/ martes 2 de abril de 2024

Eclipse Mazatlán, ¿Qué sucede con los seres vivos, humanos, fauna y flora?

Hablan los expertos sobre las consecuencias, cuarta parte

Concordia, Sinaloa.- En la entrega anterior, esperemos que lo investigado les haya sido útil desde todos los ángulos que la historia refleja sobre los conocimientos astronómicos de nuestros antepasados. Ahora vayamos al mundo más real, al actual para ver que nos dicen los profesionales de las diferentes ramas del conocimiento científico para que no quede duda alguna.

Antes de entrar en materia, es importante enterarlo de que, los eclipses también tienen un impacto en la atmósfera superior de la Tierra, la ionósfera. A medida que la radiación del sol disminuye, la densidad de los electrones se reduce, creando incluso agujeros donde no están, lo que provoca anomalías en las comunicaciones y la navegación, especialmente en la radio y el GPS, de ahí la importancia de las entrevistas que a continuación les presentamos, partiendo de la base de los tres campos de los seres vivos: los humanos, animales y vegetación o como nos enseñaron en la primaria, seres humanos, flora y fauna.

También puedes leer: Rumbo al Gran Eclipse: el fenómeno a través de la historia del hombre

Para nada echamos un volado con la finalidad de elegir el primer trema: los seres humanos, sencillamente porque somos los que somos los únicos pensantes y responsables de que este planeta funcione bien, lo señalamos porque somos nosotros quienes con nuestras acciones estamos deteriorándolo, llevándonos entre “las patas” a otros seres vivos: flora y fauna.

La ciencia da respuesta a creencias sobre eclipses

En relación con el punto de vista del terreno de la medicina, la verdad, no hay mucho que decir, porque en palabras de la pediatría-neonatóloga, María Luisa de Luz Velázquez Meza, que presta sus servicios en el Hospital de la Mujer y el ISSSTE de Culiacán, no hay ninguna base científica que compruebe alguna reacción negativa en los seres humanos, en especial en relación con los embarazos, campo en el que existen algunas creencias y de ellas algunas cábalas o costumbres.

Fue contundente al afirmar: “las mujeres embarazadas no deben temer a este fenómeno; de ninguna manera pone en riesgo la salud del bebé en gestación ni cuando este, como popularmente se dice, ve la primera luz, es más, tampoco durante el resto de cualquier etapa de su vida”.

Descartó pues que los eclipses causen enfermedades de alguna índole, ni los bebés nacen con deformidades, como algunas creencias señalan, así como tampoco hacen bajar de peso a los seres humanos. En este punto, aclaró que aun cuando no es su especialidad la oftalmología, es de todos conocidas las medidas de precaución que debemos tomar para observar el eclipse.

Y así es, la mayoría lo sabemos y si no pues enterarlos que mirar directamente al sol durante un eclipse solar puede causar daños permanentes en los ojos, incluyendo principalmente la ceguera. Esto, porque el sol emite una gran cantidad de luz, radiación infrarroja y ultravioleta que puede dañar la retina. Es más, en condiciones normales, aun sin eclipse, no hay ser humano que pueda mirar el sol directamente por muchos segundos. Inténtelo y nos dará la razón.

En la última entrega hablaremos de ello mediante una entrevista con la astrónoma Tatiana Kokina. ¡Ah! lo presumo: la doctora entrevistada orgullosamente es mi hija.

Eso, por una parte, por otra, desde la ya no tan tranquila Villa de San Sebastián, como también suele mencionarse al municipio de Concordia, contactamos con el veterinario, con muchas horas de vuelo con experiencia en los vastos campos de ese municipio serrano, comentó de entrada que, durante los eclipses de sol y luna, el comportamiento de los animales si manifiesta cambios metabólicos, partiendo de la base de que, al igual que los seres humanos, cuentan con un reloj biológico.

Infiriendo en su explicación, por el tiempo en el que oscurece como dice la canción “la noche se viene encima” y para muchos todo cambia, aunque sea por muy breves minutos. Las aves, y especies similares durante el eclipse solar se van a descansar por el oscurecimiento que se registra. Los perros y gatos suelen ladrar o estar intranquilos, más de esto que de lo primero. Animales nocturnos como murciélagos, lechuzas o lobos, suelen salir de sus cuevas o hábitats para seguir su forma de vida, las vacas como seres gregarios se reúnes y se echan, sin faltar la costumbre de las gallinas que van en busca de sus árboles favoritos o van a sus gallineros y cuando empieza a salir el sol, los gallos “cantan”. Se trata de una noche pues, de muy pocos minutos. Todo esto difícilmente lo veremos en las grandes ciudades

¿Cómo se vivió el eclipse de 1991?

