/ lunes 30 de marzo de 2020

Crónica de los Vientos de Guerra : Érase una vez en Tepuche

La lucha del poder criminal en el norte de la ciudad está alcanzando niveles insostenibles

-Mataron a un comandante en el Tepuche ¿supiste?

-El del Sentra ¿no?

-No, ese fue otro. El que mataron en la sindicatura. ¿Apoco no escuchaste?

La mañana del 25 de marzo asesinaron al comandante de la policía municipal, Jovel Pérez Meza, adscrito a la sindicatura de Tepuche desde hace un año... las noticias de la muerte del policía repetían como loros la información oficial, un policía más a la lista de los caídos, una placa más al muro que ya no puede con tanto homenaje póstumo.

Las disputas internas de los grupos criminales que tienen su base de operaciones en ese sector de la ciudad están alcanzando niveles elevados hasta para Culiacán. El recuerdo de la guerra indómita del 2008 se asoma cuando en los periódicos salen los listones amarillos en portada, otra vez.

Esa mañana mataron a un comandante, pero un día antes habían matado a un ex comandante; Luis Alberto Monárrez, candidato, además, en la contienda por la sindicatura mencionada. Los vecinos del pueblo dicen que eran amigos, dicen que le traían ganas, dicen tanto pero callan más. Esos viejos de sobrero amarillento y voz desinteresada saben más que el más incisivo investigador ministerial.

En la escena del crimen había un acordonamiento amplio y censor, mantenían el epicentro del asesinato lejos de los lentes setenta doscientos de los fotógrafos de nota roja y las doce camionetas pickup de los municipales hacían un túnel oficial en la calle principal del pueblo dejando un aire de represión sorda ante lo sucedido.

Madres fodongas que fueron interrumpidas en el quehacer estaban asomando medio cuerpo hacía la sindicatura y sus hijos abrazados de sus piernas pelaban los ojos cuando veían al elemento de fuerzas especiales acomodarse el fusil en ademán oficial.

ESCENA DESOLADA

La iglesia de Dios, frente a la comandancia de El Tepuche fue testigo de cómo un comando armado entró y golpeó a dos oficiales a cargo de la seguridad, al fondo sometieron a Jovel Pérez para después ultimarlo a tiros. Al salir y frente a una cruz blanca dejaron tirados los dos fusiles de cargo que habían quitado a los oficiales.

El cuadro estético perfecto para la foto, para seguir alimentando la novela de narcos contra policías que tanto divierte al morbo secreto de México. Horas después del hecho, arribaron decenas de patrullas municipales, estatales y del ejército; el carnaval de la autoridad tardía, como siempre.

Los vecinos del Tepuche saben quién fue, saben quién los mandó, también saben quién los puso y en una irónica muestra de empatía se lamentan que la línea de autoridad de hace cada vez más borrosa y no se sabe quién manda ahí; los de gorra o los de casco.

Las horas pasaban en la escena, peritos yendo y viniendo con paso apresurado y mirada esquiva. Los fusiles seguían tirados: delatando y mitoteando que la fuerza criminal pudo más, otra vez. Cada reportero que llegaba era jalado por ese cuadro y lo retrataba, los policías investigadores cada vez más incómodos querían taparles la foto indirectamente, pero eso avivaba más la composición.

En los costados de la iglesia estaban decenas de municipales en la sombra; cabizbajos, con la moral destruida, una mirada por debajo y nada más. Los susurros de los curiosos se lamentaban "que feo que como policía sepas como está el pedo, y tengas que aguantarte" decían las voces anónimas.

Al otro lado de la ciudad se celebraba una sesión de cabildo donde se aprobaban las elecciones a las 18 sindicaturas, las protestas por la violencia en que estuvieron envueltas se dieron en el patio del ayuntamiento.

Era impensable que en marco de los asesinatos al candidato y comandante de Tepuche se aprobara y certificara dicha elección. Pero se dio, se votó y se aceptó. Los inconformes gritaban y presionaban con pancartas específicas: "pedimos anulación del plebiscito".

No pasó nada, Tepuche tendrá nuevo síndico y más sangre en sus calles. La Fuerza Comunitaria Rural seguirá ausente e invisible como hasta hoy, el ejército seguirá llegando horas después con el pecho inflado y gritoneando a los menos culpables. Todo esto en 15 días; una joyita de novela.

