/ sábado 14 de noviembre de 2020

Luis Ochoa, pasó de vicios a pastor de Dios

El director del refugio el Buen Samaritano, relata su vida antes que el Espíritu Santo se hiciera presente en su vida

Culiacán, Sin.- Luis Ochoa sabe que la calle es peligrosa, que el vicio es una cárcel y puede ser mortal. A los 40 años, luego de una juventud disipada en las drogas, el “buen pastor” de la casa hogar El Buen Samaritano, cuenta su historia, de cómo un hombre cuarentón y sin futuro, tuvo su camino de Damasco en el que encontró a Dios, y con él la calma, y con la calma la construcción de un proyecto que ahora da atención a unas 50 almas necesitadas de ayuda.

Hoy Luis Ochoa es conocido como “El pastor”, pero en realidad es ministro por el Instituto Bíblico Eusebio Herrera de la Asamblea de Dios y técnico en administración agrícola por la Universidad de Sonora. Él, dice, vivió en Estados Unidos, tenía una vida privilegiada hasta que se involucró en drogas.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

“Me involucré en drogas desde joven y luego el tráfico y todo eso. Viví en Estados Unidos como cinco o diez años, y allá me agarraron y me metieron al bote. Fue ahí en la cárcel donde tuve una experiencia espiritual. A mí se me apareció un ángel en mi celda. Yo no creía en Dios, la verdad”, revela.

A sus 40 años fue cuando tuvo la experiencia y recibió el espíritu santo. Después de una juventud alocada y peligrosa para las reglas de la legalidad civil.

“Imagínate, mi papá me decía el “siete vicios”, imagínate. Yo me la pasaba fumando. Me drogaba día y noche, delante de quien fuera, incluso de mi mamá y mi papá”, cuenta el pastor Luis, ahora que cuenta con 64 años de edad bien repartidos, entre aquel tiempo perdido y en el que hoy se ocupa en sostener el albergue de la colonia El Barrio, al oriente de la ciudad.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

EL CAMINO DEL VICIO

Fue en Tucson, Estados Unidos, cuando lo detuvieron la primera vez, recuerda que iba en un Corvette y en ese tiempo estaba de “ilegal”, sin papeles. En una revisión al vehículo le encontraron unas semillas de mota y, por esa vez, tuvo suerte. Esa misma noche lo soltaron a él y su acompañante.

“Ahí yo prometí a la autoridad que nunca más me iban a volver a ver ahí, pero parece que yo mismo me condené, porque al poco tiempo me “agarraron”. Fue con un arma, una 357 magnum revolver y seis libras de cannabis. Como ya andaba enganchado en el vicio, llegué a una tiendita donde vendían cocaína a comprar. Siempre andaba así allá (estados unidos), tomando, fumando, drogado. Hasta en los baños del avión”, platica.

Fue después de comprar cocaína cuando lo detuvieron y llevaron a la DEA, confiscaron la mercancía y su auto.

“Yo me empecé a paniquear porque el policía decía que ya sabía todo y yo me vi al menos 20 años en el bote, empecé a pensar muchas cosas. Pagué una fianza de como dos mil dólares, me la pagó un carnal. Pero las cosas AÚN ESTABAN pendientes. Ya cuando fui a la corte, el juez me dio una fianza alta y me fue cuando de plano me fui pa’ dentro”, recuerda.

Estuvo por dos meses en un programa de drogas a manera de rehabilitación, conforme pasaron las semanas, relata, él dormía en la cárcel y salía a trabajar.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Luego Migración llegó por él para sacarlo. Pero no duró mucho libre, volvió a las celdas por un año. Pudo haber estado cinco años, por estar en libertad bajo palabra y haber incumplido. Pero lo perdonaron y estuvo un año.

Fue en Phoenix Arizona donde lo detuvieron y ahí en la prisión, tuvo su primer acercamiento con la religión.

“Allá la religión trabaja mucho en las cárceles, de hecho, en las celdas hay una biblia y en las bibliotecas. Así uno aprovechaba el tiempo, leyendo. Es así que de alguna manera Dios le llega a la gente”, expresa.

EL ENCUENTRO RELIGIOSO

“Yo estaba acostado en la litera, eran como las de la noche y estaba viendo el techo y de repente vi que el techo se desapareció. Se me apareció un ángel, ahí estaba flotando. Yo pegué un brinco en la cama y se desapareció la visión. A los días, mientras dormía, sentí que algo, como una miel, entraba a mi cuerpo, mi sangre se volvía espesa y escuché una voz que me dijo: soy el espíritu santo. Me lo dijo dos veces, y me asusté, me moví y desperté y ya no sentí nada”, asegura.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Puedes leer: El buen samaritano ,¡Aquí vivimos de la misericordia de Dios!

Ese fue el parteaguas para que las adicciones ya no fueran una opción para el pastor Luis.

Asegura que fue como si el cáncer se hubiera marchado de un enfermo. Su percepción de la vida cambió totalmente y al regresar a México ya en libertad, su vida religiosa comenzó a construirse.

“Me dieron 20 años para no volver al otro lado. Volví a Culiacán y no niego que quise volver al vicio, pero no me sabía. Ya no me agradaba eso, ya no supo; me sentía mal. Dos meses después, con un amigo que trabajaba en Radio UAS, conocí a una “hermana” que me invitó a la religión”, dice, el pastor.

Poco a poco se fue adentrando a los estudios bíblicos, luego de jornadas profesando. En 1995 es cuando formalmente comenzó su formación como Ministro.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

EL BUEN SAMARITANO

El refugio que desde hace 20 años ha albergado personas en situación de calle, drogas y violencia; era originalmente un espacio para construir un templo. Sin embargo, el giro principal del lugar se volvió en una casa de rescate para todos y todas aquellas que no tienen a donde ir.