En este mismo asunto, en entrevista realizada de Carla González, reportera de nuestro periódico hermano El Sol de Mazatlán, en la memoria de Juan Alberto Hernández Aldecoa está intacto el recuerdo de aquel último eclipse total de sol que se vio en territorio mexicano en 1991, el cual tuvo una duración récord en su punto máximo de 7 minutos y 2 segundos.

Comentó que en aquel entonces no había mucha difusión como ahora de este tipo de eventos astronómicos y personalmente, confiesa, a él le tomó por sorpresa, se dio cuenta porque en el barrio donde vivía los vecinos empezaron a comentar del eclipse.

Juan Alberto tenía 28 años, pero desde que cursó la secundaria le llamó la atención la astronomía, por ello sabía cómo se debía observar un eclipse de manera segura y optó por usar un método indirecto, perforando el centro de una hoja blanca y colocándola de cara al sol, así logró la proyección del eclipse en una otra hoja blanca que colocó debajo.

"Mi memoria todavía está intacta, es algo verdaderamente fantástico, algo que es soñado e irreal, es algo muy bonito que debemos tenerlo como vivencia personal en nuestra vida. Alguien dijo que el fin de todo ser humano en la vida es escribir un libro o plantar un árbol, yo digo que también deberíamos incluir ver un eclipse total de sol", expresó.

Platicarlo es una cosa, vivirlo es otra. Lo que mejor recuerda es que en el patio de su casa había mucha jardinería, como girasoles, calabazas y capiros, plantas fototróficas que se "adormecieron" cuando se empezó a oscurecer.

"Las gallinas empezaron a subirse a los árboles porque ya estaba oscureciendo para ellas, las bandadas de pájaros también empezaron a retornar a sus refugios habituales. Otra cosa que me llamó muchísimo la atención es que se vuelve de noche prácticamente y se ven todas las estrellas", contó.

Una vez que pasó la penumbra fue como si volviera a amanecer otra vez, se empezaron a escuchar los silbidos y trinos de las aves como preguntándose "¿qué pasó?" mientras regresaban a sus hábitos diarios.

En el mismo tenor, investigamos y corroboramos lo anterior en el Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos, donde se apunta que, durante el eclipse solar los animales tienen comportamientos inusuales, algunos por instinto vuelven a sus nidos y colmenas, mientras que los nocturnos comienzan a salir de sus cuevas.

Los expertos aconsejan no alzar a las mascotas para que miren el eclipse. No colocarles gafas, incluso si son de protección contra el eclipse, ya que pueden ser dañinas para sus ojos. Evitar sacar a pasear a las mascotas durante el evento astronómico. No ubicarlas cerca de telescopios u otros instrumentos para observar el eclipse.

La exposición a luz ultravioleta intensa durante un eclipse solar puede producir quemaduras en la retina que conducen a alteraciones visuales que pueden llegar a ceguera permanente. No causan dolor ya que esta capa del ojo no tiene sensibilidad por lo que los efectos pueden verse hasta horas después de la exposición.

Eclipses de otro tiempo

Por otra parte, UNAM Global, señala que en un artículo que el 29 de julio de 1878, fecha del llamado “primer gran eclipse de los Estados Unidos”, Thomas Alva Edison visitó una granja en el pequeño poblado de Rawlins, en Wyoming, para probar su más reciente invento, el tasímetro, un aparato diseñado para medir la temperatura de la corona solar. La máquina, puesta en marcha justo cuando la luna ocultaba al sol, fue un fracaso jamás patentado, pero ese día Edison sí hizo una aportación a la ciencia —no la que él esperaba— al describir cómo, en el momento en que oscurecía, los pollos que picoteaban en el corral hicieron un alto súbito, regresaron al gallinero, se arrellanaron en sus perchas y echaron a dormir.

