/ martes 8 de septiembre de 2020

Por mi vestimenta no me dejaban entrar al Salón de Plenos: Verónica Delgadillo

La senadora Verónica Delgadillo dejó la tradición de la ropa formal legislativa para usar mezclilla y playeras con consignas para hacerse notar en la tribuna

Usa botas, jeans y chamarras, pero son sus playeras las de batalla, sus banderas de lucha que denuncian y exigen. “Quiero hacer visibles todas las causas con las que millones de personas se identifican y que muchos han tratado de silenciar”.

Las playeras son una herramienta de lucha, dice la senadora Verónica Delgadillo García, quien acompaña su comentario de una risa que al instante es carcajada, cuando recuerda que por su vestimenta no la dejaban entrar al Salón de Plenos o cuando le pidieron tomas sus fotografías y desalojarlo, porque ella no podía estar, sólo senadoras y senadores.

La primera impresión, dice a El Sol de México; que no soy, ni parezco ni me visto como senadora. La gran mayoría son senadores de mayor edad, lo que genera ruido para todos.

“En ocasiones me cerraron la puerta y querían sacarme. Una vez en el Senado, ingresé al Pleno y me quedé parada con el celular en la mano y llegó seguridad y me dijo: por favor tomé las fotos y retírese. Respondí, que no, aquí trabajo; no, tome las fotos y retírese, por favor no puede estar aquí, insistió el de seguridad. Y yo, no, de veras, aquí trabajo. Me dio risa, no me enojé, me llamó la atención la actitud y le sonreía que podía estar ahí porque era mi trabajo. Llegaron otras dos personas y le dijeron: es senadora. La cara que puso fue de sorpresa total, no le checaba una mujer de mi edad y con esa ropa, fue chistoso…”.

Foto: Roberto Hernández


Tal vez no puedo cambiar el mundo, pero aspiro a dar pequeñas batallas que signifiquen algo en la vida de los demás

GANAR LA TRIBUNA

La tribuna significa para Verónica Delgadillo defender causas con las que se identifican millones de mujeres y hombres; es defender a las niñas y niños de la violencia; es denunciar la corrupción; es denunciar “nos están matando” por ser mujeres, por salir a la calle sin miedo, por la seguridad; y es encarar la rudeza de la oposición y al gobierno de Morena.

La senadora de Movimiento Ciudadano ganó su primera elección de diputada local sin recursos, sin equipo, sin experiencia política, sin regalar nada; su única herramienta: el puño de su mano para tocar puerta por puerta y convencer a los vecinos de hacer la diferencia en su natal Guadalajara, en una colonia vulnerable, donde nació, creció y logró convertirse en su representante popular.

“Acepté sin experiencia, pero lo que sí tenía era una gran esperanza de que las cosas cambiaran; para ello caminé todo el distrito y así en 2012 me convertí en la primera minoría que existió en Jalisco con cerca de 30 mil votos”.

Antes de esa elección, nadie había ganado un distrito por mayoría o había sido legisladora por minoría si no era con un partido como el PRI o el PAN; era la primera vez que un partido pequeño lo ganaba.

Dejó atrás las mantas y pancartas para imponer su estilo: usar sus playeras. “Son un espacio para poder hablar de temas que son importantes para la sociedad, es una forma de fijar postura, lo comencé cuando era diputada local, luego diputada federal, con denuncias, demandas y exigencias ciudadanas y ahora prácticamente todos los días en el Senado”.

Delgada, de pelo largo y suelto, aretes de pluma en los oídos y en su pecho las consignas: “nos están matando”, “cárcel a los corruptos”, “México libre de plásticos”, “Sin abejas no hay vida”.

Hay cosas muy pequeñas que pueden ser distintas si convocamos a la gente a hacerlo de forma distinta; y hay cosas muy pequeñas que puede representar la vida y la integridad de una persona

Cada playera tiene una razón que está sostenida no sólo en un discurso, sino en trabajo legislativo con agenda de años, pero a decir de la senadora las dos más importantes: “Lucha como niña”; y “Paremos nuestra extinción”.

