/ viernes 2 de octubre de 2020

Kult | El segundo aire de la Santa Muerte

Venerar a la Niña Blanca no es una religión, es una creencia. Su adoración en México retoma fuerza, aunque nunca se fue, está con los mexicanos desde la época prehispánica

"No es una religión. Es simplemente una creencia, un santo más, ¿si yo creo en la Virgen estoy en la religión de la Virgen? No es una religión, es una creencia en un santo”, explica Kaori Mendoza, dueña de una de las figuras de la Santa Muerte más grandes en Tijuana.

El culto a la muerte no es nuevo en México. Desde antes de que el país tuviera ese nombre, mucho antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, las culturas prehispánicas ya consideraban a la muerte como uno de los temas de mayor respecto en su religión.

Había deidades como Ah Puch, dios maya del inframundo, o Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, dioses aztecas de la muerte y el Mictlán. En ambos casos, estos seres en lugar de significar el fin eran el principio de la entrada a una nueva era de vida en lugar de su desaparición.

Al llegar los españoles y su religión católica, el choque ideológico fue brutal. Por un lado, los pueblos mesoamericanos adoraban a las deidades de la muerte como un reinicio, y por el otro, los europeos veían a la muerte como un estado que había que vencer para alcanzar la vida eterna.

A mucha gente le da miedo la Santa por su aspecto descarnado

“Y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz a vida y la inmortalidad por medio del evangelio”, dice el libro de Timoteo en su capítulo 1, versículo 10 de La Biblia.

Estas palabras, incuestionables en la Conquista, dejaron fuera de combate a los cultos dedicados a la muerte.

Hoy se le conoce como la flaca, la huesuda, la Niña Blanca, pero su mera mención puede generar al menos incomodidad entre la mayor parte de las personas, pero no en todas, hay quienes ven en ella un consuelo para la vida, ven a una santa, la Santa Muerte.

Han pasado cinco siglos desde la Conquista. Si el objetivo de los españoles era borrar de raíz el culto prehispánico, fallaron. Su presencia sigue en la vida cotidiana, desde dichos populares como “Ya se enojó Tláloc” cuando vemos caer un diluvio o la celebración del Día de Muertos son muestra de ello.

Si bien, el culto a la Santa Muerte no es nuevo, al menos en los últimos años ha tomado fuerza pese a las resistencias de un grupo de la sociedad que lo ve con temor por su aparente relación con el diablo u otras entidades malignas.

Foto: Roberto Hernández

AMPÁRANOS, SANTA MUERTE

Kaori Mendoza recuerda que los fieles de la Santa Muerte no son nuevos; vienen desde épocas prehispánicas donde los templos en lugar de tener a vírgenes o santos exponían a figuras humanoides descarnadas.

“Es algo que se practica desde lo prehispánico, no es algo nuevo, es algo que lleva mucho tiempo. Nosotros ya lo tenemos enraizado desde niños, igual somos católicos, vamos a la iglesia, bautizamos a nuestros hijos, nos confirmamos, no estamos peleados con la iglesia por tener nuestra creencia con la Santa”, comenta la fiel de la Niña Blanca.

Tras la Conquista el culto a la muerte fue sincretizándose, los viejos dioses fueron sustituidos por santos. Incluso hay información de que los viejos ídolos eran colocados al interior de las cruces de las iglesias para seguir adorándolos.

Eso mantuvo viva la veneración a la muerte prehispánica hasta que llegaron los cimientos de la Santa Muerte. A finales del siglo XVIII, en las ciudades del centro de la Nueva España los indígenas mantenían la adoración a un esqueleto al que simplemente llamaban Muerte.

En esa misma época, en Veracruz hubo la “aparición” de la muerte. Una persona reportó que en su casa apareció una imagen de la muerte por lo que pidió al párroco que la bendijera.

La respuesta a la solicitud fue contundente: ese no era un mensaje de Dios, sino del diablo, por lo que en vez de santificarla debía ser destruida.

La advertencia del sacerdote no consiguió persuadir a los pobladores de renunciar a ese culto, al contrario, se afianzó en la clandestinidad por miedo a repercusiones debido al gran poder de la Iglesia católica. Por cierto, esto ocurrió en Catemaco.

Desde el fin de la Colonia tenemos que saltar a mediados del siglo XX para volver a identificar un momento importante en este culto. En la década de 1960, en Hidalgo, apareció formalmente una organización creyente de la Parca.

Eran tiempos donde la religión católica tenía monopolio. Más de 90 por ciento de los mexicanos profesaba esa creencia, con la Virgen de Guadalupe como estandarte de la fe del “buen mexicano”; ni pensar que alguien pudiera seguir a la muerte.

