/ sábado 17 de agosto de 2019

Su primer emergencia: salva a niña durante el Día de los Inocentes

Después de un servicio trágico en ambulancia, Annie supo que ser paramédico sería para toda la vida

Culiacán, Sin.- Era temprano y apenas iniciaba el turno, se respiraba una mañana fría y tranquila. El día 28 de diciembre. Un día de chistes y mentiras, pero en la sala de guardia de Cruz Roja no hay espacios para bromas. Sonó la chicharra y aquella paramédico aprendiz que apenas terminaba el curso de Técnico en Urgencias Médicas salió disparada rumbo a la emergencia.

El operador de radio les informó sobre un paciente pediátrico con posibles lesiones en la cabeza, no más. Tendrían que interceptar una patrulla de policía municipal que la trasladaba rumbo a la delegación. Ya en la esquina de Francisco Villa y Rubí avistaron la unidad y Annie bajó de la ambulancia para recoger al paciente.

Annie narra sus sensaciones ante los casos de emergencia en la ciudad.

Una mujer iba en el asiento trasero del auto patrulla con un bulto en las piernas; una pequeña niña de no más de 7 años envuelta en una toalla llena de sangre. Según la mujer que era tía de la menor, la pequeña subió al techo de su casa para recuperar un juguete, todos los familiares estaban ocupados en los preparativos de la cena de fin de año y nadie se dio cuenta que la infante resbaló en una teja y calló de cabeza al fondo de una piscina sin agua.

Annie recibió a la menor y lo primero que observó fue sangre saliendo de sus oídos, una mala señal. Cuando la levantó sintió su pequeño cráneo como un rompecabezas, todo indicaba que no había mucho que hacer. La paramédico la subió a la ambulancia para después comenzar a prepararla para su llegada al hospital, cuando intenta poner la máscara de oxígeno un reflejo de la pequeña de aventarlo con la mano le sacó una sonrisa de alivio y esa esperanza que todos los socorristas llevan en el pecho.

Annie narra sus experiencias.

Ya estable llegan al hospital donde la pequeña es atendida y llevada a quirófano. Annie se va con la sensación extraña de la primera vez en atender a un niño. Sus manos tiemblan y de sus ojos escurren lágrimas sin identificar. La emoción hace que se convierta en una fuente de sudor y baja presión, la adrenalina ya no está y su cuerpo solo quiere descansar.

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Los días pasan y la sensación de incertidumbre sigue en la paramédico, llegan las semanas y después los años. Una Annie más experimentada aún lleva la espina de aquella niña fracturada que intentó salvar y nunca supo si lo logró. En una fiesta, los asistentes le hacen la pregunta obligada a un paramédico: ¿Qué es lo más increíble que has visto? Annie cuenta su experiencia con aquella niña y todo su sentir se nota en su mirada. Al fondo del grupo, una señora se queda en un extraño silencio y le dice a la paramédico: "Annie yo conozco a esa familia, voltea para allá, ¿Ves esos niños jugando?"

Annie voltea y ve la misma carita que recuerda haber visto en aquella patrulla, sólo que ahora sonríe y juega como cualquier otro niño. Sus ojos se inundan de lágrimas, pero esta vez son de felicidad.

EMERGENCIA

  • La paramédico Annie recibe a una menor víctima de un accidente y lo primero que observa es sangre saliendo de sus oídos, una mala señal.

BIENESTAR

  • La emoción hace que se convierta en una fuente de sudor y baja presión, la adrenalina ya no está y su cuerpo solo quiere descansar.




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El operador de radio les informó sobre un paciente pediátrico con posibles lesiones en la cabeza, no más. Tendrían que interceptar una patrulla de policía municipal que la trasladaba rumbo a la delegación. Ya en la esquina de Francisco Villa y Rubí avistaron la unidad y Annie bajó de la ambulancia para recoger al paciente.

Annie narra sus sensaciones ante los casos de emergencia en la ciudad.

Una mujer iba en el asiento trasero del auto patrulla con un bulto en las piernas; una pequeña niña de no más de 7 años envuelta en una toalla llena de sangre. Según la mujer que era tía de la menor, la pequeña subió al techo de su casa para recuperar un juguete, todos los familiares estaban ocupados en los preparativos de la cena de fin de año y nadie se dio cuenta que la infante resbaló en una teja y calló de cabeza al fondo de una piscina sin agua.

Annie recibió a la menor y lo primero que observó fue sangre saliendo de sus oídos, una mala señal. Cuando la levantó sintió su pequeño cráneo como un rompecabezas, todo indicaba que no había mucho que hacer. La paramédico la subió a la ambulancia para después comenzar a prepararla para su llegada al hospital, cuando intenta poner la máscara de oxígeno un reflejo de la pequeña de aventarlo con la mano le sacó una sonrisa de alivio y esa esperanza que todos los socorristas llevan en el pecho.

Annie narra sus experiencias.

Ya estable llegan al hospital donde la pequeña es atendida y llevada a quirófano. Annie se va con la sensación extraña de la primera vez en atender a un niño. Sus manos tiemblan y de sus ojos escurren lágrimas sin identificar. La emoción hace que se convierta en una fuente de sudor y baja presión, la adrenalina ya no está y su cuerpo solo quiere descansar.

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