Los atuendos formales no van con ella, lo casual es lo suyo: “las primeras veces no me permitían pasar”.

“¿Va entregar un oficio?”, preguntó el guardia para luego decirle, del otro lado: “es que no voy a entregar oficio, vengo a la reunión; de verdad, tengo que trabajar’’, suplicaba la legisladora.

Al principio de la LXIV Legislatura, comenta la senadora, llamaba mucho mi forma de vestir, expresarme, de abordar los problemas, mi agenda; pero estoy contenta porque gano confianza y respeto.

“Todo lo que propongas de género, me voy a sumar contigo, igual lo de medio ambiente”, menciona la emecista, quien también comparte luchas y causas.

Pero, cuando era diputada federal, tuvo que soportar comentarios misóginos y otros más rudos.

Estudió en el Tec de Monterrey y desde el primer semestre comenzó a participar en grupos estudiantiles; fue presidenta de la Federación de Estudiantes y después senadora juvenil universitaria. Se organizó con jóvenes para incidir en la comunidad para mejorar las condiciones de vida.

“Fue una convocatoria lanzada por el Senado de la República para una aportación, una reflexión como jóvenes a la vida pública, que tuvo diferentes encuentros con universidades de Jalisco. En ese momento expuse sobre la ética política y, a partir de ahí, me comencé a juntar con otro grupo de jóvenes que buscaban nuevas opciones y formas de organizarse para ir a las comunidades.

"Cuando terminé la universidad me ausenté dos años, me fui a vivir fuera del país y cuando regresé fue con la idea de dejar mi granito de arena”.

En avenidas y calles de Guadalajara ayudaba a las personas a usar los puentes peatonales para no sufrir un accidente, a generar diálogo para influir en política y tomar decisiones; participar en manifestaciones. Y cuando Enrique Alfaro –actual gobernador de Jalisco- inició sy campaña para gobernador –por primera vez- decidió apoyarlo.

“Me sumé a la campaña sin esperar nada a cambio, sólo aportar para que las cosas cambiaran en Jalisco, estaba convencida que nadie como Enrique podría transformar muchas cosas con las que no estaba de acuerdo, por lo que representaba una gran esperanza no sólo para mí, sino para todos”, relata.

Nuestro país, dice, tiene problemas muy complejos en todas las capas de la sociedad, hay profundos y estructurales, que requieren el esfuerzo de todas las instituciones y de la sociedad para cambiar. “Hay cosas muy pequeñas que pueden ser distintas si convocamos a la gente a hacerlo de forma distinta; y hay cosas muy pequeñas que pueden representar la vida y la integridad de una persona”.

Para Verónica la tribuna significa encarar la rudeza de la oposición y al gobierno de Morena / Foto: Mauricio Huizar

HACER LA DIFERENCIA

Hija de Rosario García, mujer emprendedora y Guadalupe Delgadillo, medallista panamericano y expresidente de la Asociación de Arqueros de Jalisco, es la menor de cuatro hermanos. “En mi familia no son políticos ni activistas, pero lo que soy refleja la educación de mis padres, además de su gran ejemplo. Mi madre me enseñó cómo hacer la diferencia en la comunidad, dando lo mejor de sí”, recapitula.

“Mi padre fue comerciante del mercado San Juan de Dios y, de manera filantrópica, invertía recursos propios para comprar arcos, flechas, pacas y demás equipo de tiro con arco. Lo compartía y muchas veces lo regalaba a las personas en el parque San Rafael que acudían para aprender a tirar con arco. No esperaba nada a cambio, amaba el deporte y compartía su experiencia, rodeado de mucha gente que le seguía. Tiene su estrella en el Salón de la Fama de Jalisco como uno de los deportistas más destacados.

"Mi madre, conocida como la maestra Chayito, hace más de 30 años puso un jardín de niños, literal en el jardín de la casa. La gente la quería mucho y soñaba con tener una escuela y ofrecer a los niños conocimientos que no estaban al alcance en ese tiempo para ellos, con bajo costo de colegiatura impartía igual clases de ballet, música, clases diarias de inglés. Ella veía a la educación como una forma de transformarle la vida a los niños”.