Apunta la publicación en palabras de Ron Fernández, neuro etólogo y posdoctorante de la Facultad de Ciencias de la UNAM que, poco sabemos del comportamiento de la fauna durante los eclipses solares por ser eventos que duran apenas un par de minutos y no se repiten en el mismo sitio sino hasta siglos después (375 años en promedio, según la NASA). “Ello nos impide replicar la experiencia en condiciones semejantes, con los mismos animales o en el mismo lugar”

Añade que de lo que sí estamos ciertos es de que su conducta cambia y eso es algo que debemos estudiar a fondo, y es que cada que ocurre uno de estos fenómenos la gente suele dar cuenta de los comportamientos más inusuales, como que las luciérnagas refulgen a mediodía, los perros ladran sin concierto, los búhos ululan, los grillos cantan sin ser de noche o, como algunos paseantes poco afortunados han notado, los mosquitos se levantan de entre la hierba y pican con frenesí, por poner pocos ejemplos.

Esto pasa porque los organismos han evolucionado para adaptarse al eterno vaivén entre el día y la noche y han desarrollado una suerte de reloj interno que, cual metrónomo, marca sus ritmos biológicos en periodos de 24 horas. “A esto se le llama ciclo circadiano y tiende a mantenerse inalterable; sin embargo, si pasa algo extraordinario como el cambio abrupto de luz a oscuridad que viene aparejado con los eclipses, veremos que algunas criaturas nocturnas se activarán, otras de hábitos diurnos se aletargarán y especies que usan al Sol como brújula se desorientarán y perderán rumbo”.

A Ron Fernández le llama la atención que, mientras los relatos anecdóticos sobre el comportamiento animal durante los eclipses abundan, los estudios científicos son escasos y, aunque si bien hay algunos que arrojan datos sorprendentes como el realizado en las selvas de Veracruz, donde se constata cómo las arañas Metepeira incrassata en cuanto se ennegrece el cielo deshacen lo que habían tejido minutos antes tan sólo para volverlo a tejer en cuanto el sol regresa, “las publicaciones existentes resultan insuficientes como para responder a las muchas interrogantes que, todo el tiempo, nos estamos planteando los biólogos”.

Para terminar con lo anotado en el artículo de UNAM Global: a decir de Anthony Aveni, académico de la Universidad de Colgate y uno de los padres de la arqueoastronomía, pocos eventos celestes generan tanta literatura como los eclipses: “Tan sólo dos minutos de oscuridad dieron pie a una centena de artículos en el New York Times en enero de 1925”, señala.

Y se pregunta: entonces, ¿por qué esta falta de material en lo que respecta a la fauna? El mismo profesor Aveni aventura una respuesta: “Siendo un astrónomo, no puedo imaginar la dedicación y fuerza de voluntad que implica centrar tu atención en un animal durante un eclipse total, en vez de hacerlo en el Sol".

Bien, ahora vamos al campo de la flora en entrevista con el doctor José Antonio Garzón Tiznado, toda una autoridad mundial en el tema de la biología, egresado de la facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con maestrías en el Colegio de Postgraduados, Centro de Fitopatología y en Fitopatología Área Virología. Doctor por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV), así como en Biotecnología de Plantas, Área Ingeniería Genética de Geminivirus, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, y amplísimo currículo en otras áreas, así como ponente de centenares de conferencias en diversas partes de México y del mundo.

¿Qué les pasa a las plantas?

Quienes pasamos por la primaria, tenemos muy presente que, en la materia de ciencias naturales, nos hablaron de lo que entendimos es la evolución normal del reino de las plantas. ¿Recuerdan esto: raíz, tallo, hoja flor y fruto? Bien y que nos puede decir del fenómeno de la fotosíntesis. En términos simples: fotosíntesis es el proceso metabólico específico de ciertas células de los organismos autótrofos, como las plantas verdes, por el que se sintetizan sustancias orgánicas gracias a la clorofila a partir de dióxido de carbono y agua, utilizando como fuente de energía la luz solar. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española.

De aquí partimos para darle forma a nuestra entrevista con el doctor José Antonio Garzón: ¿afecta a este proceso un eclipse total de sol?

