/ sábado 19 de septiembre de 2020

Romualdo traza su camino “en un solo pie”

La discapacidad no ha frenado el ímpetu del mazatleco, para quien las limitantes no están en una extremidad, sino en la mente

Mazatlán, Sin. - Con actitud positiva y una sonrisa en su rostro, Romualdo Lizárraga Sánchez recibe a sus clientes en su taller de bicicletas; sin pena, con soltura, de buen humor, preparado para tener una charla larga y tendida, está dispuesto a contar a todo aquel que desee escuchar, cómo salió adelante con una discapacidad física.

En una silla de ruedas o sentado en el piso, no necesita más que de sus manos y conocimientos para ponerse a trabajar. No depende de nadie, es su propio jefe; su capacidad nata para negociar y la "exclusión" que sufrió en antiguos empleos por su condición, lo llevaron a emprender su propio taller hace ocho años.

El orgullosamente nacido y criado en la colonia Constitución tenía apenas 11 meses de edad cuando accidentalmente cayó de una cama, ya había dado sus primeros pasos, pero desafortunadamente la caída le provocó una fractura en la cadera dejando inhabilitada su pierna derecha.

"Me hicieron la lucha, después de los cinco años me llevaron a la Ciudad de México, pero allá en vez de operarme el pie malo me operaron el bueno, porque según la enfermedad de este pie (fracturado) se me iba a pasar para acá (pie sano) y mi mamá reclamaba que no era enfermedad lo mío, sino una fractura", recuerda.


La familia Lizárraga Sánchez era de bajos recursos, su padre era cocinero en la Central Camionera y con lo que ganaba apenas les alcanzaba para comer, por lo que Romualdo, resignado, le pidió a su mamá que ya no lo llevara al doctor, pues estaban gastando dinero que no tenían y el diagnóstico que le daban los médicos era poco esperanzador.

Utilizaba un aparato ortopédico, pero no era suficiente para valerse por sí mismo, para ir a la escuela, su madre lo llevaba cargando y de vez en cuando sus vecinos le ayudaban.

Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán

"Los vecinos me llevaban a 'tatuchi', a los nueve años empecé a usar muletas y no sabía andar con ellas, la primera vez que me caí me fui hacia atrás y me pegué con el filo de una banqueta en la cabeza, andaba como 'alcancía', me volví a caer, cientos de veces, ¡pero de todas me levanté!", expresa.

Desde pequeño aprendió a ganarse las cosas, su primer “trabajo” fue vender “chucherías” en un puestecito en su casa y de ahí en adelante tiene una larga lista de empleos en los que se ha desempeñado. Ayudante en un taller de motocicletas, después en otro de laminado y pintura, de velador, de pulmonero y vendedor de playa son sólo algunos.

Su destreza como negociante y en parte por la condición de su pie le valieron para ganarse el apodo de “el pirata”.

Me dicen 'El pirata'' desde mi juventud, es mi sobrenombre de barrio, por mi pie y porque en toda mi vida fui negociante, vendía cueritos, refrescos, frutas.Romualdo

No todo fue "miel sobre ojuelas", a pesar de que aprendió a superar las adversidades con la mejor actitud, la discriminación y el aislamiento social estuvieron presentes en su vida.

Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán

"Saqué la secundaria y saqué primero de prepa, en aquel entonces la prepa era de dos años. Yo me subía el camión y toda la gente se me quedaba viendo, por el pie, traía muletas y la neta me daba no sé qué".

Entonces, lo que hizo para ya no exponerse más a las miradas era irse caminando desde su casa hasta la preparatoria Rubén Jaramillo, a pie a las 6:00 de la mañana y por las tardes, a la salida, se regresaba de igual forma.

Al decidir ya no continuar más con sus estudios, se buscó un empleo en un taller con un pariente suyo y cuando tenía 24 años quiso probar suerte en el llamado "sueño americano" al cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

"En el 89 me fui a Estados Unidos, a probar suerte, pero no, prefiero aquí mil veces, vi a tanta gente de mi barrio trastornados, los vi peor que como se fueron, yo salí de mi barrio con esa idea de progresar, pero no me gustó y me vine para atrás, mejor en mi Mazatlán querido".

