/ sábado 29 de mayo de 2021

Antonio Carbayo: el amigo de los animalitos de Las Riberas

Sin ser capaz de voltear la mirada y fingir que todo estaba bien, una mañana, llegó al parque con bolsas llenas de verduras

Culiacán, Sin.-Las iguanas, ardillas, pichones, tlacuaches y todo animal que llegue al parque Las Riberas, son protegidos por el señor Antonio Carbayo, un hombre que siguiendo la filosofía oriental se ha conectado con la naturaleza y desde hace un año y medio se dio la labor de alimentarlos y estudiar su comportamiento.

Como un hombre jubilado, el “encantador” de estos animales, como es conocido por algunas personas, empezó a percatarse de la mala condición en la que vivían, principalmente las iguanas, por ser atacadas por perros y gatos.

Cada vez que salía de comer de un restaurante al interior de la plaza Forum Culiacán, se tomaba unos minutos para observarlos, a la par que se compadecía de ellos y recordaba algunos de sus aprendizajes de la naturaleza.

Sin ser capaz de voltear la mirada y fingir que todo estaba bien en Las Riberas, siguió sus principios y en una mañana, antes de irse al restaurante, llegó al parque con bolsas llenas de verduras como lechuga, tomate, zanahoria, jícama, papaya; cacahuates y tortillas, para empezar a alimentarlos.

Yo empecé a hacer esto por compasión, yo soy cliente de un restaurante y me pongo a leer, soy una persona jubilada y al salir me enteré que este parque está desprotegido, dejan entrar a los animales y los perros atacan a los animales silvestres”, explicó.

Primera comida del día

De lunes a sábado, Antonio va a comprar el alimento de los animales entre las 8:00 y las 9:00 horas para llegar un poco antes de las 10:00, un horario que después de varios meses, las ardillas y los pichones se adaptaron para comer.

A un costado del puente bimodal, cerca de las madrigueras de las ardillas, los pichones empiezan a juntarse cuando ven las tortillas y los cacahuates que también comen algunas. Con más paciencia, el señor espera la llegada de las ardillas, unas agarran la comida y se van y otras, que están más domesticadas, se quedan comiendo en sus piernas.

Las pocas personas que transitan a esa hora por la zona, no se resisten a voltear a ver como los animales le hacen caso cuando les habla. Los pichones son los primeros en atender el llamado e incluso se pelean por estar en sus manos. Los transeúntes más curiosos se detienen por unos minutos para observar la función.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Después de alimentar a esos pequeños animalitos, Antonio se va al restaurante a documentarse sobre su comportamiento para seguir alimentándolos. El secreto está en acercarse tranquilo, sin representar una amenaza y después de esto, tratar de tocarlos.

Yo les entiendo, a los animales, a las iguanas yo les hablo y vienen, yo conozco su comportamiento, yo sé de qué se asustan y ellos (autoridades y personas) pues noAntonio Carbayo

A los pichones, los va identificando por sus características para adiestrarlos, son los que tienen algún daño los primero que se acercan para tener el alimento con más seguridad. Uno color blanco que no tiene uñas siempre lo sigue a donde va, se le pone en la mano y ahí se queda comiendo cacahuates.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

El descenso de las iguanas

A las 13:00 horas, cuando las iguanas empiezan a bajar de los árboles, el encantador de los animales, se instala en una mesa del parque, prepara el alimento en unos platitos para que las verduras no se llenen de tierra y espera a que el olor las atraiga.

Yo vengo solo, soy solitario, este es un trabajo difícil, no es fácil, es sucio, porque me cae mucho tomate reventado (en la ropa) y me tengo que cambiar

Antonio Carbayo

Aquí el tiempo que le dedica es de dos a tres horas, por ya tener identificado que algunas iguanas, (pequeñas, medianas o grandes), tardan más tiempo para bajar de los árboles y es que la afluencia de personas, perros y gatos las limita para descender.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

En la misma mesa en donde tiene las bolsas con las verduras, las iguales más dóciles se suben a comer lo que encuentran en la mesa, al igual que los pichones y las pocas ardillas que se sienten seguras para llegar a ese puno del parque.

Con los conocimientos que Antonio ha adquirido, ha logrado que las iguanas grandes se sientan seguras y permiten que las tome en sus brazos, pero una vez que las baja y perciben el peligro por algunas personas, perro o gatos que pasen por el lugar, rápido se regresan a lo alto de los árboles.