Con ejemplos nos explicó sobre la importancia de este proceso:

Efectivamente las plantas obtienen su energía del sol, pero para llegar a la decisión de valorar su importancia, vamos a un ejemplo- dijo de entrada y explicó: el maíz requiere alrededor de 7000 litros de metros cúbicos de agua por hectárea, aproximadamente ¿y dónde se va tanta agua? Bueno, el agua la requiere la planta principalmente para mover los nutrimentos del suelo hacia ella, ese movimiento tiene un costo muy caro porque lo que produce no equivale ni con mucho a la cantidad de agua que consume. La planta al transpirar tiene que jalar toda el agua desde abajo, requiriendo para ello la energía solar”.

Explicó que plantas e insectos no controlan su temperatura, (científicamente hablando la palabra es que son poiquilotérmicos). Los Humanos por el contrario controlamos nuestra temperatura a 36.6°C aproximadamente, somos homotérmicos. Los virus (Coronavirus) en el humano están a la temperatura que éste regula. A los virus que se transmiten por insectos (paludismo, dengue) están a la temperatura del insecto que depende del ambiente, no controlan la interna y los virus de plantas, estas son poiquilotermicas, su temperatura depende del ambiente, a diferencia del humano. Los humanos y animales somos heterótrofos, tenemos que fabricar nuestros alimentos. Las plantas son autotrofas, es decir, ellas se fabrican internamente sus alimentos. Por eso toman del suelo nitrógeno, fósforo, potasio, y microelementos. Los humanos requerimos cocinarlos.

Sí tú te vas a Alaska, por ejemplo, vas a tener la misma temperatura corporal, como si estuvieran en Culiacán, debido a esto muchos médicos se hicieron un lío porque señalaron que el coronavirus iba a afectar más cuando hiciera más frío y otros cuando hiciera más calor, por eso es importante saber eso y que los virus requieren energía”.

Indicó que en la década de los años 80´s descubrió una rara bacteria en la planta del tomate y 6 años más tarde un vector: un insecto dos años después de un eclipse, pero que, posteriormente aparte de comprobar de manera científica la enfermedad, durante otro fenómeno similar, observó que las plantas enfermas cambiaron de coloración. “Fue -explicó- como cuando una planta la llevamos a la oscuridad y luego de nuevo la sacamos al sol, sus genes de expresan de manera diferente, el proceso no es gradual, situación que provoca estrés, aunque luego se va regularizando”.

Equiparó esta situación al comportamiento de los insectos, en especial al de los mosquitos y las abejas que se desorientan ante un fenómeno como el que se producirá el 8 de abril, simplemente porque durante el día están plenos de energía y solo es durante la noche cuando modifican sus hábitos, si el día de vuelve de noche en esas condiciones sucede precisamente lo arriba señalado, según nos explicó. Como se dice en el lenguaje popular “los agarra la noche en el camino”.

Resumiendo: si hay una consecuencia a causa de un eclipse total de sol en las plantas, aunque no de gravedad dado que el fenómeno dura solo minutos, tras lo cual, todo vuelve a la normalidad. Pero eso de que provoque que las flores y frutos aceleren su proceso y se desprendan de los árboles, simplemente no hay evidencias científicas. En este sentido el doctor Garzón Tiznado, indicó que será una buena oportunidad para que la comunidad científica, actualmente con mejores herramientas, de dar cuenta oportuna de sus investigaciones.

Para el caso de México, por todo el país se tiene la fiel creencia que a los árboles frutales y los cultivos en general se les tiene que proteger del eclipse de sol; para esto, las personas colocan y atan listones o harapos en los tallos, ramas o frutos de los árboles o plantas, este tiene que ser precisamente de color rojo, o bien puede ser un objeto metálico. El fin de esta acción es para evitar ciertos problemas que de inmediato o corto plazo podrían suceder sobre sus árboles o cultivos: se caiga el fruto o se pudra; se caigan las flores, que no exista floración, se seque el árbol o planta, no madure el fruto o no desarrolle, también que la planta o árbol no desarrolle vegetativamente, se decir no crezca

Estos mitos, costumbres y creencias sobre los efectos del eclipse solar en la agricultura datan de épocas prehispánicas, y la fecha se suele seguir haciendo estas prácticas en áreas rurales de México. Desde luego, científicamente, como señalamos anteriormente, no se ha comprobado sobre el efecto «mágico» de protección que ejercen un listón rojo o un objeto de metal para los efectos que un eclipse solar pudiera ocasionar en los cultivos o plantas.

Para mañana, la astrónoma Tatiana Kokina, dará respuestas a muchas inquietudes muy comunes en este tipo de fenómenos.