Él tenía novia, a la que le propuso que unieran sus vidas, ella aceptó y las críticas no se hicieron esperar, ya que toda la gente pensaba que por estar mal de su pie no podía tener una pareja.

“Cuando me vine de allá (Estados Unidos) me casé, ya teníamos tres años y las cuñadas le decían: 'te va echar a perder la vida', 'no sirve para nada', mi suegra y mi suegro nunca se opusieron y hasta ahorita tenemos 31 años de matrimonio y cuatro hijos".

Te puede interesar: Sin freno, accidentes automovilísticos en Mazatlán


Andar siempre de buenas, dice, es la base de todo, desempeña su oficio con alegría y se compromete con su trabajo. Nada lo detiene, se las ingenió para andar en bicicleta, impulsándose con su pie izquierdo, como si fuese una patineta; aprendió a manejar, incluso estándar, y por si fuera poco, también sabe andar en cuatrimoto.

"Todo se puede hacer en la vida. Trataban de decirme: 'tú no puedes', de limitarme, yo les decía: 'si ustedes creen que yo no puedo necesitan calarme' y se daban cuenta que sí podía, incluso mejor que los que estaban 'enteros'.

Romualdo Lizárraga Sánchez es un experto en arreglar bicicletas. Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán


Pero cansado de que en los oficios en los que se empleaba los patrones lo excluyeron por su discapacidad, un día decidió ya no volver a trabajar para nadie más; compró una bomba de aire manual, unas cuantas herramientas y empezó a trabajar por su cuenta, poco a poco fue haciéndose de más cosas y hoy tiene su pequeño taller de bicicletas "El Pirata".

Desde entonces yo dije: 'ya no le voy a trabajar a nadie'. Le doy gracias a la gente que me dio empleo una vez, porque vieran qué difícil fue que me ofrecieran trabajo por mi condición.Romualdo

Para Romualdo, las limitantes no están en lo físico, sino en la mente, su ideal de vida es que cada quien forja su destino y en vez de no hacer nada, afronta las adversidades con optimismo y valentía.







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Mazatlán, Sin. - Con actitud positiva y una sonrisa en su rostro, Romualdo Lizárraga Sánchez recibe a sus clientes en su taller de bicicletas; sin pena, con soltura, de buen humor, preparado para tener una charla larga y tendida, está dispuesto a contar a todo aquel que desee escuchar, cómo salió adelante con una discapacidad física.

En una silla de ruedas o sentado en el piso, no necesita más que de sus manos y conocimientos para ponerse a trabajar. No depende de nadie, es su propio jefe; su capacidad nata para negociar y la "exclusión" que sufrió en antiguos empleos por su condición, lo llevaron a emprender su propio taller hace ocho años.

El orgullosamente nacido y criado en la colonia Constitución tenía apenas 11 meses de edad cuando accidentalmente cayó de una cama, ya había dado sus primeros pasos, pero desafortunadamente la caída le provocó una fractura en la cadera dejando inhabilitada su pierna derecha.

"Me hicieron la lucha, después de los cinco años me llevaron a la Ciudad de México, pero allá en vez de operarme el pie malo me operaron el bueno, porque según la enfermedad de este pie (fracturado) se me iba a pasar para acá (pie sano) y mi mamá reclamaba que no era enfermedad lo mío, sino una fractura", recuerda.


La familia Lizárraga Sánchez era de bajos recursos, su padre era cocinero en la Central Camionera y con lo que ganaba apenas les alcanzaba para comer, por lo que Romualdo, resignado, le pidió a su mamá que ya no lo llevara al doctor, pues estaban gastando dinero que no tenían y el diagnóstico que le daban los médicos era poco esperanzador.

Utilizaba un aparato ortopédico, pero no era suficiente para valerse por sí mismo, para ir a la escuela, su madre lo llevaba cargando y de vez en cuando sus vecinos le ayudaban.

Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán

"Los vecinos me llevaban a 'tatuchi', a los nueve años empecé a usar muletas y no sabía andar con ellas, la primera vez que me caí me fui hacia atrás y me pegué con el filo de una banqueta en la cabeza, andaba como 'alcancía', me volví a caer, cientos de veces, ¡pero de todas me levanté!", expresa.

Desde pequeño aprendió a ganarse las cosas, su primer “trabajo” fue vender “chucherías” en un puestecito en su casa y de ahí en adelante tiene una larga lista de empleos en los que se ha desempeñado. Ayudante en un taller de motocicletas, después en otro de laminado y pintura, de velador, de pulmonero y vendedor de playa son sólo algunos.

Su destreza como negociante y en parte por la condición de su pie le valieron para ganarse el apodo de “el pirata”.

Me dicen 'El pirata'' desde mi juventud, es mi sobrenombre de barrio, por mi pie y porque en toda mi vida fui negociante, vendía cueritos, refrescos, frutas.Romualdo

No todo fue "miel sobre ojuelas", a pesar de que aprendió a superar las adversidades con la mejor actitud, la discriminación y el aislamiento social estuvieron presentes en su vida.

Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán

"Saqué la secundaria y saqué primero de prepa, en aquel entonces la prepa era de dos años. Yo me subía el camión y toda la gente se me quedaba viendo, por el pie, traía muletas y la neta me daba no sé qué".

Entonces, lo que hizo para ya no exponerse más a las miradas era irse caminando desde su casa hasta la preparatoria Rubén Jaramillo, a pie a las 6:00 de la mañana y por las tardes, a la salida, se regresaba de igual forma.

Al decidir ya no continuar más con sus estudios, se buscó un empleo en un taller con un pariente suyo y cuando tenía 24 años quiso probar suerte en el llamado "sueño americano" al cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

"En el 89 me fui a Estados Unidos, a probar suerte, pero no, prefiero aquí mil veces, vi a tanta gente de mi barrio trastornados, los vi peor que como se fueron, yo salí de mi barrio con esa idea de progresar, pero no me gustó y me vine para atrás, mejor en mi Mazatlán querido".

Él tenía novia, a la que le propuso que unieran sus vidas, ella aceptó y las críticas no se hicieron esperar, ya que toda la gente pensaba que por estar mal de su pie no podía tener una pareja.

“Cuando me vine de allá (Estados Unidos) me casé, ya teníamos tres años y las cuñadas le decían: 'te va echar a perder la vida', 'no sirve para nada', mi suegra y mi suegro nunca se opusieron y hasta ahorita tenemos 31 años de matrimonio y cuatro hijos".

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Andar siempre de buenas, dice, es la base de todo, desempeña su oficio con alegría y se compromete con su trabajo. Nada lo detiene, se las ingenió para andar en bicicleta, impulsándose con su pie izquierdo, como si fuese una patineta; aprendió a manejar, incluso estándar, y por si fuera poco, también sabe andar en cuatrimoto.

"Todo se puede hacer en la vida. Trataban de decirme: 'tú no puedes', de limitarme, yo les decía: 'si ustedes creen que yo no puedo necesitan calarme' y se daban cuenta que sí podía, incluso mejor que los que estaban 'enteros'.

Romualdo Lizárraga Sánchez es un experto en arreglar bicicletas. Foto: Carla González │El Sol de Mazatlán


Pero cansado de que en los oficios en los que se empleaba los patrones lo excluyeron por su discapacidad, un día decidió ya no volver a trabajar para nadie más; compró una bomba de aire manual, unas cuantas herramientas y empezó a trabajar por su cuenta, poco a poco fue haciéndose de más cosas y hoy tiene su pequeño taller de bicicletas "El Pirata".

Desde entonces yo dije: 'ya no le voy a trabajar a nadie'. Le doy gracias a la gente que me dio empleo una vez, porque vieran qué difícil fue que me ofrecieran trabajo por mi condición.Romualdo

Para Romualdo, las limitantes no están en lo físico, sino en la mente, su ideal de vida es que cada quien forja su destino y en vez de no hacer nada, afronta las adversidades con optimismo y valentía.







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