/ miércoles 4 de agosto de 2021

Consejo de Género de la OEM: Medios deben evitar la gordofobia

Especialistas coincidieron en que la industria tiene que servir para acabar con los estereotipos corporales

Los medios de comunicación tienen que dejar atrás los estereotipos de belleza asociada a la delgadez que provocan la discriminación de las personas con sobrepeso (gordofobia) y causan frustración en la gente que no se ajusta a esos parámetros, especialmente las mujeres, coincidieron especialistas en la décima sesión del Consejo con Perspectiva de Género de la Organización Editorial Mexicana.

Presidida por su directora general editorial, Martha Ramos Sosa, la reunión del pasado jueves 29 de julio tuvo como eje temático la imagen personal y los estereotipos corporales en los medios.

➡️ Marco legal a favor de mujeres no se cumple

Patricia Gaytán Ontiveros, productora de medios audiovisuales, consideró que corresponde a la industria de la comunicación ayudar a desmitificar y acabar con los estereotipos de gordura o delgadez, que hacen sufrir a las personas que lidian con su imagen personal.

Explicó que un estereotipo es una imagen o idea que sustituye a la realidad, es decir algo que no es exacto, pero con lo que nos vamos educando en sociedad desde la cuna. Su fuerza radica en que se vuelven naturales pese a su deformación.

“Estos estereotipos son totalmente culturales, están interiorizados y tienen tanto éxito que los utilizamos sin siquiera saber que existen, como si fuera algo normal… Son tan normalizados que resulta difícil romperlos”, advirtió.

Es así que todo se ha estereotipado en la sociedad, incluyendo los cuerpos. Y el estereotipo va cargado de valores: una mujer gorda se representa como comelona, triste, amargada y fea.

“Estos estereotipos han reforzado términos como la gordofobia… Mujeres y hombres viven discriminación por tener sobrepeso, y se justifica pensando que no son saludables cuando hay personas totalmente saludables, pero su estructura corporal es de esa forma”.

Katia Ruiz Ochoa, psicoterapeuta especializada en trastornos de conductas alimentarias, aclaró que los cuerpos delgados y los gordos son normales; que hay predisposiciones genéticas hacia uno u otro lado del espectro. La celulitis es normal, la grasa acumulada en ciertas partes del cuerpo también.

La mayoría de sus pacientes con trastornos alimenticios, bulimia y anorexia principalmente, son mujeres. Estos derivan de problemas e inseguridades, pero en mucho se refuerzan por los estereotipos que ven en los medios de comunicación, que siguen un patrón de belleza occidental.

“Las adicciones y los trastornos mentales se gestan cuando el ambiente propicia eso… ¿Qué pasa en Occidente con los trastornos de la alimentación? Es porque se está hablando todo el tiempo del cuerpo”, dijo.

“Estás flaca, te ves bien”, “estás repuestita, qué te pasó”, son comentarios muy comunes que hacen daño, aun dichos con la mejor de las intenciones, a quienes no encajan con el estereotipo dominante.

Ese tipo de comentarios o de publicaciones hace que muchas personas hagan que el cuerpo se convierta en un proyecto de vida en sí mismo, no por las mejores razones de salud, sino por las del terrorismo a la figura femenina. Las pacientes sufren, se laceran.

Ruiz Ochoa compartió un dato alarmante: por cada 10 mujeres con anorexia en el mundo hay un hombre con el mismo trastorno. Antes este problema aparecía a los 15 años, pero ahora se ve desde los siete. “Ya hay niñas que están a dieta promovida por sus mamás”, alertó.

Beltrán Horisberger, periodista y activista LGBTI+, coincidió en que los medios colaboran para construir un sentido común social hostil a los que son diferentes. Basta hacer una búsqueda en Google para darse cuenta de que la delgadez se asocia con belleza y salud.

“Ser gordo no necesariamente significa estar enfermo”, señaló Horisberger, quien también posa como modelo XL en busca de romper con los parámetros de belleza dominantes.

Para alguien como él, activista, gay y gordo, las feministas han sido la llave que ha abierto el camino de la visibilización.

Apeló a que los medios expandan sus límites y su imaginario y sean empáticos, que busquen la conexión con el otro, con el distinto. Que los busquen y hagan crónicas de ellos, o que ellos mismos hablen, en primera persona, sobre qué son y cómo se sienten. Eso no pasa seguido en los medios, ni electrónicos ni impresos. No se les da voz, lamentó.

Como ejemplo presentó un video comercial de Avón, Natura y Bodyshop, que exalta las virtudes de los cuerpos no ligados a los estereotipos de belleza occidentales, cuyo slogan versa sobre “ser mucho más de lo que ves”.

Finalmente, Gabriela Ramírez, del Centro de Información ONU México y consejera permanente de la OEM, afirmó que los medios deben tomar muy en serio que reproducir estereotipos impacta en la vida de las personas. Al normalizar ideas distorsionadas se impide que estas accedan en igualdad de condiciones a hacer valer sus derechos.

“Los estereotipos bloquean nuestra capacidad crítica, pues los damos por hecho y no los cuestionamos. La discriminación nos atraviesa. No podemos seguir alimentando a las nuevas generaciones con viejos discursos. Requerimos nuevos medios para sociedades nuevas”, concluyó.

