/ sábado 4 de abril de 2020

Crónicas de Ambulancia : La humanidad de Jesús Domínguez

La obligación del paramédico termina donde dice el protocolo, pero el principio de humanidad va por delante

Culiacán, Sin.- La base exitosa o dolorsa de toda carrera dentro de Cruz Roja siempre es el primer servicio impactante, qué tanta partida puede sacar el paramédico de esa experiencia.

Para Jesús, que tiene 7 meses en ambulancia, la polarizada vida de un socorro ya lo alcanzó y su equilibrio de éxito se está formando.

La azarosa llamada de servicio lo llevó a su barrio, su colonia donde sus vecinos son tan ajenos a él que apenas los conoce por saludos lejanos y formales. Le dijeron en la estación que era una anciana que se había golpeado, nada más.

Llegaron al domicilio; una casa normal, en una calle normal, a una centena de metro de la casa de Jesús. Él cuenta que el caos era más grande que el accidente. Una mujer de 90 años con Alzheimer avanzado y la necesidad de cuidados las veinticuatro horas. En el suelo; excremento, orina y sangre.

Foto: Jesús Verdugo │El Sol de Sinaloa

Joven con conocimientos amplios de psicología y entregado al servicio humanitario, Jesús Domínguez tomó el control de la situación y revisó que en efecto había un golpe en la cabeza y era necesario el traslado inmediato a urgencias.

En el trayecto junto a sus familiares en la ambulancia, Jesús trataba de calmar a la desorientada paciente que no sabía que estaba pasando. Sin poder comunicarse ni expresar nada más que terror, era un paciente difícil que no cualquier persona esta preparado para tratar.

Cada ruido fuerte la alteraba y la hacia retorcerse en la camilla, provocando más ruido y mas más miedo. Jesús la calmaba con platica serena y contacto físico leve. Eran un jueves y la sala de urgencias estaba repleta, le esperaba otra guerra para ingresar.

Bajaron la camilla y según los médicos que recibían pacientes, estaban saturados. El joven paramédico le dijo a su compañero que eso va para largo, que se fuera a comer. El protocolo dice que al momento de ingresar a urgencias el trabajo del paramédico termina, solo es cuestión de esperar que liberen la camilla.

Jesús sabía que la espera se alargaría horas, seis u ocho. Era mucha gente y mucho caos, dos heridos grave en el cuarto de choque y otros más esperando en el suelo y sillas. El joven decidió quedarse y ayudar a la familia con la mujer herida.

El ruido allí era mayor, la anciana estaba en pánico, solo gritaba y balbuceaba, Jesús tomó el control de nuevo y la calmó. Se acercó a ella y con palabras suaves y abrazos largos logró contener su miedo; un desconocido de uniforme blanco con rojo le dio toda la calma que necesitaba es mujer. Sus familiares envueltos en llanto solo veían que aquel muchacho que a veces veían pasar por la calle estaba dando más de si por la anciana.

El médico que la evaluó ordenó una tomografía y se fue, dejando en manos de la inútil burocracia médica a esa mujer. Jesús y una residente llevaron a la anciana entre el laberinto de pasillos hasta encontrar otra camilla y poder realizar el estudio; el paramédico seguía con ella.

El tiempo pasó, casi cuatro horas entre luchas y desesperación de sus familiares que resultaron en una evaluación positiva de la mujer, que no tenía más daño que un raspón en la cabeza y podía irse a casa.

Jesús cuenta que no tenía porque quedarse, porque ayudarla. Pero el primer principio de Cruz Roja es la humanidad y en llanas pero precisas palabras dijo que sabía que eran los últimos años de vida de esa mujer, y algo de amor y dignidad serían de gran valor para ella.

Te puede interesar: Dolor y angustia que formaron el carácter de un joven

Pasaron las semanas y cuando Jesús iba a la tienda cerca de su casa, el abarrotero le comentó que ya había escuchado lo que hizo por aquella anciana, lo felicitó. El joven se fue con la bolsa del mandado y una sonrisa abierta. Después, cuando salía rumbo a la estación con su uniforme le gritaron de lejos: "Ey, Cruz Roja, ven". El volteó para ver al familiar de la mujer que atendió y recibió gran agradecimiento, ese donde las palabras no alcanzan y te erizan la piel.

