El orgullo de portar el uniforme de educadora vial

Se forma una tercera generación de mujeres dedicadas al bien de la ciudadanía desde cualquier trinchera

Sandra Solís │El Sol de Sinaloa

  · sábado 7 de marzo de 2020

Fotos: Jesús Verdugo │El Sol de Sinaloa

Culiacán, Sin. - En la visión de una niña que tiene la suerte de estar rodeada de mujeres que forman parte de la Policía Municipal, el uniforme blanco y azul, la representativa estrella, el silbato y sus conocimientos, significa todo a lo que se puede aspirar para convertirse en una verdadera agente del cambio.

Recorriendo cada uno de los pasillos y los salones a los que podía acceder, Adriana García Félix, promotora de educación vial desde hace 12 años, dejaba que su imaginación volara de pequeña para convertirse en la salvación de miles de personas, mientras esperaba a su madre que trabaja en el área administrativa de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal en Culiacán.

El hecho de que una mujer pudiera enfrentar cualquier tipo de situaciones en la calle sin importar el riesgo, fue un asunto que con el paso de los años se convirtió en algo natural, pero lo que nunca se iba era la admiración al uniforme que tanto portaban con orgullo.

Era en cada uno de los eventos en donde participaban las educadoras viales cuando la “espinita” de ser una más de ellas solo iba creciendo, pensamientos que tomaban fuerza al tener siempre la imagen de su mamá, que, aunque hacía otras labores, era igual de importante su trabajo dentro de la corporación.

Fue hasta en la universidad mientras estudiaba Administración de Empresas, cuando el destino decidió darle una oportunidad a su sueño, se abrió una vacante para promotora de educación vial, noticia que su madre no dudó en darle al saber lo que significaba para su hija el formar oficialmente parte de su ya segunda casa.

La constante preparación, el conocer de buena fuente cómo funcionaba la corporación y su inolvidable visión, hizo que fuera seleccionada para la vacante y desde hace más de una década ha trabajado para hacer un cambio en las atareadas calles de la capital sinaloense.

PERSEVERANCIA

Adriana siempre supo que hacer un cambio en la cultura vial en una ciudad en donde solo aumentaba la flota de automóviles, motos y transporte urbano era un verdadero reto, en donde debía imponer su imagen de mujer capacitada para enfrentar cualquier tipo de situación.

No importa el clima, si hay calor, lluvias o frío, la posición de una educadora vial es estar firme en la calle o banqueta, ser un apoyo para los agentes de tránsito y tener como principal objetivo los peatones que desean cruzar de un lado a otro.

En el andar de los miles de ciudadanos, nunca fallan las personas de la tercera edad que siempre aceptan amablemente su ayuda y agradecen por su labor, ni tampoco lo niños de las escuelas que ven en ellas una persona que los empodera en la calle, regalándoles siempre una sonrisa y un saludo de mano mientras pasan con sus padres o acompañante.

Ser mujer sigue siendo un desafío para la labor, con hombres que todavía se niegan a acatar las órdenes de las educadoras viales, pero que con los años de trabajo de sus antecesoras existe el respeto hacía ellas.

Casi a la par de su inicio de carrera, desde hace 11 años combina su pasión a la labor de ser una educadora vial y seguir portando con orgullo su impresionante uniforme que tiene la distintiva bandera mexicana, con ser madre ahora de tres niñas.

Las pequeñas de 11, seis y cuatro años que ahora son su universo, se han convertido en el reto de su vida, que, en compañía de su esposo logran dar cada uno de los pasos y se crea de forma natural una tercera generación, de una familia que ama a la corporación.

Sus hijas, quienes a pesar de que siguen siendo unas niñas le dicen siempre a su mami “yo quisiera ser educadora vial cuando sea grande”, frase similar a la que ella solía hacer a su mamá.

La rutina de una educadora vial con tres hijas inicia desde muy temprano, todos los días de escuela despierta a las cinco de la mañana para empezar a alistarse y después a sus hijas, quienes ya están acostumbradas a ver a su mami con su uniforme, desayunan y a las 6:30 salen todos de casa, en donde ella se despide de sus niñas y esposo, que es quien las lleva a clases.

EN CASA

Por la dedicación y pasión que Adriana transmite en su hogar, para su familia ella es un orgullo y un ejemplo a seguir como mujer empoderada, que sin saber que va a pasar, siempre sale dispuesta a dar todo de si y seguir con su labor de hacer un cambio en los culiacanenses.

Es dentro y fuera de las escuelas cuando sus hijas tienen la oportunidad de ver a su madre en acción por la interacción que tienen con sus compañeros, ya sea en los cruceros o en las aulas y a la primera oportunidad que tienen usan sus pequeños trajes de uniforme de educadoras viales, sobre todo en eventos como desfiles.

Al ser tanta la administración que existe hacia la corporación, el hecho de que su madre esté en las calles hasta las 14:00 horas no representa nada negativo para sus hijas, quienes ansiosas esperan su llegada para seguir con las tareas de la escuela, el hogar y actividades recreativas.

El consejo que Adriana le da a las mujeres es a creerse que no existen límites cuando tienes un sueño, en donde el camino a seguir es luchar por tus metas y para alcanzarlo hay que capacitarse, estudiar y siempre buscar mejorar como persona dentro de todos los ámbitos.

Cada día es una nueva aventura, pero la misión sigue firme desde el primer sueño e inicio de carrera, crear en una “ciudad de locos” una cultura vial que respete a todos los involucrados en las calles y sobre todo a los cientos de mujeres que dan su vida a la labor.

12

Son los años que tiene Adriana sirviendo como educadora vial en Culiacán, a pesar de que no es fácil en esta “ciudad de locos”.

TRABAJO

Cada día es una nueva aventura para Adriana, pero la misión sigue firme desde el primer sueño e inicio de carrera.


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Foto: Griselda Caro | El Sol de Sinaloa