UNA DEVOCIÓN

“La mía es de las más bonitas, lo peculiar de ella es que nosotros le cambiamos su vestimenta cada mes, le adornamos bonito, depende de la fecha.

“A mucha gente le da miedo la Santa por su aspecto descarnado”

“Por ejemplo, en septiembre le ponemos trajes mexicanos, ahora que viene octubre acá en Baja California, como estamos cerca de la frontera usamos mucho lo de Halloween, la vestimos con cosas de Halloween, en noviembre la vestimos de Catrina”, así describe Kaori a su imagen, una de las más representativas de la Niña Blanca en el norte del país.

Recuerda que fue su madre, la señora Lorena Mendoza, la primera en colocar una imagen de la Santa Muerte en un lugar público.

KAORI MENDOZA

Fue hace unas décadas en la presa Abelardo L. Rodríguez de la ciudad de Tijuana, imagen que no duró, debido a que fue destruida por personas que la consideraban como un símbolo demoniaco.

A la Santa Muerte se le ha relacionado con ritos satánicos o trabajos de brujería. Por ejemplo, se le compara con Jesús Malverde, extraoficialmente santo patrón de los narcotraficantes. En la cultura popular se piensa que si le pides un favor a la flaca, la manda es cobrar una vida.

Kaori rechaza esas versiones, es más, reitera que no son una religión como tal, sino devotos a una santa, como las hay tantas en la religión católica de la cual asegura es devota.

“No es tanto el santo, sino la persona o la petición que se haga. Hay gente que usa a su santo o su creencia a la santa para pedir para bien, o para pedir para mal, como también lo hacemos con Dios cuando alguien dice ‘ojalá y con Dios te pase esto’ o ‘ojalá, Dios y te vaya bien’. Entonces el santo no tiene nada que ver, el que tiene que ver es el ser humano y lo que uno realmente está deseando”.

Como católicos, los devotos de la Santa Muerte reconocen a Dios como el ser supremo, y a la huesuda como una de sus intermediarios entre los mortales y él. Aunque parece contradictorio, para ellos no lo es pese a que en La Biblia se dice que Jesús la venció.

En el ámbito civil, en México no existe un registro oficial del culto de la Santa Muerte. De las cuatro mil 769 variantes de credo religioso registradas ante la Secretaría de Gobernación, ninguna se proclama como Santa Muerte o similar.

El único antecedente de esto data del año 2000, cuando la asociación religiosa Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Mex-USA obtuvo el registro de la Segob, aunque en su solicitud o documentos oficiales no había mención. Cinco años más tarde se le retiró el registro sin que hasta la fecha lo haya recuperado.

Hay gente que usa a su santo o su creencia a la santa para pedir para bien, o para pedir para mal

Aún sin contar con el registro oficial, sus devotos la siguen adorando. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México 2016, que se presentó en junio de 2017, el credo a la Santa Muerte iba en ascenso.

En la presentación de los resultados, el especialista en religión, Bernardo Barranco, comenta que este crecimiento fue resultado de que la gente estaba perdiendo confianza a otras religiones, principalmente, la católica.

“Viene a compensar esos vacíos que las religiones institucionalizadas dejan, la Santa Muerte tiene muchas características de la Virgen de Guadalupe, pero también es permeable a temas prohibidos como defiéndeme y hazle daño al que me está atacando, cosas que la Virgen de Guadalupe no lo podría permitir pero la Santa Muerte sí lo haría”, señala.

Uno de los resultados más interesantes de esa encuesta es que 0.3 por ciento de los hogares en México que tienen un altar con motivo religioso se lo dedican a la flaca, lo que la coloca como la quinta deidad en este rubro, por debajo de la Virgen de Guadalupe (59.4 por ciento), Cristo (18.2 por ciento), un santo (11.3 por ciento) y la Virgen María.

En el caso de Kaori Mendoza, ella explica que tras la destrucción de su primera imagen de la Santa Muerte en la presa, su familia optó por rentar un local privado para evitar nuevos ataques.

“A mí no (me ha pasado que destruyan la imagen), gracias a Dios y a la Santa, la tengo en un lugar seguro, entonces sí respetan el espacio donde la tengo, pero las que están en carreteras y lugares así las siguen atacando”, detalla.

Este temor provocó que varias ciudades del país optaran por cerrar los templos de esta creencia sin otra razón más que la intolerancia religiosa.

“A mucha gente le da miedo la Santa, no tanto porque esté vinculada con el diablo, sino por su aspecto descarnado que tiene, ese es el temor de la gente. Pero yo les digo, quítense la piel, los músculos y cómo estás, tal cual como está ella, es nuestra imagen”, explica Kaori.

La devota señala que al menos en Tijuana, donde tienen su capilla ubicada en la avenida Laurel, seguirán con su vida religiosa, sobre todo ahora que la fecha más importante se aproxima, el 2 de noviembre, Día de Muertos.

