/ sábado 21 de marzo de 2020

En Tepuche sigue el fantasma de la guerra

Tras manifestaciones sociales, el pueblo de Agua Caliente vive bajo una calma prestada con posible fecha de expiración

Culiacán, Sin. - Salimos temprano de la Loma de Rodriguera hacia el pueblo de Agua Caliente, en Tepuche. Hace 10 días que la gente se hartó y se asqueó de la violencia del narco, y se levantaron como la Fuerza Comunitaria Rural; para defenderse de los sicarios, pues.

La carretera es recta y monótona, el automóvil negro iba a paso normal dejando pasar a sus flancos marisquerías y talleres automotrices; una pequeña parte discordante del Centro de Culiacán que está a diez minutos al sur. Estelas de polvo marcadas por motocicletas ciento cincuenta, de las verdes, iban escoltando el auto que avisaba que íbamos "pa'rriba".

Entre más avanzábamos más cenotafios se asomaban de las orillas: "Falleció Miguel Bejarano el día 13 de diciembre del 2010" rezaba un cubo de ladrillos enmontados y olvidados. Un nombre más a la estadística de la guerra de hace una década, esa guerra que parió a la nueva generación de soldados apócrifos que nos seguían los pasos.

Cuando llegamos a la "Y" donde mataron a Pedro Avilez, bajé a tomarle foto al cenotafio que está junto a la carretera. Un bote de Tecate light a medio tomar estaba en el suelo y al fondo la manta con un caballo negro relinchando; el trágico culto a la primera leyenda popular de la narcocultura.

Doscientos metros después un humilde retén de municipales nos hizo señales para orillarnos.

-¿Pa' donde van, plebes? -Preguntó, el oficial.

-Somos periodistas, vamos para Agua Caliente, jefe.

- ¿Van para allá? Cuestionó sorprendido el robusto brazo de la ley.

Su rostro de sorpresa fue más cómico de que de preocupación, pero la pregunta obligada fue que, si como estaban las cosas allá, que, si estaban calientes, pues.

-No, todo tranquilo. Acaban de pasar los militares hace rato, allá los van a ver, dijo.

-Sale pues, muchas gracias, cuídense mucho, les dije.

UNA APARENTE CALMA

En la entrada del poblado estaba el letrero gigante que avisaba sobre la creación de las Fuerzas Comunitarias Rurales, además de una manta que prohibía el secuestro, extorsión, homicidio y toda clase de abusos. A los flancos unos pilares de cemento aún fresco detenían un cable de metal grueso que funge como reten para automóviles no deseados.

Una semana después de los hechos violentos en el Tepuche, el poblado de Agua Caliente tomó su derecho a la autodefensa y organizados pidieron apoyo federal del ejército para plantar una base de protección. Presuntamente se instalarían en las trincheras instaladas en cada entrada del pueblo y según sus habitantes no ha sido totalmente así.

Las cosas han estado tranquilas, los soldados pasan en la mañana y en la noche. Ya no se han visto personas armadas, pero eso de encerrar el pueblo es contraproducente, así como nadie entra, tampoco nadie sale.

Encargada de un abarrote.

Otros habitantes se limitaban a responder con monosílabos a mis preguntas. Que si ha visto soldados, que si ha visto sicarios: nada. Si... no... Personas acostumbradas al hermetismo de la narco violencia. Niños que crecieron pisando casquillos mientras mitoteaban frente a la camioneta de lujo balaceada. Ahora adolescentes curtidos sin capacidad de asombro y resignados a medio vivir esquivando balas.

Una de las voceras de la FCR dijo que después de diez días de haberse levantado no se han presentado problemas. Incluso que se han instalado cámaras de vigilancia conectadas al C4 y los patrullajes son todo el día. Sin embargo, en el recorrido no encontré ninguna cámara, ninguna patrulla y si más dudas que respuestas.

Dimos la vuelta al pueblo en busca de más información, pero todo era polvo y hermetismo. Un perro descolorido cuidaba la entrada de una tortillería donde una cartulina pedía no entrar en motocicleta, me llamó la atención y al preguntar me dijeron que era para no ensuciar y ese perro no debería estar allí. Al igual que nosotros, así que nos fuimos, con poca información y la sensación constante de ser observados.

De salida pasé a ver las trincheras olvidadas y vacías. Botes de cerveza y platos de comida a medio comer daban fe de que al menos la vigilancia existe.

Así dejó Agua Caliente, el pueblo que tomó valor y se defendió del monstruo intangible de la violencia indómita, impune y gangrenosa. Su paz tiene fecha de expiración y es cuando los señores de la guerra decidan disparar y matar.

OPERATIVOS

Desde que empezaron las manifestaciones de los vecinos, el Ejército y la Policía Estatal han realizado rondines en las comunidades de Tepuche.

Las cosas han estado tranquilas, los soldados pasan en la mañana y en la noche. Ya no se han visto personas armadas, pero eso de encerrar el pueblo es contraproducente.

