/ sábado 14 de septiembre de 2019

Marta Benítez, una artesana valiente de Culiacán

A pesar del hostigamiento de inspectores durante varias administraciones municipales, la vendedora de moños ha sacado adelante a su familia

Culiacán, Sin. Con el temor de sufrir represalias, perder productos hechos a mano (moños), recibir amenazas y ser hostigada por ser mujer y atreverse a ser vendedora ambulante en el centro de la ciudad, Marta Benítez Aguirre, salió de su casa para dar la pelea por el pan de cada día para a sus tres tesoros, sus hijos.

Como madre soltera y único sustento económico para su familia, Marta se juega la vida con tal de ser la mejor madre, aun y cuando esto implica ser acosada por inspectores del Ayuntamiento.


Fue durante la administración del ex Alcalde, Sergio Torres, cuando la situación se tornó oscura y preocupante, debido a que los vendedores ambulantes no tenían autorizado permanecer en las banquetas del primer cuadro de la ciudad, a menos cooperaran para “las cocas”.

Todos los días salía a la parada del camión alrededor de las 15:00 horas, con una reja, sus moños y su interminable coraje combinado con miedo para llegar al centro, caminar por las banquetas e instalarse por la calle Rubí, con la esperanza de quedarse hasta la noche.

Cuestionada por los inspectores respecto a si contaba con el permiso de Ayuntamiento, llegaban todos los días saludando con un “buenas tardes”, a lo que Marta siempre contestó que no tenía autorización, pero quería saber con quién se tenía que dirigir para estar en orden y dejar de ser molestada.

Recuerda que fueron varios los inspectores que llegaron con la misma dinámica, hasta que llegó uno que la agarró de “carretilla”, quien al saber que no contaba con permiso, inició con amenazas para que no volviera, ya que, en caso de hacerlo, le iba a retirar su pequeño negocio ambulante.

LA TERQUEDAD

En su convicción de ser el sustento familiar y su terquedad como afirma Marta, siempre pedía “chance” para vender por un poco periodo de tiempo y ganar unos pesos, sin embargo el inspector decidió no retirarse del lugar hasta que ella se subiera al camión.

Después el inspector empezó a llegar con un compañero, quien también aplicaba la misma estrategia, no le permitía vender y la seguía hasta la parada de camión para que no se regresara en el día.

La artesana reconoce que el trabajo de los inspectores era seguir las órdenes del Alcalde, sin embargo, por la necesidad económica y sus tres hijos, se tuvo que aferrar para conseguir el sustento.

Por dos años, el hostigamiento, el sacar la vuelta, llegar con moños y una reja que cargaba desde su casa hasta el centro en camiones, se convirtió en la cansada rutina de Marta, quien trabajaba por la tarde, debido a que por las mañanas atendía a sus hijos y aprovechaba que estudiaban en la tarde para salir de su casa.

Fue durante el lapso de dos administraciones municipales, que sufrió el tormento para permanecer vendiendo en el centro de la ciudad, dos años de hostigamiento en el gobierno de Aarón Rivas y tres más de Sergio Torres, en donde cada martes pagó mil pesos a los inspectores para permanecer en la banqueta.

Para ese entonces, el negocio ambulante se estableció en la calle Carrasco, entre Ángel Flores y Miguel Hidalgo, tiempo en el que siguió tocando puertas en el Ayuntamiento para tener el permiso oficial, sin embargo, por el acuerdo que realizó el inspector, esa no era una posibilidad.

HOSTIGAMIENTO

Era tanto el poder que sentían los inspectores que llegaron a cobrarle hasta la puerta de su casa en la colonia López Mateos, con la justificación de que hacía falta dinero para “las cocas”, esto sin importar que no fuera en el horario en que acostumbraba llegar al centro.