Antoniovelazquez13@hotmail.com

Concordia, Sinaloa.- En la entrega anterior, esperemos que lo investigado les haya sido útil desde todos los ángulos que la historia refleja sobre los conocimientos astronómicos de nuestros antepasados. Ahora vayamos al mundo más real, al actual para ver que nos dicen los profesionales de las diferentes ramas del conocimiento científico para que no quede duda alguna.

Antes de entrar en materia, es importante enterarlo de que, los eclipses también tienen un impacto en la atmósfera superior de la Tierra, la ionósfera. A medida que la radiación del sol disminuye, la densidad de los electrones se reduce, creando incluso agujeros donde no están, lo que provoca anomalías en las comunicaciones y la navegación, especialmente en la radio y el GPS, de ahí la importancia de las entrevistas que a continuación les presentamos, partiendo de la base de los tres campos de los seres vivos: los humanos, animales y vegetación o como nos enseñaron en la primaria, seres humanos, flora y fauna.

También puedes leer: Rumbo al Gran Eclipse: el fenómeno a través de la historia del hombre

Para nada echamos un volado con la finalidad de elegir el primer trema: los seres humanos, sencillamente porque somos los que somos los únicos pensantes y responsables de que este planeta funcione bien, lo señalamos porque somos nosotros quienes con nuestras acciones estamos deteriorándolo, llevándonos entre “las patas” a otros seres vivos: flora y fauna.

La ciencia da respuesta a creencias sobre eclipses

En relación con el punto de vista del terreno de la medicina, la verdad, no hay mucho que decir, porque en palabras de la pediatría-neonatóloga, María Luisa de Luz Velázquez Meza, que presta sus servicios en el Hospital de la Mujer y el ISSSTE de Culiacán, no hay ninguna base científica que compruebe alguna reacción negativa en los seres humanos, en especial en relación con los embarazos, campo en el que existen algunas creencias y de ellas algunas cábalas o costumbres.

Fue contundente al afirmar: “las mujeres embarazadas no deben temer a este fenómeno; de ninguna manera pone en riesgo la salud del bebé en gestación ni cuando este, como popularmente se dice, ve la primera luz, es más, tampoco durante el resto de cualquier etapa de su vida”.

Descartó pues que los eclipses causen enfermedades de alguna índole, ni los bebés nacen con deformidades, como algunas creencias señalan, así como tampoco hacen bajar de peso a los seres humanos. En este punto, aclaró que aun cuando no es su especialidad la oftalmología, es de todos conocidas las medidas de precaución que debemos tomar para observar el eclipse.

Y así es, la mayoría lo sabemos y si no pues enterarlos que mirar directamente al sol durante un eclipse solar puede causar daños permanentes en los ojos, incluyendo principalmente la ceguera. Esto, porque el sol emite una gran cantidad de luz, radiación infrarroja y ultravioleta que puede dañar la retina. Es más, en condiciones normales, aun sin eclipse, no hay ser humano que pueda mirar el sol directamente por muchos segundos. Inténtelo y nos dará la razón.

En la última entrega hablaremos de ello mediante una entrevista con la astrónoma Tatiana Kokina. ¡Ah! lo presumo: la doctora entrevistada orgullosamente es mi hija.

Eso, por una parte, por otra, desde la ya no tan tranquila Villa de San Sebastián, como también suele mencionarse al municipio de Concordia, contactamos con el veterinario, con muchas horas de vuelo con experiencia en los vastos campos de ese municipio serrano, comentó de entrada que, durante los eclipses de sol y luna, el comportamiento de los animales si manifiesta cambios metabólicos, partiendo de la base de que, al igual que los seres humanos, cuentan con un reloj biológico.

Infiriendo en su explicación, por el tiempo en el que oscurece como dice la canción “la noche se viene encima” y para muchos todo cambia, aunque sea por muy breves minutos. Las aves, y especies similares durante el eclipse solar se van a descansar por el oscurecimiento que se registra. Los perros y gatos suelen ladrar o estar intranquilos, más de esto que de lo primero. Animales nocturnos como murciélagos, lechuzas o lobos, suelen salir de sus cuevas o hábitats para seguir su forma de vida, las vacas como seres gregarios se reúnes y se echan, sin faltar la costumbre de las gallinas que van en busca de sus árboles favoritos o van a sus gallineros y cuando empieza a salir el sol, los gallos “cantan”. Se trata de una noche pues, de muy pocos minutos. Todo esto difícilmente lo veremos en las grandes ciudades

¿Cómo se vivió el eclipse de 1991?