FORJANDO EL CARÁCTER

La benemérita institución ha sido semillero de jóvenes que se entregan a una labor humanitaria sin precedentes.

ESCENA

Jesús sabía que la espera se alargaría horas, seis u ocho. Era mucha gente y mucho caos, dos heridos grave en el cuarto de choque y otros más esperando en el suelo y sillas.






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Culiacán, Sin.- La base exitosa o dolorsa de toda carrera dentro de Cruz Roja siempre es el primer servicio impactante, qué tanta partida puede sacar el paramédico de esa experiencia.

Para Jesús, que tiene 7 meses en ambulancia, la polarizada vida de un socorro ya lo alcanzó y su equilibrio de éxito se está formando.

La azarosa llamada de servicio lo llevó a su barrio, su colonia donde sus vecinos son tan ajenos a él que apenas los conoce por saludos lejanos y formales. Le dijeron en la estación que era una anciana que se había golpeado, nada más.

Llegaron al domicilio; una casa normal, en una calle normal, a una centena de metro de la casa de Jesús. Él cuenta que el caos era más grande que el accidente. Una mujer de 90 años con Alzheimer avanzado y la necesidad de cuidados las veinticuatro horas. En el suelo; excremento, orina y sangre.

Foto: Jesús Verdugo │El Sol de Sinaloa

Joven con conocimientos amplios de psicología y entregado al servicio humanitario, Jesús Domínguez tomó el control de la situación y revisó que en efecto había un golpe en la cabeza y era necesario el traslado inmediato a urgencias.

En el trayecto junto a sus familiares en la ambulancia, Jesús trataba de calmar a la desorientada paciente que no sabía que estaba pasando. Sin poder comunicarse ni expresar nada más que terror, era un paciente difícil que no cualquier persona esta preparado para tratar.

Cada ruido fuerte la alteraba y la hacia retorcerse en la camilla, provocando más ruido y mas más miedo. Jesús la calmaba con platica serena y contacto físico leve. Eran un jueves y la sala de urgencias estaba repleta, le esperaba otra guerra para ingresar.

Bajaron la camilla y según los médicos que recibían pacientes, estaban saturados. El joven paramédico le dijo a su compañero que eso va para largo, que se fuera a comer. El protocolo dice que al momento de ingresar a urgencias el trabajo del paramédico termina, solo es cuestión de esperar que liberen la camilla.

Jesús sabía que la espera se alargaría horas, seis u ocho. Era mucha gente y mucho caos, dos heridos grave en el cuarto de choque y otros más esperando en el suelo y sillas. El joven decidió quedarse y ayudar a la familia con la mujer herida.

El ruido allí era mayor, la anciana estaba en pánico, solo gritaba y balbuceaba, Jesús tomó el control de nuevo y la calmó. Se acercó a ella y con palabras suaves y abrazos largos logró contener su miedo; un desconocido de uniforme blanco con rojo le dio toda la calma que necesitaba es mujer. Sus familiares envueltos en llanto solo veían que aquel muchacho que a veces veían pasar por la calle estaba dando más de si por la anciana.

El médico que la evaluó ordenó una tomografía y se fue, dejando en manos de la inútil burocracia médica a esa mujer. Jesús y una residente llevaron a la anciana entre el laberinto de pasillos hasta encontrar otra camilla y poder realizar el estudio; el paramédico seguía con ella.

El tiempo pasó, casi cuatro horas entre luchas y desesperación de sus familiares que resultaron en una evaluación positiva de la mujer, que no tenía más daño que un raspón en la cabeza y podía irse a casa.

Jesús cuenta que no tenía porque quedarse, porque ayudarla. Pero el primer principio de Cruz Roja es la humanidad y en llanas pero precisas palabras dijo que sabía que eran los últimos años de vida de esa mujer, y algo de amor y dignidad serían de gran valor para ella.

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