/ sábado 11 de enero de 2020

Calles de la ciudad el único hogar para algunos niños

Accidentes, droga y hasta violaciones, sufren niños de la calle; la presidenta del DIF estatal llama a no darles dinero para prevenir que se expongan

Culiacán, Sin. - ¡Chale…Y de qué voy a vivir! contestó de inmediato el “chapulín”, un pequeño de nueve años que con franela en mano y una botella de agua jabonosa dejó de hacer su quehacer para inconformarse por las recomendaciones de la presidenta del DIF estatal.

Rosy Fuentes en días pasados hizo un llamado a la ciudadanía para que no les den dinero a los niños que están en los cruceros porque éstos menores tienen que estar en su hogar y en la escuela para recibir cuidados y educación y no en las calles pidiendo dinero.

Darles dinero, reiteró solo fomenta que sigan en las calles y lo que se necesita es rescatarlos y concientizarlos de la importancia de que sigan estudiando.

El llamado a la ciudadanía es precisamente a no darles dinero. Sabemos que a veces toca nuestro corazón verlos, pero no queremos que nuestros niños sean empleados para obtener apoyo económico porque les hacemos más daño con esto, necesitamos apoyar que vuelvan a su hogar y nosotros como DIF estar apoyando a las familias, hacerlas conscientes que los niños tienen que estar en la escuela.

Rosy Fuentes


LA CALLE COMO HOGAR

Los niños han tomado las calles de las ciudades como su único hogar por diferentes circunstancias: abandono, abuso sexual, maltrato físico y verbal, falta de afecto, desintegración de los vínculos familiares, búsqueda de libertad o por explotación infantil, entre otras causas. Sin embargo, por querer salir de los riesgos, los niños se exponen a situaciones que deben enfrentar en su vida diaria, asimismo buscan la manera de sobrevivir.

El Chapulín, junto con otros dos menores que se encontraban por el Bulevar Xicoténcatl y Malecón Viejo, prestan sus servicios limpiando carros y uno de sus compañeros aseguró que estudian segundo de primaria, sin embargo, se contradecía en su plática hasta que de plano confesó que será hasta el año que entra continuarán con sus estudios.

“Nos venimos con el Vale a hacer algunos jales y pos llevar dinero a la casa”, dijo el Chapulín, quien aseguró que es de Los Mochis.

El Chapulín confesó que limpiando vidrios cuando mucho ganan 300 pesos al día, desmintiendo así a la procuradora de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del DIF Municipal, Liliana Pimentel, quien asegura que los niños que están en las calles pidiendo obtienen hasta mil pesos al día.

Ser niño en situación de calle, un riesgo permanente

El Vale es un menor de 16 años, quien relata que él está en la calle desde que tenía cinco años y conoce gran parte de la República.

Originario de Culiacán, busca la vida ha como Dios le da a entender, algunas veces es malabarista, limpia parabrisas, o se los roba, dice sin ningún pudor y confiesa que hasta droga ha vendido.

“No siempre”, rectifica, al asegurar que las circunstancias lo han obligado no sólo a venderla sino a consumirla.

Un compa en Los Mochis me dijo que me dejara de pendejadas, que como malabarista me iba a morir de hambre, me ofreció el “negocio” y yo vendía droga, pues; me “juí” hasta Tijuana, allá me fue mal por trolero y dejé de hacer eso, pero el bato me buscaba, de ahí me “juí” con un chofer de tráiler hasta Querétaro, allá viví dos años, hasta que al malandro de Los Mochis lo mataron.

“El Vale”

Dice que la calle es parte de su vida, porque no ha conocido otra.

NIÑEZ EN RIESGO

Mis papás me abandonaron en la colonia Libertad. Me dejaron con unas gentes, me mandaban a vender tortillas por la calle, luego conocí a unos amigos y nos enrolamos por la capilla de Malverde, ahí hacíamos mandados, luego nos “juimos” a Mazatlán, cruzamos a la Paz y así he andado rodando, ahora ayudo a estos dos plebes, para que no les pase nada.

“El Vale”

El “Caguamo”, un menor que se dedica a pedir ayuda por el Bulevar Leyva Solano dice que cuando bien le va, gana de 150 a 200 pesos, durante todo el día.

“Me dicen el Caguamo porque a mi papá le gusta emborracharse con caguamas pero siempre anda de golletero”. Asegura que tiene doce años, no le gusta la escuela y ha pasado un sinfín de problemas.

Vivo con mi abuela, pero ella se desatiende de mí, no quiero estar con mi papá porque unos borrachos me violaron.