2

Son los hombres asesinados que estuvieron en las filas de la Policía Municipal, uno en activo y otro jubilado.

ESLABÓN DÉBIL

Cuando se desatan pugnas entre grupos criminales los policías se quedan en una posición frágil y son blancos de ataques.


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-Mataron a un comandante en el Tepuche ¿supiste?

-El del Sentra ¿no?

-No, ese fue otro. El que mataron en la sindicatura. ¿Apoco no escuchaste?

La mañana del 25 de marzo asesinaron al comandante de la policía municipal, Jovel Pérez Meza, adscrito a la sindicatura de Tepuche desde hace un año... las noticias de la muerte del policía repetían como loros la información oficial, un policía más a la lista de los caídos, una placa más al muro que ya no puede con tanto homenaje póstumo.

Las disputas internas de los grupos criminales que tienen su base de operaciones en ese sector de la ciudad están alcanzando niveles elevados hasta para Culiacán. El recuerdo de la guerra indómita del 2008 se asoma cuando en los periódicos salen los listones amarillos en portada, otra vez.

Esa mañana mataron a un comandante, pero un día antes habían matado a un ex comandante; Luis Alberto Monárrez, candidato, además, en la contienda por la sindicatura mencionada. Los vecinos del pueblo dicen que eran amigos, dicen que le traían ganas, dicen tanto pero callan más. Esos viejos de sobrero amarillento y voz desinteresada saben más que el más incisivo investigador ministerial.

En la escena del crimen había un acordonamiento amplio y censor, mantenían el epicentro del asesinato lejos de los lentes setenta doscientos de los fotógrafos de nota roja y las doce camionetas pickup de los municipales hacían un túnel oficial en la calle principal del pueblo dejando un aire de represión sorda ante lo sucedido.

Madres fodongas que fueron interrumpidas en el quehacer estaban asomando medio cuerpo hacía la sindicatura y sus hijos abrazados de sus piernas pelaban los ojos cuando veían al elemento de fuerzas especiales acomodarse el fusil en ademán oficial.

ESCENA DESOLADA

La iglesia de Dios, frente a la comandancia de El Tepuche fue testigo de cómo un comando armado entró y golpeó a dos oficiales a cargo de la seguridad, al fondo sometieron a Jovel Pérez para después ultimarlo a tiros. Al salir y frente a una cruz blanca dejaron tirados los dos fusiles de cargo que habían quitado a los oficiales.

El cuadro estético perfecto para la foto, para seguir alimentando la novela de narcos contra policías que tanto divierte al morbo secreto de México. Horas después del hecho, arribaron decenas de patrullas municipales, estatales y del ejército; el carnaval de la autoridad tardía, como siempre.

Los vecinos del Tepuche saben quién fue, saben quién los mandó, también saben quién los puso y en una irónica muestra de empatía se lamentan que la línea de autoridad de hace cada vez más borrosa y no se sabe quién manda ahí; los de gorra o los de casco.

Las horas pasaban en la escena, peritos yendo y viniendo con paso apresurado y mirada esquiva. Los fusiles seguían tirados: delatando y mitoteando que la fuerza criminal pudo más, otra vez. Cada reportero que llegaba era jalado por ese cuadro y lo retrataba, los policías investigadores cada vez más incómodos querían taparles la foto indirectamente, pero eso avivaba más la composición.

En los costados de la iglesia estaban decenas de municipales en la sombra; cabizbajos, con la moral destruida, una mirada por debajo y nada más. Los susurros de los curiosos se lamentaban "que feo que como policía sepas como está el pedo, y tengas que aguantarte" decían las voces anónimas.

Al otro lado de la ciudad se celebraba una sesión de cabildo donde se aprobaban las elecciones a las 18 sindicaturas, las protestas por la violencia en que estuvieron envueltas se dieron en el patio del ayuntamiento.

Era impensable que en marco de los asesinatos al candidato y comandante de Tepuche se aprobara y certificara dicha elección. Pero se dio, se votó y se aceptó. Los inconformes gritaban y presionaban con pancartas específicas: "pedimos anulación del plebiscito".

No pasó nada, Tepuche tendrá nuevo síndico y más sangre en sus calles. La Fuerza Comunitaria Rural seguirá ausente e invisible como hasta hoy, el ejército seguirá llegando horas después con el pecho inflado y gritoneando a los menos culpables. Todo esto en 15 días; una joyita de novela.

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