/ sábado 12 de junio de 2021

Crónicas de Ambulancias: El camionazo de Quilá

Esa madrugada Vania presenció la escena más aterradora, llevándola a un límite de estrés y frustración

Culiacán, Sin.- Era la madrugada del 7 de octubre de 2012, cuando desde el radio informaron a la estación de Cruz Roja de Eldorado sobre un accidente en la Maxipista, cerca de la caseta de la sindicatura de Quilá.

El informe señalaba que un autobús de pasajeros se había volcado, con múltiples lesionados y varios muertos.

Vania y el operador se dieron prisa para arribar al sitio, el llanto de la ambulancia rompía el viento de la madrugada otoñal, en 10 minutos se encontraban en el lugar.

En el sitio elementos de Protección Civil, Policías y Bomberos ya habían acordonado la zona; al abrir la puerta de la unidad de socorros, un elemento de la policía esperaba por ellos.

También puedes leer: Crónicas de Ambulancias: Un daño colateral

Al cuestionarlo sobre lo sucedido, éste señaló que un caballo se atravesó en la carretera, causando que el autobús se impactara con él y perdiera el control.

“Apúrense, vengan por acá, todos necesitan ayuda”, indicó.

LOS DAÑOS

A simple vista los daños no resultaban tan graves, fue al dar la vuelta por el costado que la paramédico vio una aterradora escena; los pasajeros que eran estudiantes de un colegio privado de Culiacán, se encontraban algunos dentro de la unidad, mientras que otros habían salido disparados por el impacto cayendo en el monte que rodea la autopista.

Entre la carrocería y los cristales rotos, salían a la vista algunas partes de los cuerpos que se encontraban prensados dentro del camión.

Foto: Cortesía Vania delgado | El Sol de Sinaloa

Algunos jóvenes se encontraban inconscientes tras el impacto, mientras que quienes estaban despiertos clamaban por auxilio, entre llantos pedían ser atendidos.

Al momento la paramédica perdió la noción del tiempo, estaba en un estado de shock en el que solo pensaba en salvar todas las vidas posibles, limitándose a sus posibilidades. Tomó el radio e informó a Cruz Roja que mandaran ayuda, se necesitaban todas las manos posibles.

ATENCIONES

Fueron diez minutos en los que Delgado y su colega estuvieron prácticamente solos, atendiendo a los más de 20 heridos; luego de realizar el triage debían esperar a que llegaran las primeras ambulancias.

Para Vania cada minuto que pasaba era una eternidad, en la que atendía hemorragias y fracturas; al llegar la primera ambulancia se trasladó al paciente más grave, así fue pasando el tiempo, en el que las más de cinco unidades de socorros habían trasladado a casi todos los lesionados.

Un sinfín de emociones pasaban cada segundo por Vania, desde estrés, la adrenalina y frustración por no poder atender a todos los heridos, por no poder partirse en dos.

La oscura madrugada se fue aclarando, mientras esto ocurría la paramédica sentía demasiada presión, un tumulto de personas se habían hecho presentes, entre automovilistas y familiares de los pasajeros, quienes querían ver a sus hijos.

Foto: cortesía Vania delgado | El Sol de Sinaloa

EL TRASLADO

Después de pasadas las horas los compañeros de Cruz Roja habían trasladado a los más de 20 pasajeros, quedando en el sitio dos de estos, quienes no presentaban heridas de gravedad severas.

Los jóvenes, un hombre y una mujer presentaban lesiones en tórax, piernas y traumatismo craneoencefálico leve, por lo que de la misma manera que sus compañeros debían ser llevados a un hospital.

De camino a la ciudad capitalina Vania intervenía a los estudiantes, de los cuales la chica lloraba y pedía información sobre una persona; mientras que el joven permanecía mudo, en un shock postraumático.

Delgado se limitaba a brindar las atenciones, no sabía de nombres, sólo de lesiones.

Al culminar la jornada, las ambulancias fueron llevadas a ser limpiadas en Ciudades Hermanas, donde Vania limpio el sudor tras el esfuerzo, así como la sangre que había penetrado en su uniforme y permanecía en su olfato, ocasionando asco y náuseas a la socorrista.

PERFIL

Vania Delgado ingresó a Cruz Roja a la edad de 17 años en Eldorado, por insistencia de un compañero de su preparatoria.