Ella me enseñó que podía hacer la diferencia en su comunidad dando lo mejor de sí, comenta Verónica, poniendo el corazón y el compromiso por delante; cada uno me enseñó a su manera: mi padre con el tiro con arco y una actitud filantrópica para enseñar y compartir el deporte; y mi madre con esta entrega a la educación y de motivar en la vida de los niños, son enseñanzas para cambiar las cosas en las comunidades, por muy pequeño que sea el esfuerzo puede representar grandes cosas.

“Sigo soñando que México puede ser un país que garantice una vida digna para todos sus habitantes. Tal vez no puedo cambiar el mundo, pero aspiro a dar pequeñas batallas que signifiquen algo en los demás”.



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Usa botas, jeans y chamarras, pero son sus playeras las de batalla, sus banderas de lucha que denuncian y exigen. “Quiero hacer visibles todas las causas con las que millones de personas se identifican y que muchos han tratado de silenciar”.

Las playeras son una herramienta de lucha, dice la senadora Verónica Delgadillo García, quien acompaña su comentario de una risa que al instante es carcajada, cuando recuerda que por su vestimenta no la dejaban entrar al Salón de Plenos o cuando le pidieron tomas sus fotografías y desalojarlo, porque ella no podía estar, sólo senadoras y senadores.

La primera impresión, dice a El Sol de México; que no soy, ni parezco ni me visto como senadora. La gran mayoría son senadores de mayor edad, lo que genera ruido para todos.

“En ocasiones me cerraron la puerta y querían sacarme. Una vez en el Senado, ingresé al Pleno y me quedé parada con el celular en la mano y llegó seguridad y me dijo: por favor tomé las fotos y retírese. Respondí, que no, aquí trabajo; no, tome las fotos y retírese, por favor no puede estar aquí, insistió el de seguridad. Y yo, no, de veras, aquí trabajo. Me dio risa, no me enojé, me llamó la atención la actitud y le sonreía que podía estar ahí porque era mi trabajo. Llegaron otras dos personas y le dijeron: es senadora. La cara que puso fue de sorpresa total, no le checaba una mujer de mi edad y con esa ropa, fue chistoso…”.

Foto: Roberto Hernández


Tal vez no puedo cambiar el mundo, pero aspiro a dar pequeñas batallas que signifiquen algo en la vida de los demás

GANAR LA TRIBUNA

La tribuna significa para Verónica Delgadillo defender causas con las que se identifican millones de mujeres y hombres; es defender a las niñas y niños de la violencia; es denunciar la corrupción; es denunciar “nos están matando” por ser mujeres, por salir a la calle sin miedo, por la seguridad; y es encarar la rudeza de la oposición y al gobierno de Morena.

La senadora de Movimiento Ciudadano ganó su primera elección de diputada local sin recursos, sin equipo, sin experiencia política, sin regalar nada; su única herramienta: el puño de su mano para tocar puerta por puerta y convencer a los vecinos de hacer la diferencia en su natal Guadalajara, en una colonia vulnerable, donde nació, creció y logró convertirse en su representante popular.

“Acepté sin experiencia, pero lo que sí tenía era una gran esperanza de que las cosas cambiaran; para ello caminé todo el distrito y así en 2012 me convertí en la primera minoría que existió en Jalisco con cerca de 30 mil votos”.

Antes de esa elección, nadie había ganado un distrito por mayoría o había sido legisladora por minoría si no era con un partido como el PRI o el PAN; era la primera vez que un partido pequeño lo ganaba.

Dejó atrás las mantas y pancartas para imponer su estilo: usar sus playeras. “Son un espacio para poder hablar de temas que son importantes para la sociedad, es una forma de fijar postura, lo comencé cuando era diputada local, luego diputada federal, con denuncias, demandas y exigencias ciudadanas y ahora prácticamente todos los días en el Senado”.

Delgada, de pelo largo y suelto, aretes de pluma en los oídos y en su pecho las consignas: “nos están matando”, “cárcel a los corruptos”, “México libre de plásticos”, “Sin abejas no hay vida”.