“Caguamo”


Son muchas las familias que viven en total marginación, por lo que a los padres y niños no les queda más que trabajar en las calles o pedir dinero, algunos desde una edad muy temprana.

A eso se le suma el hecho de que muchos de los padres de estos niños son incapaces de mantener un trabajo estable debido a problemas personales como adicciones y crisis emocionales al interior del seno familiar.

También el Tuercas, otro menor que se dedica a lavar carros aseguró que viene con su familia de Tlaxcala y viven en un cuartito rentado.

Ahí dormimos ocho gentes, mi “apá” dos hermanos y unos compas que se juntaron pa poder pagar porque nos va mal en los jales.

“El Tuercas”

Asegura que su papá tiene problemas de drogadicción y ellos deben de trabajar para enviar dinero y ayudar a su mamá y dos hermanas.

Nos las vamos a traer y dejar a mi “apá”, estamos juntando el dinero, sin que él se dé cuenta.

“El Tuercas”

El fenómeno de los niños en situación de calle es una problemática de salud pública en todo el mundo y Sinaloa no está exento.

EN EL ABANDONO

La ocupación de la calle genera riesgos. Estos difieren si son en el día o en la noche. En el día pueden ser atropellados, maltratados por los transeúntes, o dueños de tiendas y negocios. En la noche, los riesgos son mayores porque los agresores aprovechan la oscuridad y la poca presencia de personas.

Los niños duermen donde pueden, en entrepuertas, bajo puentes y en edificios abandonados, e intentan encontrar lugares que los protejan del frío, algunos se cubren con cartones o periódicos y otros utilizan cobijas en esta temporada invernal.

Emilio, mejor conocido como “el salero” es un niño de 14 años, pero sus compañeros le hacen bulla porque ya va a cumplir 15 años. Se dedica a lavar carros.

“Antes mi trabajo era ayudarle a la gente a cargar su mandado en los súper, pero ya estoy grande, ahora hago lo que puedo”, dice, mientras sus amigos aseguran que están juntando dinero para hacerle la fiesta de sus quince años.

“Va a llevar chambelanes”, bromean y aclaran que le dicen el salero “porque siempre trae la sal, cuando no lo han atropellado, nos han corrido del puente donde dormimos “en veces”, los cholos viejos nos tienen ojeriza”, concluye uno de los que acompañan al salero.

150 a 200 pesos ganan algunos niños que "trabajan" en las calles de la ciudad de Culiacán.

EN RIESGO

Los niños que viven en situación de calle se exponen a diferentes actos de violencia, como accidentes, adicción a las drogas y hasta abusos sexuales.


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Culiacán, Sin. - ¡Chale…Y de qué voy a vivir! contestó de inmediato el “chapulín”, un pequeño de nueve años que con franela en mano y una botella de agua jabonosa dejó de hacer su quehacer para inconformarse por las recomendaciones de la presidenta del DIF estatal.

Rosy Fuentes en días pasados hizo un llamado a la ciudadanía para que no les den dinero a los niños que están en los cruceros porque éstos menores tienen que estar en su hogar y en la escuela para recibir cuidados y educación y no en las calles pidiendo dinero.

Darles dinero, reiteró solo fomenta que sigan en las calles y lo que se necesita es rescatarlos y concientizarlos de la importancia de que sigan estudiando.

El llamado a la ciudadanía es precisamente a no darles dinero. Sabemos que a veces toca nuestro corazón verlos, pero no queremos que nuestros niños sean empleados para obtener apoyo económico porque les hacemos más daño con esto, necesitamos apoyar que vuelvan a su hogar y nosotros como DIF estar apoyando a las familias, hacerlas conscientes que los niños tienen que estar en la escuela.

Rosy Fuentes


LA CALLE COMO HOGAR

Los niños han tomado las calles de las ciudades como su único hogar por diferentes circunstancias: abandono, abuso sexual, maltrato físico y verbal, falta de afecto, desintegración de los vínculos familiares, búsqueda de libertad o por explotación infantil, entre otras causas. Sin embargo, por querer salir de los riesgos, los niños se exponen a situaciones que deben enfrentar en su vida diaria, asimismo buscan la manera de sobrevivir.

El Chapulín, junto con otros dos menores que se encontraban por el Bulevar Xicoténcatl y Malecón Viejo, prestan sus servicios limpiando carros y uno de sus compañeros aseguró que estudian segundo de primaria, sin embargo, se contradecía en su plática hasta que de plano confesó que será hasta el año que entra continuarán con sus estudios.

“Nos venimos con el Vale a hacer algunos jales y pos llevar dinero a la casa”, dijo el Chapulín, quien aseguró que es de Los Mochis.