Tras realizar el Curso del TUM, la joven decidió que estudiaría enfermería; y fue por un suceso familiar que le tomó más amor a la institución y a su carrera.

Fue en marzo de este año que Delgado cumplió 12 años dentro de la benemérita, permaneciendo cuatro años en Cruz Roja Eldorado, y ocho de brindar sus servicios en Culiacán.



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Culiacán, Sin.- Era la madrugada del 7 de octubre de 2012, cuando desde el radio informaron a la estación de Cruz Roja de Eldorado sobre un accidente en la Maxipista, cerca de la caseta de la sindicatura de Quilá.

El informe señalaba que un autobús de pasajeros se había volcado, con múltiples lesionados y varios muertos.

Vania y el operador se dieron prisa para arribar al sitio, el llanto de la ambulancia rompía el viento de la madrugada otoñal, en 10 minutos se encontraban en el lugar.

En el sitio elementos de Protección Civil, Policías y Bomberos ya habían acordonado la zona; al abrir la puerta de la unidad de socorros, un elemento de la policía esperaba por ellos.

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Al cuestionarlo sobre lo sucedido, éste señaló que un caballo se atravesó en la carretera, causando que el autobús se impactara con él y perdiera el control.

“Apúrense, vengan por acá, todos necesitan ayuda”, indicó.

LOS DAÑOS

A simple vista los daños no resultaban tan graves, fue al dar la vuelta por el costado que la paramédico vio una aterradora escena; los pasajeros que eran estudiantes de un colegio privado de Culiacán, se encontraban algunos dentro de la unidad, mientras que otros habían salido disparados por el impacto cayendo en el monte que rodea la autopista.

Entre la carrocería y los cristales rotos, salían a la vista algunas partes de los cuerpos que se encontraban prensados dentro del camión.

Foto: Cortesía Vania delgado | El Sol de Sinaloa

Algunos jóvenes se encontraban inconscientes tras el impacto, mientras que quienes estaban despiertos clamaban por auxilio, entre llantos pedían ser atendidos.

Al momento la paramédica perdió la noción del tiempo, estaba en un estado de shock en el que solo pensaba en salvar todas las vidas posibles, limitándose a sus posibilidades. Tomó el radio e informó a Cruz Roja que mandaran ayuda, se necesitaban todas las manos posibles.

ATENCIONES

Fueron diez minutos en los que Delgado y su colega estuvieron prácticamente solos, atendiendo a los más de 20 heridos; luego de realizar el triage debían esperar a que llegaran las primeras ambulancias.

Para Vania cada minuto que pasaba era una eternidad, en la que atendía hemorragias y fracturas; al llegar la primera ambulancia se trasladó al paciente más grave, así fue pasando el tiempo, en el que las más de cinco unidades de socorros habían trasladado a casi todos los lesionados.

Un sinfín de emociones pasaban cada segundo por Vania, desde estrés, la adrenalina y frustración por no poder atender a todos los heridos, por no poder partirse en dos.

La oscura madrugada se fue aclarando, mientras esto ocurría la paramédica sentía demasiada presión, un tumulto de personas se habían hecho presentes, entre automovilistas y familiares de los pasajeros, quienes querían ver a sus hijos.

Foto: cortesía Vania delgado | El Sol de Sinaloa

EL TRASLADO

Después de pasadas las horas los compañeros de Cruz Roja habían trasladado a los más de 20 pasajeros, quedando en el sitio dos de estos, quienes no presentaban heridas de gravedad severas.

Los jóvenes, un hombre y una mujer presentaban lesiones en tórax, piernas y traumatismo craneoencefálico leve, por lo que de la misma manera que sus compañeros debían ser llevados a un hospital.

De camino a la ciudad capitalina Vania intervenía a los estudiantes, de los cuales la chica lloraba y pedía información sobre una persona; mientras que el joven permanecía mudo, en un shock postraumático.

Delgado se limitaba a brindar las atenciones, no sabía de nombres, sólo de lesiones.

Al culminar la jornada, las ambulancias fueron llevadas a ser limpiadas en Ciudades Hermanas, donde Vania limpio el sudor tras el esfuerzo, así como la sangre que había penetrado en su uniforme y permanecía en su olfato, ocasionando asco y náuseas a la socorrista.

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