/ sábado 22 de enero de 2022

Justino, el rostro de la penuria y precariedad

“Tino”, como le gusta que le digan, perdió familia, trabajo y ahora deambula por la calle y cuando tiene hambre

Culiacán Sin.- El Covid-19 no sólo está provocando enfermedad y muerte, sino que está dejando una estela de pobreza, donde muchos sinaloenses han perdido su trabajo, lo que ha ocasionado que algunos se hayan sumido en la depresión, llevándolos incluso a la mendicidad.

Tal es el caso de Justino Ávila Pérez, quien a sus 42 años, aunque aparenta más, un día se vio en la calle, sin familia, sin trabajo y con el estómago vacío, así Justino encarna el rostro de la penuria que deja la pandemia en México.

Foto: Irene Medrano Villanueva | El Sol de Sinaloa

Con la cara pegada al cristal de un restaurante donde se exhiben ricas viandas Tino, como le gusta que le digan, se relame sus labios, la mirada desanimada, sueña tener aunque sea un pedazo de tortilla.

Al ser entrevistado, narra que hasta principios del 2020, la vida le sonreía, tenía una familia compuesta por su madre, su esposa y tres hijos, pero que en Julio le cambió por completo su situación.

¡Yo contagié a mi familia de Covid-19! exclama, su rostro le cambia, si antes su mirada estaba perdida, ahora, se le ve llena de dolor al contar su historia.

El, primero era maestro de español en un colegio particular, estudió letras españolas, empezó a formar una familia al casarse con Brenda, una mujer hermosa, como la describe, de ese enlace tuvo dos hijos: Brando de 17 años y Marisol de 14 años.

UNA VIDA DIFÍCIL

Desde pequeño empezó a trabajar, le ayudaba a su padre en un taller mecánico, le gustaba armar y desarmar carros, pero no era lo suyo, la lectura era su pasión, su padre lo apoyo y se fue a la ciudad de México a cumplir su sueño, así se recibió de licenciado en letras españolas, trabajó unos años en una universidad privada, luego se vino a Culiacán y se empleó en un colegio particular, sin embargo, en el 2018 lo recortaron.

“Me quedé desempleado, sin seguridad social, pero no me preocupé tanto, me dije, voy a buscar trabajo de mecánico por un tiempo para honrar la memoria de mi padre, al principio, no me querían dar chamba, me veían muy fifí, sin embargo, un amigo de mi padre confió en mí y ahí demostré que si era buen mecánico”, recuerda.

Siguió sin seguridad social, pero ganando mejor que como maestro, así llegó el 2020, con el Covid-19, recuerda que al principio no tomaba muy en serio todo lo relacionado a la pandemia, hasta que empezaron a enfermarse amigos, conocidos y en julio le llegó la desgracia.

“De la familia, el primero que se contagió fui yo, luego mi madre, mi esposa, a las dos yo las tuve que llevar a una al ISSSTE, a la otra al Hospital General, fue la última vez que las vi, mis hijos me pedían que no lo hiciera, pero yo no podía atenderlas, estaba enfermo, como pude, salí adelante, pero mis dos amores no lograron salir adelante, se me murieron”, dice llorando.

La vida le había cambiado por completo, pero la desgracia no terminó ahí. Sus hijos lo culparon de la muerte de su madre y abuela, además se quedó nuevamente desempleado.

“Mis hijos me odian, no me perdonaron que hubiese llevado a su madre y abuela a un hospital, porque según ellos, quien entra a un nosocomio, ya no sale, muere solo, eso les quedó en la mente, me veían y me corrían de casa, cada vez que podían, no perdían la oportunidad de decirme que mejor me hubiese muerto yo, la vida era imposible, luego, me desocuparon del taller, porque lo cerraron por la pandemia”, narra.

COMIENZA EL VIACRUSIS

Tino empezó a deambular por las calles, porque un día sus hijos ya no le permitieron entrar a su casa.

“Mis hijos me veían como un inútil, acepté que ya no me permitieran entrar al hogar que con tanto amor formamos mi mujer y yo. Ya no quise causarles más dolor a mis hijos, porque nada más me veían y recordaban a su madre, a diario era una tragedia, tragedia de la que yo soy responsable, nadie más”.

La calle, la hizo su hogar, sin dinero, sin familia y hasta sin amigos, ahora duerme donde puede.