En este mismo asunto, en entrevista realizada de Carla González, reportera de nuestro periódico hermano El Sol de Mazatlán, en la memoria de Juan Alberto Hernández Aldecoa está intacto el recuerdo de aquel último eclipse total de sol que se vio en territorio mexicano en 1991, el cual tuvo una duración récord en su punto máximo de 7 minutos y 2 segundos.

Comentó que en aquel entonces no había mucha difusión como ahora de este tipo de eventos astronómicos y personalmente, confiesa, a él le tomó por sorpresa, se dio cuenta porque en el barrio donde vivía los vecinos empezaron a comentar del eclipse.

Juan Alberto tenía 28 años, pero desde que cursó la secundaria le llamó la atención la astronomía, por ello sabía cómo se debía observar un eclipse de manera segura y optó por usar un método indirecto, perforando el centro de una hoja blanca y colocándola de cara al sol, así logró la proyección del eclipse en una otra hoja blanca que colocó debajo.

"Mi memoria todavía está intacta, es algo verdaderamente fantástico, algo que es soñado e irreal, es algo muy bonito que debemos tenerlo como vivencia personal en nuestra vida. Alguien dijo que el fin de todo ser humano en la vida es escribir un libro o plantar un árbol, yo digo que también deberíamos incluir ver un eclipse total de sol", expresó.

Platicarlo es una cosa, vivirlo es otra. Lo que mejor recuerda es que en el patio de su casa había mucha jardinería, como girasoles, calabazas y capiros, plantas fototróficas que se "adormecieron" cuando se empezó a oscurecer.

"Las gallinas empezaron a subirse a los árboles porque ya estaba oscureciendo para ellas, las bandadas de pájaros también empezaron a retornar a sus refugios habituales. Otra cosa que me llamó muchísimo la atención es que se vuelve de noche prácticamente y se ven todas las estrellas", contó.

Una vez que pasó la penumbra fue como si volviera a amanecer otra vez, se empezaron a escuchar los silbidos y trinos de las aves como preguntándose "¿qué pasó?" mientras regresaban a sus hábitos diarios.

En el mismo tenor, investigamos y corroboramos lo anterior en el Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos, donde se apunta que, durante el eclipse solar los animales tienen comportamientos inusuales, algunos por instinto vuelven a sus nidos y colmenas, mientras que los nocturnos comienzan a salir de sus cuevas.

Los expertos aconsejan no alzar a las mascotas para que miren el eclipse. No colocarles gafas, incluso si son de protección contra el eclipse, ya que pueden ser dañinas para sus ojos. Evitar sacar a pasear a las mascotas durante el evento astronómico. No ubicarlas cerca de telescopios u otros instrumentos para observar el eclipse.

La exposición a luz ultravioleta intensa durante un eclipse solar puede producir quemaduras en la retina que conducen a alteraciones visuales que pueden llegar a ceguera permanente. No causan dolor ya que esta capa del ojo no tiene sensibilidad por lo que los efectos pueden verse hasta horas después de la exposición.

Eclipses de otro tiempo

Por otra parte, UNAM Global, señala que en un artículo que el 29 de julio de 1878, fecha del llamado “primer gran eclipse de los Estados Unidos”, Thomas Alva Edison visitó una granja en el pequeño poblado de Rawlins, en Wyoming, para probar su más reciente invento, el tasímetro, un aparato diseñado para medir la temperatura de la corona solar. La máquina, puesta en marcha justo cuando la luna ocultaba al sol, fue un fracaso jamás patentado, pero ese día Edison sí hizo una aportación a la ciencia —no la que él esperaba— al describir cómo, en el momento en que oscurecía, los pollos que picoteaban en el corral hicieron un alto súbito, regresaron al gallinero, se arrellanaron en sus perchas y echaron a dormir.