“Sólo tenemos una reunión al año. La capilla está abierta todo el año, pero como tal, fiesta, sólo hay una al año. Esperamos que la podamos celebrar este año, se lo pedimos a ella.”





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"No es una religión. Es simplemente una creencia, un santo más, ¿si yo creo en la Virgen estoy en la religión de la Virgen? No es una religión, es una creencia en un santo”, explica Kaori Mendoza, dueña de una de las figuras de la Santa Muerte más grandes en Tijuana.

El culto a la muerte no es nuevo en México. Desde antes de que el país tuviera ese nombre, mucho antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, las culturas prehispánicas ya consideraban a la muerte como uno de los temas de mayor respecto en su religión.

Había deidades como Ah Puch, dios maya del inframundo, o Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, dioses aztecas de la muerte y el Mictlán. En ambos casos, estos seres en lugar de significar el fin eran el principio de la entrada a una nueva era de vida en lugar de su desaparición.

Al llegar los españoles y su religión católica, el choque ideológico fue brutal. Por un lado, los pueblos mesoamericanos adoraban a las deidades de la muerte como un reinicio, y por el otro, los europeos veían a la muerte como un estado que había que vencer para alcanzar la vida eterna.

A mucha gente le da miedo la Santa por su aspecto descarnado

“Y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz a vida y la inmortalidad por medio del evangelio”, dice el libro de Timoteo en su capítulo 1, versículo 10 de La Biblia.

Estas palabras, incuestionables en la Conquista, dejaron fuera de combate a los cultos dedicados a la muerte.

Hoy se le conoce como la flaca, la huesuda, la Niña Blanca, pero su mera mención puede generar al menos incomodidad entre la mayor parte de las personas, pero no en todas, hay quienes ven en ella un consuelo para la vida, ven a una santa, la Santa Muerte.

Han pasado cinco siglos desde la Conquista. Si el objetivo de los españoles era borrar de raíz el culto prehispánico, fallaron. Su presencia sigue en la vida cotidiana, desde dichos populares como “Ya se enojó Tláloc” cuando vemos caer un diluvio o la celebración del Día de Muertos son muestra de ello.

Si bien, el culto a la Santa Muerte no es nuevo, al menos en los últimos años ha tomado fuerza pese a las resistencias de un grupo de la sociedad que lo ve con temor por su aparente relación con el diablo u otras entidades malignas.

Foto: Roberto Hernández

AMPÁRANOS, SANTA MUERTE

Kaori Mendoza recuerda que los fieles de la Santa Muerte no son nuevos; vienen desde épocas prehispánicas donde los templos en lugar de tener a vírgenes o santos exponían a figuras humanoides descarnadas.

“Es algo que se practica desde lo prehispánico, no es algo nuevo, es algo que lleva mucho tiempo. Nosotros ya lo tenemos enraizado desde niños, igual somos católicos, vamos a la iglesia, bautizamos a nuestros hijos, nos confirmamos, no estamos peleados con la iglesia por tener nuestra creencia con la Santa”, comenta la fiel de la Niña Blanca.

Tras la Conquista el culto a la muerte fue sincretizándose, los viejos dioses fueron sustituidos por santos. Incluso hay información de que los viejos ídolos eran colocados al interior de las cruces de las iglesias para seguir adorándolos.

Eso mantuvo viva la veneración a la muerte prehispánica hasta que llegaron los cimientos de la Santa Muerte. A finales del siglo XVIII, en las ciudades del centro de la Nueva España los indígenas mantenían la adoración a un esqueleto al que simplemente llamaban Muerte.

En esa misma época, en Veracruz hubo la “aparición” de la muerte. Una persona reportó que en su casa apareció una imagen de la muerte por lo que pidió al párroco que la bendijera.

La respuesta a la solicitud fue contundente: ese no era un mensaje de Dios, sino del diablo, por lo que en vez de santificarla debía ser destruida.

La advertencia del sacerdote no consiguió persuadir a los pobladores de renunciar a ese culto, al contrario, se afianzó en la clandestinidad por miedo a repercusiones debido al gran poder de la Iglesia católica. Por cierto, esto ocurrió en Catemaco.

Desde el fin de la Colonia tenemos que saltar a mediados del siglo XX para volver a identificar un momento importante en este culto. En la década de 1960, en Hidalgo, apareció formalmente una organización creyente de la Parca.

Eran tiempos donde la religión católica tenía monopolio. Más de 90 por ciento de los mexicanos profesaba esa creencia, con la Virgen de Guadalupe como estandarte de la fe del “buen mexicano”; ni pensar que alguien pudiera seguir a la muerte.

UNA DEVOCIÓN

“La mía es de las más bonitas, lo peculiar de ella es que nosotros le cambiamos su vestimenta cada mes, le adornamos bonito, depende de la fecha.