Recuerda que tenía un amigo, le pidió apoyo para el sepelio de su familia y se lo negó, desde entonces, ya no lo buscó.

“Mis amigos, son los perros callejeros. Antes de que mis hijos me corrieran, intenté buscar trabajo, en escuelas, en talleres mecánicos, pero nada, la pandemia me hundió: acabó con mi familia y mis ideales, ahora, sólo espero que Dios se apiade de mí, ya no tengo ilusiones, ya no tengo vida…”, dice con una profunda tristeza.

Ahora deambula por la calle, arrastrando su tragedia, apenas sí levanta los pies para caminar, donde puede se detiene, pasa largas horas observando los carros, la gente, siempre buscando estar lo más lejos posible.

Un día come, otras veces sólo saborea lo que ve en los aparadores, aunque asegura que por la tristeza que carga, no tiene hambre.

“Con ver una hamburguesa en el aparador se sacia mi hambre”, señala esbozando una leve sonrisa.

Tino a veces va a formarse en las filas del templo del Carmen donde le regalan un desayuno, pero dice que todavía se ruboriza.

"Nunca había pedido comida, por eso voy pocas veces", explica abochornado.

LO QUE DICE EL INEGI

Así como Tino, durante el mes de noviembre del 2021 al menos 2.1 millones de mexicanos estuvieron desempleados, de acuerdo al Inegi.

Asimismo Sinaloa es uno de los trece estados donde la pobreza disminuyó y ocupa el cuarto lugar entre las entidades con mayor reducción en el porcentaje de pobreza, pero la pobreza extrema aumentó.

Así, el porcentaje de personas en situación de pobreza en la entidad en 2018 era de 31% y el año pasado fue de 28.1%, lo que significa que 74 mil 100 sinaloenses menos vivieron en esta condición. También la pobreza moderada bajó, al pasar de 28.8% a 25.6%, es decir, de 862mil 300 a 779mil 900 personas, sin embargo, la pobreza extrema en la entidad sí creció de 2.2% a 2.4% y pasó de 65 mil 600 a 73 mil900 personas en esta condición.

La pandemia me hundió: acabó con mi familia y mis ideales, ahora, sólo espero que Dios se apiade de mí, ya no tengo ilusiones, ya no tengo vida.

Justino, Víctima de la pandemia

POBREZA

Aunque en Sinaloa la pobreza bajó unos puntos porcentuales, el Inegi no tiene datos de los estragos de esta cuarta ola de Covid-19.




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Tal es el caso de Justino Ávila Pérez, quien a sus 42 años, aunque aparenta más, un día se vio en la calle, sin familia, sin trabajo y con el estómago vacío, así Justino encarna el rostro de la penuria que deja la pandemia en México.

Foto: Irene Medrano Villanueva | El Sol de Sinaloa

Con la cara pegada al cristal de un restaurante donde se exhiben ricas viandas Tino, como le gusta que le digan, se relame sus labios, la mirada desanimada, sueña tener aunque sea un pedazo de tortilla.

Al ser entrevistado, narra que hasta principios del 2020, la vida le sonreía, tenía una familia compuesta por su madre, su esposa y tres hijos, pero que en Julio le cambió por completo su situación.

¡Yo contagié a mi familia de Covid-19! exclama, su rostro le cambia, si antes su mirada estaba perdida, ahora, se le ve llena de dolor al contar su historia.

El, primero era maestro de español en un colegio particular, estudió letras españolas, empezó a formar una familia al casarse con Brenda, una mujer hermosa, como la describe, de ese enlace tuvo dos hijos: Brando de 17 años y Marisol de 14 años.

UNA VIDA DIFÍCIL

Desde pequeño empezó a trabajar, le ayudaba a su padre en un taller mecánico, le gustaba armar y desarmar carros, pero no era lo suyo, la lectura era su pasión, su padre lo apoyo y se fue a la ciudad de México a cumplir su sueño, así se recibió de licenciado en letras españolas, trabajó unos años en una universidad privada, luego se vino a Culiacán y se empleó en un colegio particular, sin embargo, en el 2018 lo recortaron.

