/ sábado 24 de octubre de 2020

Las batallas de la doctora Montoya

Para luchar contra el Covid-19, Idriz Montoya todo los días se encomienda a Dios: “padre, cuídame, protégeme, bendíceme”

Culiacán, Sin.- En la pandemia provocada por el Covid-19, “esto es el virus contra todos y hay que seguir luchando contra él”, asegura la doctora general, Idriz Montoya Ramos, de 47 años, a ocho meses de entrar en batalla directa contra el virus desde su trinchera como médico de primer contacto en el consultorio de una farmacia particular.

Para esa batalla contra el coronavirus, la doctora todo los días se encomienda a Dios: “padre, cuídame, protégeme, bendíceme”.

Foto: Cortesía │ Idriz Montoya

Antes de iniciar su turno se prepara en casa con su equipo de protección que ahora ya forma parte de su uniforme, la doctora Montoya reafirma su pasión y dedicación a la medicina, al seguir firme en una contingencia sanitaria en la que todavía no se ve la luz al final del túnel.

Desde hace nueve años, Idriz se ha ganado reputación entre sus pacientes como una doctora atenta al diagnóstico y seguimiento de quienes llegan con todo tipo de padecimiento. Para ella es más satisfactorio el trabajar en un consultorio que en un hospital, por el acercamiento que tiene con las familias.

De marzo a octubre ha sido toda una travesía su profesión, al ganarse el nombramiento de integrante del ejército blando y aunque nunca estuvo buscando esta categoría, asegura que esto es lo de menos.

“Lo importante es estar en la batalla contra el virus y que cada día haya más personas sanas y exista menos letalidad”.

Foto: Archivo │El Sol de Sinaloa

Su panorama como médico general tuvo un giro drástico a principios de año, cuando se veían venir los contagios desde China, momento clave en el que la doctora Montoya empezó a buscar todo tipo de investigaciones y protocolos para estar preparada cuando el virus llegara a Culiacán.

Fecha que llegó más rápido de lo pensado, por una persona que en sus viajes de negocios pasó por Europa y llegó a Sinaloa, trayendo el coronavirus a un estado que no estaba del cien por ciento prevenido y mientras los hospitales se iban llenando, el pequeño consultorio era visitado por pacientes que se resistían ir a un nosocomio.

“Pero una cosa es saber a lo que vamos a enfrentarnos y otra cosa muy diferente es ya vivirla y enfrentarla, porque estamos ante una pandemia y no sabíamos de cierta manera ningún médico como nos iba a tocar a vivirla”, reconoció.

De marzo a julio, la batalla para la doctora Montoya tuvo su pico máximo en la primera fase de la pandemia, atendiendo a un sinfín de pacientes que llegaban con síntomas relacionados con la enfermedad. Desde las 2:30 hasta casi las 21:00 horas, el diagnostico era “Covid-19” en el 90 por ciento de las personas que acudían a consulta.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Lee aquí: Sinaloa registra leve repunte en contagios Covid-19

En sus primeras dos semanas en la batalla, con el desconocimiento de cómo iba a evolucionar la contingencia sanitaria y las represalias que tendría en su persona, la doctora tuvo la misma reacción que sus colegas: terror de contagiarse y morir, perdiendo el sueño por días, hasta que logró equilibrar la situación con la seguridad de aplicar medidas preventivas.

“Le entra a uno la psicosis del miedo y el pánico, pero uno empieza como persona, como ser humano, a fortalecerse y hacer a un lado el pánico y transformarlo, es bueno tener miedo, sí, pero hay que transformar ese miedo con la valentía, saber que se tiene que hacer y cómo me tengo que proteger”, expresó.

Con cada vez más pacientes covid, los protocolos se fueron reforzando, primero, a su uniforme se le incluyó un cubrebocas, lentes, careta y vestimenta que la cubriera por completo y después no se permitió a los pacientes estar en la pequeña sala de espera, se instaló un tapete sanitizante, se limpia el consultorio cada tercer paciente y se sanitiza por completo una vez por semana.

Ahora que en las consultas el 40 por ciento de los pacientes son sospechosos de coronavirus, la doctora Montoya recuerda como en un principio las personas eran renuentes a los diagnósticos y aseguraban tener otra enfermedad, pero al hacerse los estudios, el miedo de contagiar a un familiar se hacía latente, sumando a su trabajo la labor de convencimiento.

Foto: Archivo │El Sol de Sinaloa

“Entre la consciencia de hablarle de la enfermedad, la consciencia de cómo tiene que llevar el seguimiento, la consciencia de mantener un equilibrio emocional y de salud, porque eso es muy importante, el virus puede ser muy amigo o puede ser muy enemigo y puede avanzar muy rápido”, precisó.

Por ocho meses, el mantra de la doctora ha sido “padre, cuídame, protégeme, bendíceme”, por no saber el día en que el coronavirus iba a llegar a su vida y ahora a tres meses de haberse contagiado, la oración lo repite para no reinfectarse.

“Mi temor era ese, si en el momento que me fuera a tocar, porque sabía que me iba tocar, o estoy en la cuerda todavía de reinfección, como va a actuar el virus contra mí”, explicó.

Entre sus victorias, está que hasta el momento todos sus pacientes (desde adolescentes hasta adultos mayores) han ganado la batalla contra el coronavirus y un simple “gracias” se ha convertido en su principal motor.