Todo eso me molestaba, me sentía incomoda, me sentía mal, yo por eso siempre estuve tocando puertas. La motivación como comerciante es la familia, tu siempre quieres darle lo mejor y no quieres que tu familia pase lo mismo que tu estas pasando.Marta

Al no ser la única persona que se arriesgaba instalándose en el centro como vendedora ambulante y ante el hostigamiento que sufría, un colega de la zona que ya pertenecía a la asociación de artesanos y comerciantes de Sinaloa, contó la situación de Marta para que fuera cobijada y apoyada para obtener el permiso.

Cada día, de 10:00 a 18:00 horas tiene el negocio abierto, pero su rutina no inicia ahí, sino en la madrugada para atender a sus hijos, a partir de las 6:00 de la mañana despierta para hacer el desayuno, alistar a su hijos, limpiar la casa, hacer los moños e ir a venderlos.


También lee: Llaman asesino a Estrada Ferreiro por la muerte de Alejandra


En medio día compra material, regresa a su casa a la hora de la comida, vuelve a limpiar y de nueva cuenta hace más moños en un periodo de tiempo indefinido, ya que en ocasiones solo duerme cuatro horas.

Los días calurosos de Culiacán, son para Marta todo un desafío, debido a que ante las elevadas temperaturas se ha llegado a sentir mareada, sofocada y sin abanico, soportando también el humo de los camiones que pasan a toda hora, situación que ha provocado que se enferme.

Mientras que en la temporada de lluvias, llega a perder mucha mercancía, al mancharse los moños con el agua y escurrirse los colores de los listones.

Al inicio de su travesía en el 2007, Marta no sabía cómo confeccionar moños, los que tenía los deshacía para ver las medidas y volverlos hacer, pero ahora ella sola crea nuevos diseños o hace por pedidos.

En el camino, el amor llegó de nueva cuenta a su vida desde hace siete años, creciendo la familia con dos hijos más y seis nietos, a quienes también sostiene gracias a las ganancias de los moños.

El negocio que empezó con pocos moños, una reja, comenzó a crecer luego de que las personas se dieran cuenta de la calidad de los productos y la creatividad de Marta para hacer los diseños que pedían.

Su oficio le ha brindado una gran satisfacción que le ha ayudado en lo económico y emocional, al ser una manera en la que también se expresa y se relaja.

2007 Inicio doña Marta como vendedora de moños y desde entonces ha sufrido acoso de inspectores del Ayuntamiento.




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Culiacán, Sin. Con el temor de sufrir represalias, perder productos hechos a mano (moños), recibir amenazas y ser hostigada por ser mujer y atreverse a ser vendedora ambulante en el centro de la ciudad, Marta Benítez Aguirre, salió de su casa para dar la pelea por el pan de cada día para a sus tres tesoros, sus hijos.

Como madre soltera y único sustento económico para su familia, Marta se juega la vida con tal de ser la mejor madre, aun y cuando esto implica ser acosada por inspectores del Ayuntamiento.


Fue durante la administración del ex Alcalde, Sergio Torres, cuando la situación se tornó oscura y preocupante, debido a que los vendedores ambulantes no tenían autorizado permanecer en las banquetas del primer cuadro de la ciudad, a menos cooperaran para “las cocas”.

Todos los días salía a la parada del camión alrededor de las 15:00 horas, con una reja, sus moños y su interminable coraje combinado con miedo para llegar al centro, caminar por las banquetas e instalarse por la calle Rubí, con la esperanza de quedarse hasta la noche.

Cuestionada por los inspectores respecto a si contaba con el permiso de Ayuntamiento, llegaban todos los días saludando con un “buenas tardes”, a lo que Marta siempre contestó que no tenía autorización, pero quería saber con quién se tenía que dirigir para estar en orden y dejar de ser molestada.

Recuerda que fueron varios los inspectores que llegaron con la misma dinámica, hasta que llegó uno que la agarró de “carretilla”, quien al saber que no contaba con permiso, inició con amenazas para que no volviera, ya que, en caso de hacerlo, le iba a retirar su pequeño negocio ambulante.

LA TERQUEDAD

En su convicción de ser el sustento familiar y su terquedad como afirma Marta, siempre pedía “chance” para vender por un poco periodo de tiempo y ganar unos pesos, sin embargo el inspector decidió no retirarse del lugar hasta que ella se subiera al camión.