“A mucha gente le da miedo la Santa por su aspecto descarnado”

“Por ejemplo, en septiembre le ponemos trajes mexicanos, ahora que viene octubre acá en Baja California, como estamos cerca de la frontera usamos mucho lo de Halloween, la vestimos con cosas de Halloween, en noviembre la vestimos de Catrina”, así describe Kaori a su imagen, una de las más representativas de la Niña Blanca en el norte del país.

Recuerda que fue su madre, la señora Lorena Mendoza, la primera en colocar una imagen de la Santa Muerte en un lugar público.

KAORI MENDOZA

Fue hace unas décadas en la presa Abelardo L. Rodríguez de la ciudad de Tijuana, imagen que no duró, debido a que fue destruida por personas que la consideraban como un símbolo demoniaco.

A la Santa Muerte se le ha relacionado con ritos satánicos o trabajos de brujería. Por ejemplo, se le compara con Jesús Malverde, extraoficialmente santo patrón de los narcotraficantes. En la cultura popular se piensa que si le pides un favor a la flaca, la manda es cobrar una vida.

Kaori rechaza esas versiones, es más, reitera que no son una religión como tal, sino devotos a una santa, como las hay tantas en la religión católica de la cual asegura es devota.

“No es tanto el santo, sino la persona o la petición que se haga. Hay gente que usa a su santo o su creencia a la santa para pedir para bien, o para pedir para mal, como también lo hacemos con Dios cuando alguien dice ‘ojalá y con Dios te pase esto’ o ‘ojalá, Dios y te vaya bien’. Entonces el santo no tiene nada que ver, el que tiene que ver es el ser humano y lo que uno realmente está deseando”.

Como católicos, los devotos de la Santa Muerte reconocen a Dios como el ser supremo, y a la huesuda como una de sus intermediarios entre los mortales y él. Aunque parece contradictorio, para ellos no lo es pese a que en La Biblia se dice que Jesús la venció.

En el ámbito civil, en México no existe un registro oficial del culto de la Santa Muerte. De las cuatro mil 769 variantes de credo religioso registradas ante la Secretaría de Gobernación, ninguna se proclama como Santa Muerte o similar.

El único antecedente de esto data del año 2000, cuando la asociación religiosa Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Mex-USA obtuvo el registro de la Segob, aunque en su solicitud o documentos oficiales no había mención. Cinco años más tarde se le retiró el registro sin que hasta la fecha lo haya recuperado.

Hay gente que usa a su santo o su creencia a la santa para pedir para bien, o para pedir para mal

Aún sin contar con el registro oficial, sus devotos la siguen adorando. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México 2016, que se presentó en junio de 2017, el credo a la Santa Muerte iba en ascenso.

En la presentación de los resultados, el especialista en religión, Bernardo Barranco, comenta que este crecimiento fue resultado de que la gente estaba perdiendo confianza a otras religiones, principalmente, la católica.

“Viene a compensar esos vacíos que las religiones institucionalizadas dejan, la Santa Muerte tiene muchas características de la Virgen de Guadalupe, pero también es permeable a temas prohibidos como defiéndeme y hazle daño al que me está atacando, cosas que la Virgen de Guadalupe no lo podría permitir pero la Santa Muerte sí lo haría”, señala.

Uno de los resultados más interesantes de esa encuesta es que 0.3 por ciento de los hogares en México que tienen un altar con motivo religioso se lo dedican a la flaca, lo que la coloca como la quinta deidad en este rubro, por debajo de la Virgen de Guadalupe (59.4 por ciento), Cristo (18.2 por ciento), un santo (11.3 por ciento) y la Virgen María.

En el caso de Kaori Mendoza, ella explica que tras la destrucción de su primera imagen de la Santa Muerte en la presa, su familia optó por rentar un local privado para evitar nuevos ataques.

“A mí no (me ha pasado que destruyan la imagen), gracias a Dios y a la Santa, la tengo en un lugar seguro, entonces sí respetan el espacio donde la tengo, pero las que están en carreteras y lugares así las siguen atacando”, detalla.

Este temor provocó que varias ciudades del país optaran por cerrar los templos de esta creencia sin otra razón más que la intolerancia religiosa.

“A mucha gente le da miedo la Santa, no tanto porque esté vinculada con el diablo, sino por su aspecto descarnado que tiene, ese es el temor de la gente. Pero yo les digo, quítense la piel, los músculos y cómo estás, tal cual como está ella, es nuestra imagen”, explica Kaori.

La devota señala que al menos en Tijuana, donde tienen su capilla ubicada en la avenida Laurel, seguirán con su vida religiosa, sobre todo ahora que la fecha más importante se aproxima, el 2 de noviembre, Día de Muertos.

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