/ sábado 1 de junio de 2019

Martita Arredondo,  la mujer del Congreso

Durante 57 años, ella ha resguardado parte de la historia política de Sinaloa

Culiacán, Sin.- ¡Aquí está parte de la historia política de Sinaloa…! dice una diminuta mujer, quien cuida celosamente desde hace 57 años esa historia contada en miles de hojas resguardadas en cientos de cajas.

Martita Arredondo, de las pocas mujeres, o quizá la única, que tiene el privilegio de conocer primero que cualquier político los temas que se abordarán en el Congreso del Estado, habla con entusiasmo de su trabajo, pero cuando se le pregunta por la actuación de alguno de los miles de diputados que ha tratado, ahí sí que retoba, porque una de sus grandes virtudes es la discreción.

Se mueve como pez en el agua, en el departamento de procesos legislativos, se acomoda sus lentes, asoma su cara en medio de cajas donde guarda su tesoro más preciado: decretos que datan del siglo pasado y de lo que va de este siglo.

Una mujer celosa de su deber, narra cuál es el trabajo que le apasiona: ser ojos y oídos del parlamento del estado.

Siendo “una plebe” -15 años-, como ella se describe, se inició en el Congreso del Estado, como secretaria parlamentaria y desde entonces, qué no ha visto…pero no suelta prenda.

“Ahorita no puedo hablar de muchas cosas, de anécdotas, de pleitos y de tantas historias…pero todo lo tengo escrito, por eso del Alzheimer y cuando me muera, pues ahí están a ver que hacen con ese diario”, dice en broma.

Mente privilegiada

Con más de 70 años, Martita, como le dicen de cariño, quienes la conocen, tiene una mente privilegiada, sabe quién y cuándo presentó una iniciativa y no se diga de los nombres de los legisladores, a qué legislatura pertenecieron y hasta de que municipio son.

Pero no crea que solo vigila la famosa “congeladora”, como coloquialmente le dicen los diputados al lugar donde están las iniciativas en espera de que se les dé para adelante, sino que es la que organiza las sesiones para que a las once de la mañana de cada martes y jueves, todo esté en orden.

Otro trabajo que realiza es el estar pendiente de los trámites a las iniciativas desde el día en que llegan, como es la primera lectura en el pleno hasta que la mandan a comisiones, luego si se hace dictamen, después de la discusión en el pleno, si se aprueba, ver si se publica.

Con paso parsimonioso llega al recinto legislativo el día de la sesión cargando un cartoncito donde trae el orden del día y cientos de hojas con los temas que se tratarán. Revisa la tribuna, coloca la campana, acomoda de manera minuciosa la documentación que requerirá el presidente y las dos secretarias de la Mesa Directiva y durante toda la sesión ahí está al pie del cañón, orientando, casi conduciendo y viendo cómo se comportan los legisladores.

Seguirán cambios

Sin emitir ningún juicio, mucho menos una expresión, así se estén acabando los diputados en tribuna y que a su juicio desde la 44 legislatura en que llegó a la actual: Sesenta y Tres Legislatura es un cambio radical el que se vive en estos momentos. “Y yo me adapto porque tengo esa facilidad, para mí no hay colores, el diputado es el diputado”.

“Van a seguir los cambios porque todavía están en proceso, pero ojalá que esos cambios sean en positivo, porque para eso lucharon los que ahora son mayoría. Ahorita todavía no se ven los resultados, va a tardar, pero sí va a llegar el cambio”, señala.

Dice que como nunca, los trabajadores de base los han favorecido mucho.

Ellos han sido muy beneficiados, porque los diputados de Morena traen muy en mente de apoyar a los que menos tienen, como son los que hacen la talacha, a los que hacen el aseo, a ellos les ha ido muy bien.



Los inicios

Martita se siente orgullosa de ser parte del devenir histórico del Congreso, de sus avances, recuerda que el primer día que inició sus labores fue redactar telegramas porque para poder comunicarse con los diputados de la 44 legislatura y que estaba conformada solamente por 13 diputados se hacía por esa vía y fue en la 53 legislatura cuando se conformó con 40 legisladores.