Los medios de comunicación tienen que dejar atrás los estereotipos de belleza asociada a la delgadez que provocan la discriminación de las personas con sobrepeso (gordofobia) y causan frustración en la gente que no se ajusta a esos parámetros, especialmente las mujeres, coincidieron especialistas en la décima sesión del Consejo con Perspectiva de Género de la Organización Editorial Mexicana.

Presidida por su directora general editorial, Martha Ramos Sosa, la reunión del pasado jueves 29 de julio tuvo como eje temático la imagen personal y los estereotipos corporales en los medios.

➡️ Marco legal a favor de mujeres no se cumple

Patricia Gaytán Ontiveros, productora de medios audiovisuales, consideró que corresponde a la industria de la comunicación ayudar a desmitificar y acabar con los estereotipos de gordura o delgadez, que hacen sufrir a las personas que lidian con su imagen personal.

Explicó que un estereotipo es una imagen o idea que sustituye a la realidad, es decir algo que no es exacto, pero con lo que nos vamos educando en sociedad desde la cuna. Su fuerza radica en que se vuelven naturales pese a su deformación.

“Estos estereotipos son totalmente culturales, están interiorizados y tienen tanto éxito que los utilizamos sin siquiera saber que existen, como si fuera algo normal… Son tan normalizados que resulta difícil romperlos”, advirtió.

Es así que todo se ha estereotipado en la sociedad, incluyendo los cuerpos. Y el estereotipo va cargado de valores: una mujer gorda se representa como comelona, triste, amargada y fea.

“Estos estereotipos han reforzado términos como la gordofobia… Mujeres y hombres viven discriminación por tener sobrepeso, y se justifica pensando que no son saludables cuando hay personas totalmente saludables, pero su estructura corporal es de esa forma”.

Katia Ruiz Ochoa, psicoterapeuta especializada en trastornos de conductas alimentarias, aclaró que los cuerpos delgados y los gordos son normales; que hay predisposiciones genéticas hacia uno u otro lado del espectro. La celulitis es normal, la grasa acumulada en ciertas partes del cuerpo también.

La mayoría de sus pacientes con trastornos alimenticios, bulimia y anorexia principalmente, son mujeres. Estos derivan de problemas e inseguridades, pero en mucho se refuerzan por los estereotipos que ven en los medios de comunicación, que siguen un patrón de belleza occidental.

“Las adicciones y los trastornos mentales se gestan cuando el ambiente propicia eso… ¿Qué pasa en Occidente con los trastornos de la alimentación? Es porque se está hablando todo el tiempo del cuerpo”, dijo.

“Estás flaca, te ves bien”, “estás repuestita, qué te pasó”, son comentarios muy comunes que hacen daño, aun dichos con la mejor de las intenciones, a quienes no encajan con el estereotipo dominante.

Ese tipo de comentarios o de publicaciones hace que muchas personas hagan que el cuerpo se convierta en un proyecto de vida en sí mismo, no por las mejores razones de salud, sino por las del terrorismo a la figura femenina. Las pacientes sufren, se laceran.

Ruiz Ochoa compartió un dato alarmante: por cada 10 mujeres con anorexia en el mundo hay un hombre con el mismo trastorno. Antes este problema aparecía a los 15 años, pero ahora se ve desde los siete. “Ya hay niñas que están a dieta promovida por sus mamás”, alertó.

Beltrán Horisberger, periodista y activista LGBTI+, coincidió en que los medios colaboran para construir un sentido común social hostil a los que son diferentes. Basta hacer una búsqueda en Google para darse cuenta de que la delgadez se asocia con belleza y salud.

“Ser gordo no necesariamente significa estar enfermo”, señaló Horisberger, quien también posa como modelo XL en busca de romper con los parámetros de belleza dominantes.

Para alguien como él, activista, gay y gordo, las feministas han sido la llave que ha abierto el camino de la visibilización.

Apeló a que los medios expandan sus límites y su imaginario y sean empáticos, que busquen la conexión con el otro, con el distinto. Que los busquen y hagan crónicas de ellos, o que ellos mismos hablen, en primera persona, sobre qué son y cómo se sienten. Eso no pasa seguido en los medios, ni electrónicos ni impresos. No se les da voz, lamentó.

Como ejemplo presentó un video comercial de Avón, Natura y Bodyshop, que exalta las virtudes de los cuerpos no ligados a los estereotipos de belleza occidentales, cuyo slogan versa sobre “ser mucho más de lo que ves”.

Finalmente, Gabriela Ramírez, del Centro de Información ONU México y consejera permanente de la OEM, afirmó que los medios deben tomar muy en serio que reproducir estereotipos impacta en la vida de las personas. Al normalizar ideas distorsionadas se impide que estas accedan en igualdad de condiciones a hacer valer sus derechos.

“Los estereotipos bloquean nuestra capacidad crítica, pues los damos por hecho y no los cuestionamos. La discriminación nos atraviesa. No podemos seguir alimentando a las nuevas generaciones con viejos discursos. Requerimos nuevos medios para sociedades nuevas”, concluyó.

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