El Chapulín confesó que limpiando vidrios cuando mucho ganan 300 pesos al día, desmintiendo así a la procuradora de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del DIF Municipal, Liliana Pimentel, quien asegura que los niños que están en las calles pidiendo obtienen hasta mil pesos al día.

Ser niño en situación de calle, un riesgo permanente

El Vale es un menor de 16 años, quien relata que él está en la calle desde que tenía cinco años y conoce gran parte de la República.

Originario de Culiacán, busca la vida ha como Dios le da a entender, algunas veces es malabarista, limpia parabrisas, o se los roba, dice sin ningún pudor y confiesa que hasta droga ha vendido.

“No siempre”, rectifica, al asegurar que las circunstancias lo han obligado no sólo a venderla sino a consumirla.

Un compa en Los Mochis me dijo que me dejara de pendejadas, que como malabarista me iba a morir de hambre, me ofreció el “negocio” y yo vendía droga, pues; me “juí” hasta Tijuana, allá me fue mal por trolero y dejé de hacer eso, pero el bato me buscaba, de ahí me “juí” con un chofer de tráiler hasta Querétaro, allá viví dos años, hasta que al malandro de Los Mochis lo mataron.

“El Vale”

Dice que la calle es parte de su vida, porque no ha conocido otra.

NIÑEZ EN RIESGO

Mis papás me abandonaron en la colonia Libertad. Me dejaron con unas gentes, me mandaban a vender tortillas por la calle, luego conocí a unos amigos y nos enrolamos por la capilla de Malverde, ahí hacíamos mandados, luego nos “juimos” a Mazatlán, cruzamos a la Paz y así he andado rodando, ahora ayudo a estos dos plebes, para que no les pase nada.

“El Vale”

El “Caguamo”, un menor que se dedica a pedir ayuda por el Bulevar Leyva Solano dice que cuando bien le va, gana de 150 a 200 pesos, durante todo el día.

“Me dicen el Caguamo porque a mi papá le gusta emborracharse con caguamas pero siempre anda de golletero”. Asegura que tiene doce años, no le gusta la escuela y ha pasado un sinfín de problemas.

Vivo con mi abuela, pero ella se desatiende de mí, no quiero estar con mi papá porque unos borrachos me violaron.

“Caguamo”


Son muchas las familias que viven en total marginación, por lo que a los padres y niños no les queda más que trabajar en las calles o pedir dinero, algunos desde una edad muy temprana.

A eso se le suma el hecho de que muchos de los padres de estos niños son incapaces de mantener un trabajo estable debido a problemas personales como adicciones y crisis emocionales al interior del seno familiar.

También el Tuercas, otro menor que se dedica a lavar carros aseguró que viene con su familia de Tlaxcala y viven en un cuartito rentado.

Ahí dormimos ocho gentes, mi “apá” dos hermanos y unos compas que se juntaron pa poder pagar porque nos va mal en los jales.

“El Tuercas”

Asegura que su papá tiene problemas de drogadicción y ellos deben de trabajar para enviar dinero y ayudar a su mamá y dos hermanas.

Nos las vamos a traer y dejar a mi “apá”, estamos juntando el dinero, sin que él se dé cuenta.

“El Tuercas”

El fenómeno de los niños en situación de calle es una problemática de salud pública en todo el mundo y Sinaloa no está exento.

EN EL ABANDONO

La ocupación de la calle genera riesgos. Estos difieren si son en el día o en la noche. En el día pueden ser atropellados, maltratados por los transeúntes, o dueños de tiendas y negocios. En la noche, los riesgos son mayores porque los agresores aprovechan la oscuridad y la poca presencia de personas.

Los niños duermen donde pueden, en entrepuertas, bajo puentes y en edificios abandonados, e intentan encontrar lugares que los protejan del frío, algunos se cubren con cartones o periódicos y otros utilizan cobijas en esta temporada invernal.

Emilio, mejor conocido como “el salero” es un niño de 14 años, pero sus compañeros le hacen bulla porque ya va a cumplir 15 años. Se dedica a lavar carros.

“Antes mi trabajo era ayudarle a la gente a cargar su mandado en los súper, pero ya estoy grande, ahora hago lo que puedo”, dice, mientras sus amigos aseguran que están juntando dinero para hacerle la fiesta de sus quince años.

“Va a llevar chambelanes”, bromean y aclaran que le dicen el salero “porque siempre trae la sal, cuando no lo han atropellado, nos han corrido del puente donde dormimos “en veces”, los cholos viejos nos tienen ojeriza”, concluye uno de los que acompañan al salero.

150 a 200 pesos ganan algunos niños que "trabajan" en las calles de la ciudad de Culiacán.

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