Además recuerda que la primera diputada local que tuvo Sinaloa fue Alejandra Retamosa y luego se convirtió en la primera presidenta municipal en el estado. Después llegó Aurora Arrayales y luego Vicky Vega Padilla.

“Ahora en menos de un minuto te comunicas con el diputado, hay muchas formas de estar en contacto con ellos, antes, llegaban los telegramas con retraso y a veces ni llegaban”.

Luego en 1982 organizó la primera orden del día porque solamente el presidente sabía los asuntos que se iban a tratar en la sesión.

“Está mal que yo lo diga, pero yo inventé el guión”, dice, sin embargo, no deja de reconocer que el ahora magistrado José Antonio García Becerra fue el creador de toda el área administrativa en 1993, donde nació el departamento legislativo y que desde entonces, ella lo conduce.

Su trabajo lo inició en una máquina de escribir manual, a veces, trabajaba doble porque si se equivocaba volvía a repetir. Fu el 1974 cuando llegó la máquina de escribir eléctrica y en 1992 la primera computadora.

Su llegada al Congreso del estado, fue gracias a una palanca. Ella estudió contadora privada y sus abuelos tenían la fortuna de ser compadre del diputado Juan Bautista Obeso Esquivel de Sinaloa municipio y él la introdujo a ese mundo fascinante de la política y que no sabe cuándo dejarlo e irse a su casa a descansar.

Yo estoy como la canción del último trago y nos vamos. Así en cada legislatura digo ésta es la última y aquí sigo…pero sé que el final se acerca ya y tendré que irme. Es la ley de la vida.

Estoy curtidita

Ni los gritos y sombrerazos la asustan, mucho menos los espectáculos bochornosos que a veces ofrecen los diputados porque ya tiene callo.

“Ya estoy curtida…soy muy dura para eso y a estas alturas nada de eso me asusta. Cuando toman el congreso, no pasa nada, se les baja el coraje y se acaba”, señala.

Sin embargo acepta que ahora las posturas de los diputados son más radicales, antes se abrazaban y ahora no….es diferente, pero justifica que primero el Congreso estaba liderado por un solo partido por lo que todo estaba bajo control.

Sin embargo, en 1981 cuando llegó la pluralidad al congreso, empezaron los verdaderos debates. Recuerda que los diputados del PAN eran los más aguerridos, pero sobre todo los más preparados.

El diputado Rigoberto López Alarid, -descanse en paz-, dice y se santigua, era un hombre escrupuloso, cuando iba a participar en tribuna, necesitaba que uno de los trabajadores del Congreso lo apoyara, pero no para preparar el discurso, sino para jalar un diablito “carretilla”.

“Sí…es verdad, subía a tribuna cargando un diablito con un montón de cajas y a todas les metía mano, sacaba un papel, luego otro para apoyarse…era divertido verlo con que pasión defendía lo que él creía, no eran sólo gritos, sino daba argumentos”, recuerda.

En las 19 Legislaturas que lleva, también tiene malos recuerdos, como el del ex gobernador Renato Vega Alvarado que la ignoró al ser presentada por el presidente de la Junta de Coordinación Política durante uno de sus informes: “sin voltear a verme, me saludó y se fue de paso”.

También le tocó vivir situaciones chuscas como la que le pasó al gobernador Alfonso G. Calderón ya que en pleno informe un diputado no paró de comer cacahuates y cada vez que los tronaba se escuchaba en el silencio, el gobernador volteaba, pero nunca dijo nada, todos estábamos sorprendidos y el diputado ni se inmutó.


¡Cómo no voy a darle gracias a la vida…por tanto recuerdo bonito y satisfactorio que he pasado aquí…! concluye.



