados Unidos implementaron posterior a la Segunda Guerra Mundial (desde 1948) para apoyar y ayudar a la reconstrucción de los países europeos devastados por la guerra, reactivar su industria y el comercio y todas sus actividades productivas, duró cuatro años y fue lo que hizo que los países de la Europa occidental resurgieran a partir de la segunda mitad del siglo XX. Fue un esfuerzo, sobre todo económico y financiero, monumental, a la altura de esa catástrofe.

Aquí, el gobierno no quiere discutir una partida extraordinaria en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2024 y el coordinador de los diputados de Morena, Ignacio Mier, ya les dijo a sus diputados que al Presupuesto 2024 no se le cambiará “ni una coma”, por órdenes de su líder el presidente de la República.

La oposición, con Xóchitl Gálvez a la cabeza, ha reaccionado con mayor celeridad que López y su gobierno y ha propuesto una Ley de Emergencia y Reactivación económica frente a Eventos No Esperados, en la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación 2024 que se llevará a cabo la próxima semana, en donde proponen destinar una partida extraordinaria e inmediata del presupuesto para la reconstrucción de Acapulco y alivio de sus habitantes, 50 mil millones de pesos para entregar de inmediato a Acapulco, seguro de desempleo y empleo temporal, estímulos del 50% del IEPS a las gasolinas, créditos a la vivienda y facilidades de pago, apoyos fiscales para MIPyMES y acuerdos con iniciativa privada para evitar despidos.

El gobierno no tiene dinero, ni López Obrador está dispuesto a “sacrificar” el cuantioso presupuesto que se tira en saco roto en sus caprichos como la refinería, su aeropuerto y el Tren Maya, pero el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, prevé una inversión –espejitos, paliativos- para esta catástrofe de 61 mil 313 millones de pesos, a través de diferentes dependencias, cuando Fitch Ratings, una de las mejores y más importantes agencias de calificación crediticia estadounidenses, acaba de estimar que las pérdidas ocasionadas por Otis, ascienden a los 16 mil millones de dólares, unos 285 mil millones de pesos.

El gobierno de López Obrador responde a esta tragedia mayúscula con las dádivas que han caracterizado a todo su gobierno, otorgando más becas, aumentando al doble todas las que hay en sus “programas de Bienestar”, llevando despensas con canastas básicas de alimentos, enseres domésticos, prometiendo 8 mil pesos por hogar y créditos de 35 mil hasta 60 mil pesos, no se cobrarán impuestos en Acapulco ni en Coyuca desde octubre hasta febrero de 2024, Nacional Financiera otorgará créditos sin intereses para pequeñas y medianas empresas y la Secretaría de Hacienda apoyará con el pago de la mitad de los intereses a quienes soliciten créditos, en un universo determinado de 365 hoteles de Acapulco. Insuficientes los apoyos y vagas las promesas de entregas de dinero, que no se sabe de dónde podrá sacarlas el gobierno, que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

Menos con las personas a quienes López ha encargado la “reconstrucción”, que han probado su ineficacia e inutilidad: la gobernadora de Guerrero Evelyn Salgado y la Secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde. Éramos muchos y parió la abuela.