/ sábado 1 de agosto de 2020

Crónicas de Ambulancia: Fausto y el hombre que murió dos veces

En los años sesenta los paramédicos trabajaban con pocas herramientas pero mucha pasión, y la improvisación era su fuerte

Culiacán, Sin. Era 1964 y en México las elecciones electorales le daban la presidencia a Gustavo Díaz Ordaz, Bob Dylan cantaba contra la guerra de Vietman en Newport y el Che daba un discurso en la ONU. El mundo se debatía en una revolución ideológica. Fausto tenía 17 años y ya cumplía servicios como ambulante en Cruz Roja.

Mientras las revoluciones se daban en las calles, Fausto Franco se aferraba a una disciplina semimilitarizada en la benemérita institución y con el corazón entregado al servicio salía a salvar vidas en sus guardias.

Entre sus memorias más añejas platica con desdén un llamado a servicio cuando la estación estaba aún ubicada entre Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón, en el centro. Menor de edad y taberna comunes los servicios de baleados y este parecía otro día de esos.


Foto: Cortesía |Cruz Roja

Salió junto a Carlos Fuentes, mayor que él. Y el reporte no decía mucho. En esos años las herramientas de un ambulante socorrista se limitaban a una pesada camilla y vendas, el conocimiento se aprendía con el tiempo y la improvisación. Por ejemplo, una fractura se estabilizaba con el cartón que podían encontrar o no en la basura.


También lee: Apuestan a la industrialización de Sinaloa con proyectos a largo plazo


Llegaron al hecho acechados por una tormenta escandalosa, vieron un hombre de edad indefinida que podía tener 30 o 50 años, tres impactos de bala en el cuerpo; dos en el abdomen y uno en el pecho. Según los testigos hubo un pleito y el que recibió la peor parte sacó un arma y arteramente disparó y después huyó.

El hombre que seguía consciente fue atendido por Fausto y subido a la ambulancia. El joven Franco no podía hacer más que tapar con sus manos los orificios de bala que expedían sangre como fuente.


SÚBITA DECESIÓN

La elección era rápida; ¿al hospital civil o a Cruz Roja? Pero cuando era algo de gravedad se dirigían al nosocomio para mayor seguridad y así partieron a toda velocidad en la antigua Guayina que rechinaba en cada vuelta de esquina.

Por la Obregón Fausto se dio cuenta que el herido estaba muy débil y sintió como se le fue la vida entre sus dedos. Con una entereza no concordante a su edad le avisó con un grito al Carlos Fuentes que el paciente falleció.

El chofer sin frenar no cambió su curso, pues el anfiteatro del civil era ahora su destino. Los faros de la ambulancia apenas abrían la espesa oscuridad con lluvia, y la silueta de casonas y edificios se dibujaba con los relámpagos intermitentes de esa noche.

Fausto ironiza con la idea de que antes se encargaban tanto de vivos como muertos en sus traslados. Dice que no sintió miedo ni ninguna emoción parecida, pero si una gran tensión; nadie está cómodo con un cadáver a su lado.

Cuando llegaron al destino fueron recibidos por los trabajadores forenses que desde el umbral esperaban el cadáver que sería bajado por los ambulantes. La lluvia no paraba y la maniobra subía su dificultad.

Carlos Fuentes sujetaba la camilla desde arriba de la unidad y Fausto jalaba. Durante esa maniobra un relámpago iluminó la noche y el trueno que llegó después hizo temblar a Carlos, quien soltó la camilla dejando caer al cadáver al suelo.


Foto: Cortesía |Cruz Roja

Un duro golpe de la cabeza del cadáver al concreto retumbó como eco del trueno, los ojos de Fausto como plato y desde el fondo de la ambulancia: "¡Lo vas a mataaaaar!"

Unas risas escandalosas bajaron la tensión y con el cadáver confirmado entregado al anfiteatro terminaron ese surrealista turno. Pidieron el teléfono para avisar a la base que habían terminado, que si no había algo más que hacer.

Fausto Franco ríe con pena por su recuerdo, a sus 74 años continua sirviendo en el cuerpo de veteranos de Cruz Roja y con un lema que le quedó tatuado en el corazón desde su adolescencia: ''El ambulante tiene derecho a morirse en servicio, pero no a cansarse de él".

PERFIL

Fausto Franco nació en 1946, y desde los 17 años entró a formar parte de las filas de Cruz Roja; durante muchos años sirvió a los ciudadanos y hoy a sus 74 años formar parte de los veteranos de la Benemérita institución, en donde sigue portando orgulloso el uniforme.