Martita Arredondo

Departamento Legislativo del Congreso

Yo estoy como la canción del último trago y nos vamos. Así en cada legislatura digo ésta es la última y aquí sigo…pero sé que el final se acerca ya. Es la ley de la vida”

Culiacán, Sin.- ¡Aquí está parte de la historia política de Sinaloa…! dice una diminuta mujer, quien cuida celosamente desde hace 57 años esa historia contada en miles de hojas resguardadas en cientos de cajas.

Martita Arredondo, de las pocas mujeres, o quizá la única, que tiene el privilegio de conocer primero que cualquier político los temas que se abordarán en el Congreso del Estado, habla con entusiasmo de su trabajo, pero cuando se le pregunta por la actuación de alguno de los miles de diputados que ha tratado, ahí sí que retoba, porque una de sus grandes virtudes es la discreción.

Se mueve como pez en el agua, en el departamento de procesos legislativos, se acomoda sus lentes, asoma su cara en medio de cajas donde guarda su tesoro más preciado: decretos que datan del siglo pasado y de lo que va de este siglo.

Una mujer celosa de su deber, narra cuál es el trabajo que le apasiona: ser ojos y oídos del parlamento del estado.

Siendo “una plebe” -15 años-, como ella se describe, se inició en el Congreso del Estado, como secretaria parlamentaria y desde entonces, qué no ha visto…pero no suelta prenda.

“Ahorita no puedo hablar de muchas cosas, de anécdotas, de pleitos y de tantas historias…pero todo lo tengo escrito, por eso del Alzheimer y cuando me muera, pues ahí están a ver que hacen con ese diario”, dice en broma.

Mente privilegiada

Con más de 70 años, Martita, como le dicen de cariño, quienes la conocen, tiene una mente privilegiada, sabe quién y cuándo presentó una iniciativa y no se diga de los nombres de los legisladores, a qué legislatura pertenecieron y hasta de que municipio son.

Pero no crea que solo vigila la famosa “congeladora”, como coloquialmente le dicen los diputados al lugar donde están las iniciativas en espera de que se les dé para adelante, sino que es la que organiza las sesiones para que a las once de la mañana de cada martes y jueves, todo esté en orden.

Otro trabajo que realiza es el estar pendiente de los trámites a las iniciativas desde el día en que llegan, como es la primera lectura en el pleno hasta que la mandan a comisiones, luego si se hace dictamen, después de la discusión en el pleno, si se aprueba, ver si se publica.

Con paso parsimonioso llega al recinto legislativo el día de la sesión cargando un cartoncito donde trae el orden del día y cientos de hojas con los temas que se tratarán. Revisa la tribuna, coloca la campana, acomoda de manera minuciosa la documentación que requerirá el presidente y las dos secretarias de la Mesa Directiva y durante toda la sesión ahí está al pie del cañón, orientando, casi conduciendo y viendo cómo se comportan los legisladores.

Seguirán cambios

Sin emitir ningún juicio, mucho menos una expresión, así se estén acabando los diputados en tribuna y que a su juicio desde la 44 legislatura en que llegó a la actual: Sesenta y Tres Legislatura es un cambio radical el que se vive en estos momentos. “Y yo me adapto porque tengo esa facilidad, para mí no hay colores, el diputado es el diputado”.

“Van a seguir los cambios porque todavía están en proceso, pero ojalá que esos cambios sean en positivo, porque para eso lucharon los que ahora son mayoría. Ahorita todavía no se ven los resultados, va a tardar, pero sí va a llegar el cambio”, señala.

Dice que como nunca, los trabajadores de base los han favorecido mucho.

Ellos han sido muy beneficiados, porque los diputados de Morena traen muy en mente de apoyar a los que menos tienen, como son los que hacen la talacha, a los que hacen el aseo, a ellos les ha ido muy bien.



Los inicios

Martita se siente orgullosa de ser parte del devenir histórico del Congreso, de sus avances, recuerda que el primer día que inició sus labores fue redactar telegramas porque para poder comunicarse con los diputados de la 44 legislatura y que estaba conformada solamente por 13 diputados se hacía por esa vía y fue en la 53 legislatura cuando se conformó con 40 legisladores.