Después el inspector empezó a llegar con un compañero, quien también aplicaba la misma estrategia, no le permitía vender y la seguía hasta la parada de camión para que no se regresara en el día.

La artesana reconoce que el trabajo de los inspectores era seguir las órdenes del Alcalde, sin embargo, por la necesidad económica y sus tres hijos, se tuvo que aferrar para conseguir el sustento.

Por dos años, el hostigamiento, el sacar la vuelta, llegar con moños y una reja que cargaba desde su casa hasta el centro en camiones, se convirtió en la cansada rutina de Marta, quien trabajaba por la tarde, debido a que por las mañanas atendía a sus hijos y aprovechaba que estudiaban en la tarde para salir de su casa.

Fue durante el lapso de dos administraciones municipales, que sufrió el tormento para permanecer vendiendo en el centro de la ciudad, dos años de hostigamiento en el gobierno de Aarón Rivas y tres más de Sergio Torres, en donde cada martes pagó mil pesos a los inspectores para permanecer en la banqueta.

Para ese entonces, el negocio ambulante se estableció en la calle Carrasco, entre Ángel Flores y Miguel Hidalgo, tiempo en el que siguió tocando puertas en el Ayuntamiento para tener el permiso oficial, sin embargo, por el acuerdo que realizó el inspector, esa no era una posibilidad.

HOSTIGAMIENTO

Era tanto el poder que sentían los inspectores que llegaron a cobrarle hasta la puerta de su casa en la colonia López Mateos, con la justificación de que hacía falta dinero para “las cocas”, esto sin importar que no fuera en el horario en que acostumbraba llegar al centro.

Todo eso me molestaba, me sentía incomoda, me sentía mal, yo por eso siempre estuve tocando puertas. La motivación como comerciante es la familia, tu siempre quieres darle lo mejor y no quieres que tu familia pase lo mismo que tu estas pasando.Marta

Al no ser la única persona que se arriesgaba instalándose en el centro como vendedora ambulante y ante el hostigamiento que sufría, un colega de la zona que ya pertenecía a la asociación de artesanos y comerciantes de Sinaloa, contó la situación de Marta para que fuera cobijada y apoyada para obtener el permiso.

Cada día, de 10:00 a 18:00 horas tiene el negocio abierto, pero su rutina no inicia ahí, sino en la madrugada para atender a sus hijos, a partir de las 6:00 de la mañana despierta para hacer el desayuno, alistar a su hijos, limpiar la casa, hacer los moños e ir a venderlos.


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En medio día compra material, regresa a su casa a la hora de la comida, vuelve a limpiar y de nueva cuenta hace más moños en un periodo de tiempo indefinido, ya que en ocasiones solo duerme cuatro horas.

Los días calurosos de Culiacán, son para Marta todo un desafío, debido a que ante las elevadas temperaturas se ha llegado a sentir mareada, sofocada y sin abanico, soportando también el humo de los camiones que pasan a toda hora, situación que ha provocado que se enferme.

Mientras que en la temporada de lluvias, llega a perder mucha mercancía, al mancharse los moños con el agua y escurrirse los colores de los listones.

Al inicio de su travesía en el 2007, Marta no sabía cómo confeccionar moños, los que tenía los deshacía para ver las medidas y volverlos hacer, pero ahora ella sola crea nuevos diseños o hace por pedidos.

En el camino, el amor llegó de nueva cuenta a su vida desde hace siete años, creciendo la familia con dos hijos más y seis nietos, a quienes también sostiene gracias a las ganancias de los moños.

El negocio que empezó con pocos moños, una reja, comenzó a crecer luego de que las personas se dieran cuenta de la calidad de los productos y la creatividad de Marta para hacer los diseños que pedían.

Su oficio le ha brindado una gran satisfacción que le ha ayudado en lo económico y emocional, al ser una manera en la que también se expresa y se relaja.

2007 Inicio doña Marta como vendedora de moños y desde entonces ha sufrido acoso de inspectores del Ayuntamiento.




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