/ sábado 5 de octubre de 2019

Crónicas de Ambulancia:Todos cargamos un fantasma

El trabajo en equipo es importante cuando la tragedia arremete con fuerza, cuando el dolor le gana a la voluntad.

Culiacán Sin.- Veníamos por la avenida Patria de un servicio que resultó ser falsa alarma cuando el radio operador nos informó de un accidente en el bulevar Agricultores, para el sur de la ciudad. Vamos para allá a toda prisa sin más información más que el aviso de posibles pacientes pediátricos, una espina de duda me queda en la mente.



Llegamos a la esquina indicada y después de ver dos automóviles impactados en un choque de 90 grados, mis ojos ven lo que es el inicio de la noche más larga y dura en todos mis años de servicio.




Alejandro Flores es paramédico de élite en la estación de Gabriel Leyva Solano, es egresado de la primera generación de intermedios en el TUM y coordinador de juventud en Cruz Roja siendo un elemento clave en la guardia de los sábados e instructor de nuevos paramédicos.

Cinco niños fueron eyectados de los automóviles y estaban esparcidos por el suelo, inertes y llenos de sangre y heridas. Mi primer reflejo es pedir apoyo de más unidades de la estación así como apoyo de Bomberos Veteranos quien apoya regularmente en la guardia y se la unidad de rescate de la policía municipal.

A la espera del apoyo comencé a evaluar el estado de cada menor y con la valiosa ayuda de las personas que se reunieron a ver el accidente pudimos acomodarlos en una zona segura para mayor rapidez de su atención. Es curioso porque los civiles son nobles y dentro de todo el caos ellos quieren ayudar, solo se le tienen que dar las instrucciones correctas.

TRABAJO

El primer niño; ventilaciones y auscultación, no hay respuesta positiva, pasamos al segundo... así con los ya nueve menores que encontramos esparcidos en un radio de unas decenas de metros. El triage de evaluación de pacientes es la parte más difícil en estos casos, porque de alguna forma tú decides quien tiene oportunidad de vivir y quien no tiene muchas esperanzas.

En cuestión de minutos llegaron las demás unidades y con un total de 11 paramédicos, bomberos, oficiales municipales y civiles pudimos identificar a todos los heridos. Los adultos estaban siendo sacados del acero retorcido por personal de bomberos, los niños acomodados en una fila trágica de sangre, llanto y desesperación.

Establecí equipos para el traslado y repartimos a todos los pacientes en las unidades para su traslado al hospital más cercano. Por razón de humanidad más que de protocolo yo tomé al primer niño que revisamos y que mostraba la menor posibilidad de sobrevivir... algo podía hacer por él. En mi unidad nos faltaba un paramédico para estar completos así que le pedí a un miembro con más experiencia que nos acompañara, para brindar lo mejor a ese niño.

La coordinación de todas las unidades fue casi perfecta, avisamos al hospital de nuestra llegada y para que prepararan la recepción de urgencias pediátricas. Fuimos llegando con segundos de separación, bajando niño a niño con sus respectivos equipos. Cuando estábamos todos abajo volví a ordenar equipos de trabajo en conjunto con las enfermeras y médicos del hospital pues siempre faltan manos en estos casos; un médico, una enfermera y un paramédico.

Yo seguía junto a mi paciente, el más delicado, y seguía dando instrucciones a los compañeros socorristas para que ejecutaran ciertas maniobras, pero el impacto era tanto que aunque su respuesta era positiva, sus manos no se movían y su mirada ya no estaba en el hospital. Decidí que salieran del lugar pues estaban fundidos psicológicamente, el dolor y llanto de los menores acabó con su fuerza y su estabilidad... Por poco acaba con la mía, pues antes y después de ser paramédico también soy humano.

HOSPITAL

Después todos los niños pasan a cirugía o terapia intensiva, excepto uno. Uno falleció luchando ya en el hospital y fue cuando sentí que el mundo se caía. El silencio de todos los paramédicos, enfermeras y médicos calaba hasta el hueso. El ultimo niño en llegar, quien menos posibilidades tenía de sobrevivir al final no lo logró. Eso nos quebró, cualquier escenario era mejor que ese y las espinas del "que me faltó hacer" comenzaron a picarnos.

Salimos del hospital rumbo a la estación de Ciudades Hermanas, silencio total y miradas en cualquier parte del horizonte. Unas compañeras solo tomaron su mochila y se fueron sin terminar el turno. Otros más se encerraron en el hermetismo del llanto silencioso, una unidad no operó por falta de personal esa noche, el dolor nos había rebasado.

Nada se habló hasta la siguiente semana cuando la guardia se volvió a reunir y se sacaron tantas lágrimas que se habían acumulado, otros acudieron al departamento de apoyo psicológico de Cruz Roja pero es algo que no se puede olvidar. Ya son dos años de aquella noche y todavía cuando pasó por ahí el recuerdo arremete con fuerza. Seguimos cargando con esos fantasmas, cada uno los tiene y a veces nos recuerda la noche de ese sábado en que ni toda la fuerza de Cruz Roja alcanzó para ganarle a la muerte.


Por razón de humanidad más que de protocolo tomé al primer niño que revisamos y que mostraba la menor posibilidad de sobrevivir

Entrega


HUMANIDAD

El dolor y llanto de los menores acabó con la fuerza de los rescatistas y su estabilidad...