“Me quedé desempleado, sin seguridad social, pero no me preocupé tanto, me dije, voy a buscar trabajo de mecánico por un tiempo para honrar la memoria de mi padre, al principio, no me querían dar chamba, me veían muy fifí, sin embargo, un amigo de mi padre confió en mí y ahí demostré que si era buen mecánico”, recuerda.

Siguió sin seguridad social, pero ganando mejor que como maestro, así llegó el 2020, con el Covid-19, recuerda que al principio no tomaba muy en serio todo lo relacionado a la pandemia, hasta que empezaron a enfermarse amigos, conocidos y en julio le llegó la desgracia.

“De la familia, el primero que se contagió fui yo, luego mi madre, mi esposa, a las dos yo las tuve que llevar a una al ISSSTE, a la otra al Hospital General, fue la última vez que las vi, mis hijos me pedían que no lo hiciera, pero yo no podía atenderlas, estaba enfermo, como pude, salí adelante, pero mis dos amores no lograron salir adelante, se me murieron”, dice llorando.

La vida le había cambiado por completo, pero la desgracia no terminó ahí. Sus hijos lo culparon de la muerte de su madre y abuela, además se quedó nuevamente desempleado.

“Mis hijos me odian, no me perdonaron que hubiese llevado a su madre y abuela a un hospital, porque según ellos, quien entra a un nosocomio, ya no sale, muere solo, eso les quedó en la mente, me veían y me corrían de casa, cada vez que podían, no perdían la oportunidad de decirme que mejor me hubiese muerto yo, la vida era imposible, luego, me desocuparon del taller, porque lo cerraron por la pandemia”, narra.

COMIENZA EL VIACRUSIS

Tino empezó a deambular por las calles, porque un día sus hijos ya no le permitieron entrar a su casa.

“Mis hijos me veían como un inútil, acepté que ya no me permitieran entrar al hogar que con tanto amor formamos mi mujer y yo. Ya no quise causarles más dolor a mis hijos, porque nada más me veían y recordaban a su madre, a diario era una tragedia, tragedia de la que yo soy responsable, nadie más”.

La calle, la hizo su hogar, sin dinero, sin familia y hasta sin amigos, ahora duerme donde puede.

Recuerda que tenía un amigo, le pidió apoyo para el sepelio de su familia y se lo negó, desde entonces, ya no lo buscó.

“Mis amigos, son los perros callejeros. Antes de que mis hijos me corrieran, intenté buscar trabajo, en escuelas, en talleres mecánicos, pero nada, la pandemia me hundió: acabó con mi familia y mis ideales, ahora, sólo espero que Dios se apiade de mí, ya no tengo ilusiones, ya no tengo vida…”, dice con una profunda tristeza.

Ahora deambula por la calle, arrastrando su tragedia, apenas sí levanta los pies para caminar, donde puede se detiene, pasa largas horas observando los carros, la gente, siempre buscando estar lo más lejos posible.

Un día come, otras veces sólo saborea lo que ve en los aparadores, aunque asegura que por la tristeza que carga, no tiene hambre.

“Con ver una hamburguesa en el aparador se sacia mi hambre”, señala esbozando una leve sonrisa.

Tino a veces va a formarse en las filas del templo del Carmen donde le regalan un desayuno, pero dice que todavía se ruboriza.

"Nunca había pedido comida, por eso voy pocas veces", explica abochornado.

LO QUE DICE EL INEGI

Así como Tino, durante el mes de noviembre del 2021 al menos 2.1 millones de mexicanos estuvieron desempleados, de acuerdo al Inegi.

Asimismo Sinaloa es uno de los trece estados donde la pobreza disminuyó y ocupa el cuarto lugar entre las entidades con mayor reducción en el porcentaje de pobreza, pero la pobreza extrema aumentó.

Así, el porcentaje de personas en situación de pobreza en la entidad en 2018 era de 31% y el año pasado fue de 28.1%, lo que significa que 74 mil 100 sinaloenses menos vivieron en esta condición. También la pobreza moderada bajó, al pasar de 28.8% a 25.6%, es decir, de 862mil 300 a 779mil 900 personas, sin embargo, la pobreza extrema en la entidad sí creció de 2.2% a 2.4% y pasó de 65 mil 600 a 73 mil900 personas en esta condición.

La pandemia me hundió: acabó con mi familia y mis ideales, ahora, sólo espero que Dios se apiade de mí, ya no tengo ilusiones, ya no tengo vida.

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