Elisa, Habitante de Agua Caliente



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Culiacán, Sin. - Salimos temprano de la Loma de Rodriguera hacia el pueblo de Agua Caliente, en Tepuche. Hace 10 días que la gente se hartó y se asqueó de la violencia del narco, y se levantaron como la Fuerza Comunitaria Rural; para defenderse de los sicarios, pues.

La carretera es recta y monótona, el automóvil negro iba a paso normal dejando pasar a sus flancos marisquerías y talleres automotrices; una pequeña parte discordante del Centro de Culiacán que está a diez minutos al sur. Estelas de polvo marcadas por motocicletas ciento cincuenta, de las verdes, iban escoltando el auto que avisaba que íbamos "pa'rriba".

Entre más avanzábamos más cenotafios se asomaban de las orillas: "Falleció Miguel Bejarano el día 13 de diciembre del 2010" rezaba un cubo de ladrillos enmontados y olvidados. Un nombre más a la estadística de la guerra de hace una década, esa guerra que parió a la nueva generación de soldados apócrifos que nos seguían los pasos.

Cuando llegamos a la "Y" donde mataron a Pedro Avilez, bajé a tomarle foto al cenotafio que está junto a la carretera. Un bote de Tecate light a medio tomar estaba en el suelo y al fondo la manta con un caballo negro relinchando; el trágico culto a la primera leyenda popular de la narcocultura.

Doscientos metros después un humilde retén de municipales nos hizo señales para orillarnos.

-¿Pa' donde van, plebes? -Preguntó, el oficial.

-Somos periodistas, vamos para Agua Caliente, jefe.

- ¿Van para allá? Cuestionó sorprendido el robusto brazo de la ley.

Su rostro de sorpresa fue más cómico de que de preocupación, pero la pregunta obligada fue que, si como estaban las cosas allá, que, si estaban calientes, pues.

-No, todo tranquilo. Acaban de pasar los militares hace rato, allá los van a ver, dijo.

-Sale pues, muchas gracias, cuídense mucho, les dije.

UNA APARENTE CALMA

En la entrada del poblado estaba el letrero gigante que avisaba sobre la creación de las Fuerzas Comunitarias Rurales, además de una manta que prohibía el secuestro, extorsión, homicidio y toda clase de abusos. A los flancos unos pilares de cemento aún fresco detenían un cable de metal grueso que funge como reten para automóviles no deseados.

Una semana después de los hechos violentos en el Tepuche, el poblado de Agua Caliente tomó su derecho a la autodefensa y organizados pidieron apoyo federal del ejército para plantar una base de protección. Presuntamente se instalarían en las trincheras instaladas en cada entrada del pueblo y según sus habitantes no ha sido totalmente así.

Las cosas han estado tranquilas, los soldados pasan en la mañana y en la noche. Ya no se han visto personas armadas, pero eso de encerrar el pueblo es contraproducente, así como nadie entra, tampoco nadie sale.

Encargada de un abarrote.

Otros habitantes se limitaban a responder con monosílabos a mis preguntas. Que si ha visto soldados, que si ha visto sicarios: nada. Si... no... Personas acostumbradas al hermetismo de la narco violencia. Niños que crecieron pisando casquillos mientras mitoteaban frente a la camioneta de lujo balaceada. Ahora adolescentes curtidos sin capacidad de asombro y resignados a medio vivir esquivando balas.

Una de las voceras de la FCR dijo que después de diez días de haberse levantado no se han presentado problemas. Incluso que se han instalado cámaras de vigilancia conectadas al C4 y los patrullajes son todo el día. Sin embargo, en el recorrido no encontré ninguna cámara, ninguna patrulla y si más dudas que respuestas.

Dimos la vuelta al pueblo en busca de más información, pero todo era polvo y hermetismo. Un perro descolorido cuidaba la entrada de una tortillería donde una cartulina pedía no entrar en motocicleta, me llamó la atención y al preguntar me dijeron que era para no ensuciar y ese perro no debería estar allí. Al igual que nosotros, así que nos fuimos, con poca información y la sensación constante de ser observados.

De salida pasé a ver las trincheras olvidadas y vacías. Botes de cerveza y platos de comida a medio comer daban fe de que al menos la vigilancia existe.

Así dejó Agua Caliente, el pueblo que tomó valor y se defendió del monstruo intangible de la violencia indómita, impune y gangrenosa. Su paz tiene fecha de expiración y es cuando los señores de la guerra decidan disparar y matar.

OPERATIVOS

Desde que empezaron las manifestaciones de los vecinos, el Ejército y la Policía Estatal han realizado rondines en las comunidades de Tepuche.

Las cosas han estado tranquilas, los soldados pasan en la mañana y en la noche. Ya no se han visto personas armadas, pero eso de encerrar el pueblo es contraproducente.

Elisa, Habitante de Agua Caliente



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