/ viernes 10 de enero de 2020

Madruguetes políticos a la mexicana

Aunque es paradójico, en Sinaloa (en asuntos de la Grilla, por lo menos), el tiempo no existe, ni operan tampoco las leyes que deben regular los procesos electorales. Y es que apenas inicia el 2020 y ya corre aquí el 2021 gracias a un fenómeno conocido como “madruguete”, palabra que define un movimiento o jugada política anticipada y -por ende-desleal.

En la democracia nuestra está vigente una vieja creencia que guía las estrategias de no pocos políticos: “si no me ven, ni me escuchan, no existo”.

En la tradición política, el término “madruguete” se refiere al tradicional "precandidato" del PRI que, se sospecha, puede ser “el tapado" o el "verdadero gallo", aunque en realidad no lo sea. A veces, incluso, se emplea este juego para engañar a algún acelerado.

Un caso: en un almuerzo ofrecido por Carlos Salinas, frente a Fidel Velázquez y medio gabinete, el presidente habló sobre la preparación y la personalidad de cada precandidato a sucederlo. Según Manuel Camacho, CSG se expresó tan favorablemente de él que, a pesar de las versiones y declaraciones en su contra de varios comensales, dos de ellos vaticinaron su nominación al salir de Los Pinos.

Dijo Camacho: “saliendo de Los Pinos, Fidel Velázquez habló con alguien que lo acompañó en su carro y le dijo: ‘va a ser Camacho’. A mí me pareció que no había duda, Salinas me estaba mandando el mensaje de que yo era el más probable, tanto por lo que dijo como por las deferencias” (Jorge G. Castañeda, Revista Nexos, 01 de abril de 1999).

Semanas después, Colosio resultó elegido por el Dedo Mayor.

La jugada del “madruguete” realizada a través de la autopromoción de menciones en medios, carteles o mantas colgadas de puentes es útil para decir “quiero”, “aquí estoy”, “anótenme”, por un lado; también para que la sociedad conozca sus nombres o se enamore de sus aspiraciones y, en consecuencia, para que las encuestas próximas –profesionales o nylon- proyecten sus figuras en la cima de los resultados.

De cualquier forma, un “madruguete” es una jugada sucia del protagonista o de sus fans ante sus propios correligionarios; un arrebato que rompe la concordia interna en los partidos y una burla a la sociedad, engañada por movimientos al margen de las leyes.

Tal desorden quizá sea un mal augurio o el preludio de un año nuevo complicado en diversos órdenes, sobre todo en el político.

La caballada no arranca aun, es cierto, pero la publicación de mantas y carteles con mensajes cifrados (“Anímate, Chuy”), la mención de algún apellido (“Puro Cuén”) o el trote impaciente de conocidos aspirantes a gobernar el estado (Gerardo Vargas Landeros) son signos inequívocos de que la calentura sube de tono y de que esto nadie lo detiene, aunque debe decirse que la autoría de algunas piruetas quizá no sea siempre de los implicados, sino atribuible a simples seguidores. No sabemos.


CASO QUIRINO

El destape de Quirino Ordaz Coppel como candidato a la gubernatura de Sinaloa (24 de enero de 2016), en términos beisboleros, dejó regados sobre el campo de juego a nueve aspirantes del PRI: Aarón Irizar, Heriberto Galindo, Diva Hadamira Gastelum, Daniel Amador, Alfredo Villegas, Sergio Torres, Gerardo Vargas Landeros y Óscar Lara Aréchiga (Q.E.P.D.); de ellos, para el 2021, quizá conserven posibilidades de ser nominados por su partido al mismo cargo Irízar, Villegas y Torres. También Vargas (por otro partido).

Cuestionado ayer sobre los movimientos anticipados registrados en Sinaloa, el propio Quirino Ordaz descifró: “Pura grilla eso. Todo tiene su tiempo, estamos en enero del 2020. Desde que uno aparece como candidato… cuando yo fui ya estaban pensando en la siguiente. Cuando uno arranca como gobernador, ya le empiezan a ver cara a varios”.

En “madruguete” es una jugada sucia del protagonista o de sus fans ante sus propios correligionarios; un arrebato que rompe la concordia interna en los partidos y una burla a la sociedad, engañada por movimientos al margen de las leyes.

En la tradición política, el término “madruguete” se refiere al tradicional "precandidato" del PRI que, se sospecha, puede ser “el tapado" o el "verdadero gallo", aunque en realidad no lo sea.

La jugada del “madruguete” realizada a través de la autopromoción de menciones en medios, carteles o mantas colgadas de puentes es útil para decir “quiero”, “aquí estoy”, “anótenme”, por un lado; también para que la sociedad conozca sus nombres o se enamore de sus aspiraciones.