Apunta la publicación en palabras de Ron Fernández, neuro etólogo y posdoctorante de la Facultad de Ciencias de la UNAM que, poco sabemos del comportamiento de la fauna durante los eclipses solares por ser eventos que duran apenas un par de minutos y no se repiten en el mismo sitio sino hasta siglos después (375 años en promedio, según la NASA). “Ello nos impide replicar la experiencia en condiciones semejantes, con los mismos animales o en el mismo lugar”

Añade que de lo que sí estamos ciertos es de que su conducta cambia y eso es algo que debemos estudiar a fondo, y es que cada que ocurre uno de estos fenómenos la gente suele dar cuenta de los comportamientos más inusuales, como que las luciérnagas refulgen a mediodía, los perros ladran sin concierto, los búhos ululan, los grillos cantan sin ser de noche o, como algunos paseantes poco afortunados han notado, los mosquitos se levantan de entre la hierba y pican con frenesí, por poner pocos ejemplos.

Esto pasa porque los organismos han evolucionado para adaptarse al eterno vaivén entre el día y la noche y han desarrollado una suerte de reloj interno que, cual metrónomo, marca sus ritmos biológicos en periodos de 24 horas. “A esto se le llama ciclo circadiano y tiende a mantenerse inalterable; sin embargo, si pasa algo extraordinario como el cambio abrupto de luz a oscuridad que viene aparejado con los eclipses, veremos que algunas criaturas nocturnas se activarán, otras de hábitos diurnos se aletargarán y especies que usan al Sol como brújula se desorientarán y perderán rumbo”.

A Ron Fernández le llama la atención que, mientras los relatos anecdóticos sobre el comportamiento animal durante los eclipses abundan, los estudios científicos son escasos y, aunque si bien hay algunos que arrojan datos sorprendentes como el realizado en las selvas de Veracruz, donde se constata cómo las arañas Metepeira incrassata en cuanto se ennegrece el cielo deshacen lo que habían tejido minutos antes tan sólo para volverlo a tejer en cuanto el sol regresa, “las publicaciones existentes resultan insuficientes como para responder a las muchas interrogantes que, todo el tiempo, nos estamos planteando los biólogos”.

Para terminar con lo anotado en el artículo de UNAM Global: a decir de Anthony Aveni, académico de la Universidad de Colgate y uno de los padres de la arqueoastronomía, pocos eventos celestes generan tanta literatura como los eclipses: “Tan sólo dos minutos de oscuridad dieron pie a una centena de artículos en el New York Times en enero de 1925”, señala.

Y se pregunta: entonces, ¿por qué esta falta de material en lo que respecta a la fauna? El mismo profesor Aveni aventura una respuesta: “Siendo un astrónomo, no puedo imaginar la dedicación y fuerza de voluntad que implica centrar tu atención en un animal durante un eclipse total, en vez de hacerlo en el Sol".

Bien, ahora vamos al campo de la flora en entrevista con el doctor José Antonio Garzón Tiznado, toda una autoridad mundial en el tema de la biología, egresado de la facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con maestrías en el Colegio de Postgraduados, Centro de Fitopatología y en Fitopatología Área Virología. Doctor por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV), así como en Biotecnología de Plantas, Área Ingeniería Genética de Geminivirus, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, y amplísimo currículo en otras áreas, así como ponente de centenares de conferencias en diversas partes de México y del mundo.

¿Qué les pasa a las plantas?

Quienes pasamos por la primaria, tenemos muy presente que, en la materia de ciencias naturales, nos hablaron de lo que entendimos es la evolución normal del reino de las plantas. ¿Recuerdan esto: raíz, tallo, hoja flor y fruto? Bien y que nos puede decir del fenómeno de la fotosíntesis. En términos simples: fotosíntesis es el proceso metabólico específico de ciertas células de los organismos autótrofos, como las plantas verdes, por el que se sintetizan sustancias orgánicas gracias a la clorofila a partir de dióxido de carbono y agua, utilizando como fuente de energía la luz solar. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española.

De aquí partimos para darle forma a nuestra entrevista con el doctor José Antonio Garzón: ¿afecta a este proceso un eclipse total de sol?

Con ejemplos nos explicó sobre la importancia de este proceso:

Efectivamente las plantas obtienen su energía del sol, pero para llegar a la decisión de valorar su importancia, vamos a un ejemplo- dijo de entrada y explicó: el maíz requiere alrededor de 7000 litros de metros cúbicos de agua por hectárea, aproximadamente ¿y dónde se va tanta agua? Bueno, el agua la requiere la planta principalmente para mover los nutrimentos del suelo hacia ella, ese movimiento tiene un costo muy caro porque lo que produce no equivale ni con mucho a la cantidad de agua que consume. La planta al transpirar tiene que jalar toda el agua desde abajo, requiriendo para ello la energía solar”.