Además recuerda que la primera diputada local que tuvo Sinaloa fue Alejandra Retamosa y luego se convirtió en la primera presidenta municipal en el estado. Después llegó Aurora Arrayales y luego Vicky Vega Padilla.

“Ahora en menos de un minuto te comunicas con el diputado, hay muchas formas de estar en contacto con ellos, antes, llegaban los telegramas con retraso y a veces ni llegaban”.

Luego en 1982 organizó la primera orden del día porque solamente el presidente sabía los asuntos que se iban a tratar en la sesión.

“Está mal que yo lo diga, pero yo inventé el guión”, dice, sin embargo, no deja de reconocer que el ahora magistrado José Antonio García Becerra fue el creador de toda el área administrativa en 1993, donde nació el departamento legislativo y que desde entonces, ella lo conduce.

Su trabajo lo inició en una máquina de escribir manual, a veces, trabajaba doble porque si se equivocaba volvía a repetir. Fu el 1974 cuando llegó la máquina de escribir eléctrica y en 1992 la primera computadora.

Su llegada al Congreso del estado, fue gracias a una palanca. Ella estudió contadora privada y sus abuelos tenían la fortuna de ser compadre del diputado Juan Bautista Obeso Esquivel de Sinaloa municipio y él la introdujo a ese mundo fascinante de la política y que no sabe cuándo dejarlo e irse a su casa a descansar.

Yo estoy como la canción del último trago y nos vamos. Así en cada legislatura digo ésta es la última y aquí sigo…pero sé que el final se acerca ya y tendré que irme. Es la ley de la vida.

Estoy curtidita

Ni los gritos y sombrerazos la asustan, mucho menos los espectáculos bochornosos que a veces ofrecen los diputados porque ya tiene callo.

“Ya estoy curtida…soy muy dura para eso y a estas alturas nada de eso me asusta. Cuando toman el congreso, no pasa nada, se les baja el coraje y se acaba”, señala.

Sin embargo acepta que ahora las posturas de los diputados son más radicales, antes se abrazaban y ahora no….es diferente, pero justifica que primero el Congreso estaba liderado por un solo partido por lo que todo estaba bajo control.

Sin embargo, en 1981 cuando llegó la pluralidad al congreso, empezaron los verdaderos debates. Recuerda que los diputados del PAN eran los más aguerridos, pero sobre todo los más preparados.

El diputado Rigoberto López Alarid, -descanse en paz-, dice y se santigua, era un hombre escrupuloso, cuando iba a participar en tribuna, necesitaba que uno de los trabajadores del Congreso lo apoyara, pero no para preparar el discurso, sino para jalar un diablito “carretilla”.

“Sí…es verdad, subía a tribuna cargando un diablito con un montón de cajas y a todas les metía mano, sacaba un papel, luego otro para apoyarse…era divertido verlo con que pasión defendía lo que él creía, no eran sólo gritos, sino daba argumentos”, recuerda.

En las 19 Legislaturas que lleva, también tiene malos recuerdos, como el del ex gobernador Renato Vega Alvarado que la ignoró al ser presentada por el presidente de la Junta de Coordinación Política durante uno de sus informes: “sin voltear a verme, me saludó y se fue de paso”.

También le tocó vivir situaciones chuscas como la que le pasó al gobernador Alfonso G. Calderón ya que en pleno informe un diputado no paró de comer cacahuates y cada vez que los tronaba se escuchaba en el silencio, el gobernador volteaba, pero nunca dijo nada, todos estábamos sorprendidos y el diputado ni se inmutó.


¡Cómo no voy a darle gracias a la vida…por tanto recuerdo bonito y satisfactorio que he pasado aquí…! concluye.



Martita Arredondo

Departamento Legislativo del Congreso

Yo estoy como la canción del último trago y nos vamos. Así en cada legislatura digo ésta es la última y aquí sigo…pero sé que el final se acerca ya. Es la ley de la vida”

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