Aunque es paradójico, en Sinaloa (en asuntos de la Grilla, por lo menos), el tiempo no existe, ni operan tampoco las leyes que deben regular los procesos electorales. Y es que apenas inicia el 2020 y ya corre aquí el 2021 gracias a un fenómeno conocido como “madruguete”, palabra que define un movimiento o jugada política anticipada y -por ende-desleal.

En la democracia nuestra está vigente una vieja creencia que guía las estrategias de no pocos políticos: “si no me ven, ni me escuchan, no existo”.

En la tradición política, el término “madruguete” se refiere al tradicional "precandidato" del PRI que, se sospecha, puede ser “el tapado" o el "verdadero gallo", aunque en realidad no lo sea. A veces, incluso, se emplea este juego para engañar a algún acelerado.

Un caso: en un almuerzo ofrecido por Carlos Salinas, frente a Fidel Velázquez y medio gabinete, el presidente habló sobre la preparación y la personalidad de cada precandidato a sucederlo. Según Manuel Camacho, CSG se expresó tan favorablemente de él que, a pesar de las versiones y declaraciones en su contra de varios comensales, dos de ellos vaticinaron su nominación al salir de Los Pinos.

Dijo Camacho: “saliendo de Los Pinos, Fidel Velázquez habló con alguien que lo acompañó en su carro y le dijo: ‘va a ser Camacho’. A mí me pareció que no había duda, Salinas me estaba mandando el mensaje de que yo era el más probable, tanto por lo que dijo como por las deferencias” (Jorge G. Castañeda, Revista Nexos, 01 de abril de 1999).

Semanas después, Colosio resultó elegido por el Dedo Mayor.

La jugada del “madruguete” realizada a través de la autopromoción de menciones en medios, carteles o mantas colgadas de puentes es útil para decir “quiero”, “aquí estoy”, “anótenme”, por un lado; también para que la sociedad conozca sus nombres o se enamore de sus aspiraciones y, en consecuencia, para que las encuestas próximas –profesionales o nylon- proyecten sus figuras en la cima de los resultados.

De cualquier forma, un “madruguete” es una jugada sucia del protagonista o de sus fans ante sus propios correligionarios; un arrebato que rompe la concordia interna en los partidos y una burla a la sociedad, engañada por movimientos al margen de las leyes.

Tal desorden quizá sea un mal augurio o el preludio de un año nuevo complicado en diversos órdenes, sobre todo en el político.

La caballada no arranca aun, es cierto, pero la publicación de mantas y carteles con mensajes cifrados (“Anímate, Chuy”), la mención de algún apellido (“Puro Cuén”) o el trote impaciente de conocidos aspirantes a gobernar el estado (Gerardo Vargas Landeros) son signos inequívocos de que la calentura sube de tono y de que esto nadie lo detiene, aunque debe decirse que la autoría de algunas piruetas quizá no sea siempre de los implicados, sino atribuible a simples seguidores. No sabemos.


CASO QUIRINO

El destape de Quirino Ordaz Coppel como candidato a la gubernatura de Sinaloa (24 de enero de 2016), en términos beisboleros, dejó regados sobre el campo de juego a nueve aspirantes del PRI: Aarón Irizar, Heriberto Galindo, Diva Hadamira Gastelum, Daniel Amador, Alfredo Villegas, Sergio Torres, Gerardo Vargas Landeros y Óscar Lara Aréchiga (Q.E.P.D.); de ellos, para el 2021, quizá conserven posibilidades de ser nominados por su partido al mismo cargo Irízar, Villegas y Torres. También Vargas (por otro partido).

Cuestionado ayer sobre los movimientos anticipados registrados en Sinaloa, el propio Quirino Ordaz descifró: “Pura grilla eso. Todo tiene su tiempo, estamos en enero del 2020. Desde que uno aparece como candidato… cuando yo fui ya estaban pensando en la siguiente. Cuando uno arranca como gobernador, ya le empiezan a ver cara a varios”.

En “madruguete” es una jugada sucia del protagonista o de sus fans ante sus propios correligionarios; un arrebato que rompe la concordia interna en los partidos y una burla a la sociedad, engañada por movimientos al margen de las leyes.

En la tradición política, el término “madruguete” se refiere al tradicional "precandidato" del PRI que, se sospecha, puede ser “el tapado" o el "verdadero gallo", aunque en realidad no lo sea.

La jugada del “madruguete” realizada a través de la autopromoción de menciones en medios, carteles o mantas colgadas de puentes es útil para decir “quiero”, “aquí estoy”, “anótenme”, por un lado; también para que la sociedad conozca sus nombres o se enamore de sus aspiraciones.