Explicó que plantas e insectos no controlan su temperatura, (científicamente hablando la palabra es que son poiquilotérmicos). Los Humanos por el contrario controlamos nuestra temperatura a 36.6°C aproximadamente, somos homotérmicos. Los virus (Coronavirus) en el humano están a la temperatura que éste regula. A los virus que se transmiten por insectos (paludismo, dengue) están a la temperatura del insecto que depende del ambiente, no controlan la interna y los virus de plantas, estas son poiquilotermicas, su temperatura depende del ambiente, a diferencia del humano. Los humanos y animales somos heterótrofos, tenemos que fabricar nuestros alimentos. Las plantas son autotrofas, es decir, ellas se fabrican internamente sus alimentos. Por eso toman del suelo nitrógeno, fósforo, potasio, y microelementos. Los humanos requerimos cocinarlos.

Sí tú te vas a Alaska, por ejemplo, vas a tener la misma temperatura corporal, como si estuvieran en Culiacán, debido a esto muchos médicos se hicieron un lío porque señalaron que el coronavirus iba a afectar más cuando hiciera más frío y otros cuando hiciera más calor, por eso es importante saber eso y que los virus requieren energía”.

Indicó que en la década de los años 80´s descubrió una rara bacteria en la planta del tomate y 6 años más tarde un vector: un insecto dos años después de un eclipse, pero que, posteriormente aparte de comprobar de manera científica la enfermedad, durante otro fenómeno similar, observó que las plantas enfermas cambiaron de coloración. “Fue -explicó- como cuando una planta la llevamos a la oscuridad y luego de nuevo la sacamos al sol, sus genes de expresan de manera diferente, el proceso no es gradual, situación que provoca estrés, aunque luego se va regularizando”.

Equiparó esta situación al comportamiento de los insectos, en especial al de los mosquitos y las abejas que se desorientan ante un fenómeno como el que se producirá el 8 de abril, simplemente porque durante el día están plenos de energía y solo es durante la noche cuando modifican sus hábitos, si el día de vuelve de noche en esas condiciones sucede precisamente lo arriba señalado, según nos explicó. Como se dice en el lenguaje popular “los agarra la noche en el camino”.

Resumiendo: si hay una consecuencia a causa de un eclipse total de sol en las plantas, aunque no de gravedad dado que el fenómeno dura solo minutos, tras lo cual, todo vuelve a la normalidad. Pero eso de que provoque que las flores y frutos aceleren su proceso y se desprendan de los árboles, simplemente no hay evidencias científicas. En este sentido el doctor Garzón Tiznado, indicó que será una buena oportunidad para que la comunidad científica, actualmente con mejores herramientas, de dar cuenta oportuna de sus investigaciones.

Para el caso de México, por todo el país se tiene la fiel creencia que a los árboles frutales y los cultivos en general se les tiene que proteger del eclipse de sol; para esto, las personas colocan y atan listones o harapos en los tallos, ramas o frutos de los árboles o plantas, este tiene que ser precisamente de color rojo, o bien puede ser un objeto metálico. El fin de esta acción es para evitar ciertos problemas que de inmediato o corto plazo podrían suceder sobre sus árboles o cultivos: se caiga el fruto o se pudra; se caigan las flores, que no exista floración, se seque el árbol o planta, no madure el fruto o no desarrolle, también que la planta o árbol no desarrolle vegetativamente, se decir no crezca

Estos mitos, costumbres y creencias sobre los efectos del eclipse solar en la agricultura datan de épocas prehispánicas, y la fecha se suele seguir haciendo estas prácticas en áreas rurales de México. Desde luego, científicamente, como señalamos anteriormente, no se ha comprobado sobre el efecto «mágico» de protección que ejercen un listón rojo o un objeto de metal para los efectos que un eclipse solar pudiera ocasionar en los cultivos o plantas.

Para mañana, la astrónoma Tatiana Kokina, dará respuestas a muchas inquietudes muy comunes en este tipo de fenómenos.

Antoniovelazquez13@hotmail.com

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