Hay cosas muy pequeñas que pueden ser distintas si convocamos a la gente a hacerlo de forma distinta; y hay cosas muy pequeñas que puede representar la vida y la integridad de una persona

Cada playera tiene una razón que está sostenida no sólo en un discurso, sino en trabajo legislativo con agenda de años, pero a decir de la senadora las dos más importantes: “Lucha como niña”; y “Paremos nuestra extinción”.

Los atuendos formales no van con ella, lo casual es lo suyo: “las primeras veces no me permitían pasar”.

“¿Va entregar un oficio?”, preguntó el guardia para luego decirle, del otro lado: “es que no voy a entregar oficio, vengo a la reunión; de verdad, tengo que trabajar’’, suplicaba la legisladora.

Al principio de la LXIV Legislatura, comenta la senadora, llamaba mucho mi forma de vestir, expresarme, de abordar los problemas, mi agenda; pero estoy contenta porque gano confianza y respeto.

“Todo lo que propongas de género, me voy a sumar contigo, igual lo de medio ambiente”, menciona la emecista, quien también comparte luchas y causas.

Pero, cuando era diputada federal, tuvo que soportar comentarios misóginos y otros más rudos.

Estudió en el Tec de Monterrey y desde el primer semestre comenzó a participar en grupos estudiantiles; fue presidenta de la Federación de Estudiantes y después senadora juvenil universitaria. Se organizó con jóvenes para incidir en la comunidad para mejorar las condiciones de vida.

“Fue una convocatoria lanzada por el Senado de la República para una aportación, una reflexión como jóvenes a la vida pública, que tuvo diferentes encuentros con universidades de Jalisco. En ese momento expuse sobre la ética política y, a partir de ahí, me comencé a juntar con otro grupo de jóvenes que buscaban nuevas opciones y formas de organizarse para ir a las comunidades.

"Cuando terminé la universidad me ausenté dos años, me fui a vivir fuera del país y cuando regresé fue con la idea de dejar mi granito de arena”.

En avenidas y calles de Guadalajara ayudaba a las personas a usar los puentes peatonales para no sufrir un accidente, a generar diálogo para influir en política y tomar decisiones; participar en manifestaciones. Y cuando Enrique Alfaro –actual gobernador de Jalisco- inició sy campaña para gobernador –por primera vez- decidió apoyarlo.

“Me sumé a la campaña sin esperar nada a cambio, sólo aportar para que las cosas cambiaran en Jalisco, estaba convencida que nadie como Enrique podría transformar muchas cosas con las que no estaba de acuerdo, por lo que representaba una gran esperanza no sólo para mí, sino para todos”, relata.

Nuestro país, dice, tiene problemas muy complejos en todas las capas de la sociedad, hay profundos y estructurales, que requieren el esfuerzo de todas las instituciones y de la sociedad para cambiar. “Hay cosas muy pequeñas que pueden ser distintas si convocamos a la gente a hacerlo de forma distinta; y hay cosas muy pequeñas que pueden representar la vida y la integridad de una persona”.

Para Verónica la tribuna significa encarar la rudeza de la oposición y al gobierno de Morena / Foto: Mauricio Huizar

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“Mi padre fue comerciante del mercado San Juan de Dios y, de manera filantrópica, invertía recursos propios para comprar arcos, flechas, pacas y demás equipo de tiro con arco. Lo compartía y muchas veces lo regalaba a las personas en el parque San Rafael que acudían para aprender a tirar con arco. No esperaba nada a cambio, amaba el deporte y compartía su experiencia, rodeado de mucha gente que le seguía. Tiene su estrella en el Salón de la Fama de Jalisco como uno de los deportistas más destacados.

"Mi madre, conocida como la maestra Chayito, hace más de 30 años puso un jardín de niños, literal en el jardín de la casa. La gente la quería mucho y soñaba con tener una escuela y ofrecer a los niños conocimientos que no estaban al alcance en ese tiempo para ellos, con bajo costo de colegiatura impartía igual clases de ballet, música, clases diarias de inglés. Ella veía a la educación como una forma de transformarle la vida a los niños”.

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