Foto: Cortesía | @Drefrenencinastorres

“Creo que es la satisfacción más grande, porque reitero lo que todo mundo decimos a nivel de salud, en el área médica, esto es el virus contra todos y hay que seguir luchando contra él”, subrayó.

La travesía de la doctora Montoya aún no ha terminado y al estar insistente en que continuará salvando vidas, cada uno de sus logros los lleva en el corazón, como algo intimo que comparte con su esposo, hijas y padres, quienes la han alentado a seguir luchando contra el coronavirus.



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Culiacán, Sin.- En la pandemia provocada por el Covid-19, “esto es el virus contra todos y hay que seguir luchando contra él”, asegura la doctora general, Idriz Montoya Ramos, de 47 años, a ocho meses de entrar en batalla directa contra el virus desde su trinchera como médico de primer contacto en el consultorio de una farmacia particular.

Para esa batalla contra el coronavirus, la doctora todo los días se encomienda a Dios: “padre, cuídame, protégeme, bendíceme”.

Foto: Cortesía │ Idriz Montoya

Antes de iniciar su turno se prepara en casa con su equipo de protección que ahora ya forma parte de su uniforme, la doctora Montoya reafirma su pasión y dedicación a la medicina, al seguir firme en una contingencia sanitaria en la que todavía no se ve la luz al final del túnel.

Desde hace nueve años, Idriz se ha ganado reputación entre sus pacientes como una doctora atenta al diagnóstico y seguimiento de quienes llegan con todo tipo de padecimiento. Para ella es más satisfactorio el trabajar en un consultorio que en un hospital, por el acercamiento que tiene con las familias.

De marzo a octubre ha sido toda una travesía su profesión, al ganarse el nombramiento de integrante del ejército blando y aunque nunca estuvo buscando esta categoría, asegura que esto es lo de menos.

“Lo importante es estar en la batalla contra el virus y que cada día haya más personas sanas y exista menos letalidad”.

Foto: Archivo │El Sol de Sinaloa

Su panorama como médico general tuvo un giro drástico a principios de año, cuando se veían venir los contagios desde China, momento clave en el que la doctora Montoya empezó a buscar todo tipo de investigaciones y protocolos para estar preparada cuando el virus llegara a Culiacán.

Fecha que llegó más rápido de lo pensado, por una persona que en sus viajes de negocios pasó por Europa y llegó a Sinaloa, trayendo el coronavirus a un estado que no estaba del cien por ciento prevenido y mientras los hospitales se iban llenando, el pequeño consultorio era visitado por pacientes que se resistían ir a un nosocomio.

“Pero una cosa es saber a lo que vamos a enfrentarnos y otra cosa muy diferente es ya vivirla y enfrentarla, porque estamos ante una pandemia y no sabíamos de cierta manera ningún médico como nos iba a tocar a vivirla”, reconoció.

De marzo a julio, la batalla para la doctora Montoya tuvo su pico máximo en la primera fase de la pandemia, atendiendo a un sinfín de pacientes que llegaban con síntomas relacionados con la enfermedad. Desde las 2:30 hasta casi las 21:00 horas, el diagnostico era “Covid-19” en el 90 por ciento de las personas que acudían a consulta.

Foto: Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

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En sus primeras dos semanas en la batalla, con el desconocimiento de cómo iba a evolucionar la contingencia sanitaria y las represalias que tendría en su persona, la doctora tuvo la misma reacción que sus colegas: terror de contagiarse y morir, perdiendo el sueño por días, hasta que logró equilibrar la situación con la seguridad de aplicar medidas preventivas.

“Le entra a uno la psicosis del miedo y el pánico, pero uno empieza como persona, como ser humano, a fortalecerse y hacer a un lado el pánico y transformarlo, es bueno tener miedo, sí, pero hay que transformar ese miedo con la valentía, saber que se tiene que hacer y cómo me tengo que proteger”, expresó.

Con cada vez más pacientes covid, los protocolos se fueron reforzando, primero, a su uniforme se le incluyó un cubrebocas, lentes, careta y vestimenta que la cubriera por completo y después no se permitió a los pacientes estar en la pequeña sala de espera, se instaló un tapete sanitizante, se limpia el consultorio cada tercer paciente y se sanitiza por completo una vez por semana.

Ahora que en las consultas el 40 por ciento de los pacientes son sospechosos de coronavirus, la doctora Montoya recuerda como en un principio las personas eran renuentes a los diagnósticos y aseguraban tener otra enfermedad, pero al hacerse los estudios, el miedo de contagiar a un familiar se hacía latente, sumando a su trabajo la labor de convencimiento.

Foto: Archivo │El Sol de Sinaloa

“Entre la consciencia de hablarle de la enfermedad, la consciencia de cómo tiene que llevar el seguimiento, la consciencia de mantener un equilibrio emocional y de salud, porque eso es muy importante, el virus puede ser muy amigo o puede ser muy enemigo y puede avanzar muy rápido”, precisó.

Por ocho meses, el mantra de la doctora ha sido “padre, cuídame, protégeme, bendíceme”, por no saber el día en que el coronavirus iba a llegar a su vida y ahora a tres meses de haberse contagiado, la oración lo repite para no reinfectarse.

“Mi temor era ese, si en el momento que me fuera a tocar, porque sabía que me iba tocar, o estoy en la cuerda todavía de reinfección, como va a actuar el virus contra mí”, explicó.

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