LEMA CRUZROJINO

''El ambulante tiene derecho a morirse en servicio, pero no a cansarse de él".



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Culiacán, Sin. Era 1964 y en México las elecciones electorales le daban la presidencia a Gustavo Díaz Ordaz, Bob Dylan cantaba contra la guerra de Vietman en Newport y el Che daba un discurso en la ONU. El mundo se debatía en una revolución ideológica. Fausto tenía 17 años y ya cumplía servicios como ambulante en Cruz Roja.

Mientras las revoluciones se daban en las calles, Fausto Franco se aferraba a una disciplina semimilitarizada en la benemérita institución y con el corazón entregado al servicio salía a salvar vidas en sus guardias.

Entre sus memorias más añejas platica con desdén un llamado a servicio cuando la estación estaba aún ubicada entre Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón, en el centro. Menor de edad y taberna comunes los servicios de baleados y este parecía otro día de esos.


Foto: Cortesía |Cruz Roja

Salió junto a Carlos Fuentes, mayor que él. Y el reporte no decía mucho. En esos años las herramientas de un ambulante socorrista se limitaban a una pesada camilla y vendas, el conocimiento se aprendía con el tiempo y la improvisación. Por ejemplo, una fractura se estabilizaba con el cartón que podían encontrar o no en la basura.


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Llegaron al hecho acechados por una tormenta escandalosa, vieron un hombre de edad indefinida que podía tener 30 o 50 años, tres impactos de bala en el cuerpo; dos en el abdomen y uno en el pecho. Según los testigos hubo un pleito y el que recibió la peor parte sacó un arma y arteramente disparó y después huyó.

El hombre que seguía consciente fue atendido por Fausto y subido a la ambulancia. El joven Franco no podía hacer más que tapar con sus manos los orificios de bala que expedían sangre como fuente.


SÚBITA DECESIÓN

La elección era rápida; ¿al hospital civil o a Cruz Roja? Pero cuando era algo de gravedad se dirigían al nosocomio para mayor seguridad y así partieron a toda velocidad en la antigua Guayina que rechinaba en cada vuelta de esquina.

Por la Obregón Fausto se dio cuenta que el herido estaba muy débil y sintió como se le fue la vida entre sus dedos. Con una entereza no concordante a su edad le avisó con un grito al Carlos Fuentes que el paciente falleció.

El chofer sin frenar no cambió su curso, pues el anfiteatro del civil era ahora su destino. Los faros de la ambulancia apenas abrían la espesa oscuridad con lluvia, y la silueta de casonas y edificios se dibujaba con los relámpagos intermitentes de esa noche.

Fausto ironiza con la idea de que antes se encargaban tanto de vivos como muertos en sus traslados. Dice que no sintió miedo ni ninguna emoción parecida, pero si una gran tensión; nadie está cómodo con un cadáver a su lado.

Cuando llegaron al destino fueron recibidos por los trabajadores forenses que desde el umbral esperaban el cadáver que sería bajado por los ambulantes. La lluvia no paraba y la maniobra subía su dificultad.

Carlos Fuentes sujetaba la camilla desde arriba de la unidad y Fausto jalaba. Durante esa maniobra un relámpago iluminó la noche y el trueno que llegó después hizo temblar a Carlos, quien soltó la camilla dejando caer al cadáver al suelo.


Foto: Cortesía |Cruz Roja

Un duro golpe de la cabeza del cadáver al concreto retumbó como eco del trueno, los ojos de Fausto como plato y desde el fondo de la ambulancia: "¡Lo vas a mataaaaar!"

Unas risas escandalosas bajaron la tensión y con el cadáver confirmado entregado al anfiteatro terminaron ese surrealista turno. Pidieron el teléfono para avisar a la base que habían terminado, que si no había algo más que hacer.

Fausto Franco ríe con pena por su recuerdo, a sus 74 años continua sirviendo en el cuerpo de veteranos de Cruz Roja y con un lema que le quedó tatuado en el corazón desde su adolescencia: ''El ambulante tiene derecho a morirse en servicio, pero no a cansarse de él".

PERFIL

Fausto Franco nació en 1946, y desde los 17 años entró a formar parte de las filas de Cruz Roja; durante muchos años sirvió a los ciudadanos y hoy a sus 74 años formar parte de los veteranos de la Benemérita institución, en donde sigue portando orgulloso el uniforme.

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''El ambulante tiene derecho a morirse en servicio, pero no a cansarse de él".



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