En el lugar se realizan cursos religiosos y esperan pronto construir un templo de material y, hoy en día, aunque no viste de túnica, sus “hermanos”, saben que el Espíritu Santo, lo acompaña.



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Culiacán, Sin.- Luis Ochoa sabe que la calle es peligrosa, que el vicio es una cárcel y puede ser mortal. A los 40 años, luego de una juventud disipada en las drogas, el “buen pastor” de la casa hogar El Buen Samaritano, cuenta su historia, de cómo un hombre cuarentón y sin futuro, tuvo su camino de Damasco en el que encontró a Dios, y con él la calma, y con la calma la construcción de un proyecto que ahora da atención a unas 50 almas necesitadas de ayuda.

Hoy Luis Ochoa es conocido como “El pastor”, pero en realidad es ministro por el Instituto Bíblico Eusebio Herrera de la Asamblea de Dios y técnico en administración agrícola por la Universidad de Sonora. Él, dice, vivió en Estados Unidos, tenía una vida privilegiada hasta que se involucró en drogas.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

“Me involucré en drogas desde joven y luego el tráfico y todo eso. Viví en Estados Unidos como cinco o diez años, y allá me agarraron y me metieron al bote. Fue ahí en la cárcel donde tuve una experiencia espiritual. A mí se me apareció un ángel en mi celda. Yo no creía en Dios, la verdad”, revela.

A sus 40 años fue cuando tuvo la experiencia y recibió el espíritu santo. Después de una juventud alocada y peligrosa para las reglas de la legalidad civil.

“Imagínate, mi papá me decía el “siete vicios”, imagínate. Yo me la pasaba fumando. Me drogaba día y noche, delante de quien fuera, incluso de mi mamá y mi papá”, cuenta el pastor Luis, ahora que cuenta con 64 años de edad bien repartidos, entre aquel tiempo perdido y en el que hoy se ocupa en sostener el albergue de la colonia El Barrio, al oriente de la ciudad.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

EL CAMINO DEL VICIO

Fue en Tucson, Estados Unidos, cuando lo detuvieron la primera vez, recuerda que iba en un Corvette y en ese tiempo estaba de “ilegal”, sin papeles. En una revisión al vehículo le encontraron unas semillas de mota y, por esa vez, tuvo suerte. Esa misma noche lo soltaron a él y su acompañante.

“Ahí yo prometí a la autoridad que nunca más me iban a volver a ver ahí, pero parece que yo mismo me condené, porque al poco tiempo me “agarraron”. Fue con un arma, una 357 magnum revolver y seis libras de cannabis. Como ya andaba enganchado en el vicio, llegué a una tiendita donde vendían cocaína a comprar. Siempre andaba así allá (estados unidos), tomando, fumando, drogado. Hasta en los baños del avión”, platica.

Fue después de comprar cocaína cuando lo detuvieron y llevaron a la DEA, confiscaron la mercancía y su auto.

“Yo me empecé a paniquear porque el policía decía que ya sabía todo y yo me vi al menos 20 años en el bote, empecé a pensar muchas cosas. Pagué una fianza de como dos mil dólares, me la pagó un carnal. Pero las cosas AÚN ESTABAN pendientes. Ya cuando fui a la corte, el juez me dio una fianza alta y me fue cuando de plano me fui pa’ dentro”, recuerda.

Estuvo por dos meses en un programa de drogas a manera de rehabilitación, conforme pasaron las semanas, relata, él dormía en la cárcel y salía a trabajar.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Luego Migración llegó por él para sacarlo. Pero no duró mucho libre, volvió a las celdas por un año. Pudo haber estado cinco años, por estar en libertad bajo palabra y haber incumplido. Pero lo perdonaron y estuvo un año.

Fue en Phoenix Arizona donde lo detuvieron y ahí en la prisión, tuvo su primer acercamiento con la religión.

“Allá la religión trabaja mucho en las cárceles, de hecho, en las celdas hay una biblia y en las bibliotecas. Así uno aprovechaba el tiempo, leyendo. Es así que de alguna manera Dios le llega a la gente”, expresa.

EL ENCUENTRO RELIGIOSO

“Yo estaba acostado en la litera, eran como las de la noche y estaba viendo el techo y de repente vi que el techo se desapareció. Se me apareció un ángel, ahí estaba flotando. Yo pegué un brinco en la cama y se desapareció la visión. A los días, mientras dormía, sentí que algo, como una miel, entraba a mi cuerpo, mi sangre se volvía espesa y escuché una voz que me dijo: soy el espíritu santo. Me lo dijo dos veces, y me asusté, me moví y desperté y ya no sentí nada”, asegura.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Puedes leer: El buen samaritano ,¡Aquí vivimos de la misericordia de Dios!

Ese fue el parteaguas para que las adicciones ya no fueran una opción para el pastor Luis.

Asegura que fue como si el cáncer se hubiera marchado de un enfermo. Su percepción de la vida cambió totalmente y al regresar a México ya en libertad, su vida religiosa comenzó a construirse.

“Me dieron 20 años para no volver al otro lado. Volví a Culiacán y no niego que quise volver al vicio, pero no me sabía. Ya no me agradaba eso, ya no supo; me sentía mal. Dos meses después, con un amigo que trabajaba en Radio UAS, conocí a una “hermana” que me invitó a la religión”, dice, el pastor.

Poco a poco se fue adentrando a los estudios bíblicos, luego de jornadas profesando. En 1995 es cuando formalmente comenzó su formación como Ministro.

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