Leer mas aquí:




Culiacán Sin.- Veníamos por la avenida Patria de un servicio que resultó ser falsa alarma cuando el radio operador nos informó de un accidente en el bulevar Agricultores, para el sur de la ciudad. Vamos para allá a toda prisa sin más información más que el aviso de posibles pacientes pediátricos, una espina de duda me queda en la mente.



Llegamos a la esquina indicada y después de ver dos automóviles impactados en un choque de 90 grados, mis ojos ven lo que es el inicio de la noche más larga y dura en todos mis años de servicio.




Alejandro Flores es paramédico de élite en la estación de Gabriel Leyva Solano, es egresado de la primera generación de intermedios en el TUM y coordinador de juventud en Cruz Roja siendo un elemento clave en la guardia de los sábados e instructor de nuevos paramédicos.

Cinco niños fueron eyectados de los automóviles y estaban esparcidos por el suelo, inertes y llenos de sangre y heridas. Mi primer reflejo es pedir apoyo de más unidades de la estación así como apoyo de Bomberos Veteranos quien apoya regularmente en la guardia y se la unidad de rescate de la policía municipal.

A la espera del apoyo comencé a evaluar el estado de cada menor y con la valiosa ayuda de las personas que se reunieron a ver el accidente pudimos acomodarlos en una zona segura para mayor rapidez de su atención. Es curioso porque los civiles son nobles y dentro de todo el caos ellos quieren ayudar, solo se le tienen que dar las instrucciones correctas.

TRABAJO

El primer niño; ventilaciones y auscultación, no hay respuesta positiva, pasamos al segundo... así con los ya nueve menores que encontramos esparcidos en un radio de unas decenas de metros. El triage de evaluación de pacientes es la parte más difícil en estos casos, porque de alguna forma tú decides quien tiene oportunidad de vivir y quien no tiene muchas esperanzas.

En cuestión de minutos llegaron las demás unidades y con un total de 11 paramédicos, bomberos, oficiales municipales y civiles pudimos identificar a todos los heridos. Los adultos estaban siendo sacados del acero retorcido por personal de bomberos, los niños acomodados en una fila trágica de sangre, llanto y desesperación.

Establecí equipos para el traslado y repartimos a todos los pacientes en las unidades para su traslado al hospital más cercano. Por razón de humanidad más que de protocolo yo tomé al primer niño que revisamos y que mostraba la menor posibilidad de sobrevivir... algo podía hacer por él. En mi unidad nos faltaba un paramédico para estar completos así que le pedí a un miembro con más experiencia que nos acompañara, para brindar lo mejor a ese niño.

La coordinación de todas las unidades fue casi perfecta, avisamos al hospital de nuestra llegada y para que prepararan la recepción de urgencias pediátricas. Fuimos llegando con segundos de separación, bajando niño a niño con sus respectivos equipos. Cuando estábamos todos abajo volví a ordenar equipos de trabajo en conjunto con las enfermeras y médicos del hospital pues siempre faltan manos en estos casos; un médico, una enfermera y un paramédico.

Yo seguía junto a mi paciente, el más delicado, y seguía dando instrucciones a los compañeros socorristas para que ejecutaran ciertas maniobras, pero el impacto era tanto que aunque su respuesta era positiva, sus manos no se movían y su mirada ya no estaba en el hospital. Decidí que salieran del lugar pues estaban fundidos psicológicamente, el dolor y llanto de los menores acabó con su fuerza y su estabilidad... Por poco acaba con la mía, pues antes y después de ser paramédico también soy humano.

HOSPITAL

Después todos los niños pasan a cirugía o terapia intensiva, excepto uno. Uno falleció luchando ya en el hospital y fue cuando sentí que el mundo se caía. El silencio de todos los paramédicos, enfermeras y médicos calaba hasta el hueso. El ultimo niño en llegar, quien menos posibilidades tenía de sobrevivir al final no lo logró. Eso nos quebró, cualquier escenario era mejor que ese y las espinas del "que me faltó hacer" comenzaron a picarnos.

Salimos del hospital rumbo a la estación de Ciudades Hermanas, silencio total y miradas en cualquier parte del horizonte. Unas compañeras solo tomaron su mochila y se fueron sin terminar el turno. Otros más se encerraron en el hermetismo del llanto silencioso, una unidad no operó por falta de personal esa noche, el dolor nos había rebasado.

Nada se habló hasta la siguiente semana cuando la guardia se volvió a reunir y se sacaron tantas lágrimas que se habían acumulado, otros acudieron al departamento de apoyo psicológico de Cruz Roja pero es algo que no se puede olvidar. Ya son dos años de aquella noche y todavía cuando pasó por ahí el recuerdo arremete con fuerza. Seguimos cargando con esos fantasmas, cada uno los tiene y a veces nos recuerda la noche de ese sábado en que ni toda la fuerza de Cruz Roja alcanzó para ganarle a la muerte.


Por razón de humanidad más que de protocolo tomé al primer niño que revisamos y que mostraba la menor posibilidad de sobrevivir

Entrega


HUMANIDAD

El dolor y llanto de los menores acabó con la fuerza de los rescatistas y su estabilidad...



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