El año y medio que tiene como voluntario, ha hecho que el señor prefiera que se restrinja el acceso a perros y gatos al parque, para que no dañen y maten a las iguanas, ya que constantemente, tiene que tirar a la basura las que después de sufrir un ataque no logran sobrevivir.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Me siento triste, porque ellos también tienen este derecho a vivir y veo yo que es una muerte inútil, porque no se la comen, los perros están acostumbrados a comer comida casera o croquetas, entonces generalmente no se comen lo que matan, nada más el instinto que tienen, porque son animales carnívoros”, destacó.

Con más de 30 años como vegetariano, Antonio Carbayo, está convencido en que la sociedad debe de reconectarse con la naturaleza y todas las especies de animales que coexisten con las personas. Para mejorar su trabajo, en 10 días viajará a Estados Unidos a comprar libros sobre la herpetología, con la intención de seguir educando a quienes visitan el parque Las Riberas.





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Culiacán, Sin.-Las iguanas, ardillas, pichones, tlacuaches y todo animal que llegue al parque Las Riberas, son protegidos por el señor Antonio Carbayo, un hombre que siguiendo la filosofía oriental se ha conectado con la naturaleza y desde hace un año y medio se dio la labor de alimentarlos y estudiar su comportamiento.

Como un hombre jubilado, el “encantador” de estos animales, como es conocido por algunas personas, empezó a percatarse de la mala condición en la que vivían, principalmente las iguanas, por ser atacadas por perros y gatos.

Cada vez que salía de comer de un restaurante al interior de la plaza Forum Culiacán, se tomaba unos minutos para observarlos, a la par que se compadecía de ellos y recordaba algunos de sus aprendizajes de la naturaleza.

Sin ser capaz de voltear la mirada y fingir que todo estaba bien en Las Riberas, siguió sus principios y en una mañana, antes de irse al restaurante, llegó al parque con bolsas llenas de verduras como lechuga, tomate, zanahoria, jícama, papaya; cacahuates y tortillas, para empezar a alimentarlos.

Yo empecé a hacer esto por compasión, yo soy cliente de un restaurante y me pongo a leer, soy una persona jubilada y al salir me enteré que este parque está desprotegido, dejan entrar a los animales y los perros atacan a los animales silvestres”, explicó.

Primera comida del día

De lunes a sábado, Antonio va a comprar el alimento de los animales entre las 8:00 y las 9:00 horas para llegar un poco antes de las 10:00, un horario que después de varios meses, las ardillas y los pichones se adaptaron para comer.

A un costado del puente bimodal, cerca de las madrigueras de las ardillas, los pichones empiezan a juntarse cuando ven las tortillas y los cacahuates que también comen algunas. Con más paciencia, el señor espera la llegada de las ardillas, unas agarran la comida y se van y otras, que están más domesticadas, se quedan comiendo en sus piernas.

Las pocas personas que transitan a esa hora por la zona, no se resisten a voltear a ver como los animales le hacen caso cuando les habla. Los pichones son los primeros en atender el llamado e incluso se pelean por estar en sus manos. Los transeúntes más curiosos se detienen por unos minutos para observar la función.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Después de alimentar a esos pequeños animalitos, Antonio se va al restaurante a documentarse sobre su comportamiento para seguir alimentándolos. El secreto está en acercarse tranquilo, sin representar una amenaza y después de esto, tratar de tocarlos.

Yo les entiendo, a los animales, a las iguanas yo les hablo y vienen, yo conozco su comportamiento, yo sé de qué se asustan y ellos (autoridades y personas) pues noAntonio Carbayo

A los pichones, los va identificando por sus características para adiestrarlos, son los que tienen algún daño los primero que se acercan para tener el alimento con más seguridad. Uno color blanco que no tiene uñas siempre lo sigue a donde va, se le pone en la mano y ahí se queda comiendo cacahuates.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

El descenso de las iguanas

A las 13:00 horas, cuando las iguanas empiezan a bajar de los árboles, el encantador de los animales, se instala en una mesa del parque, prepara el alimento en unos platitos para que las verduras no se llenen de tierra y espera a que el olor las atraiga.

Yo vengo solo, soy solitario, este es un trabajo difícil, no es fácil, es sucio, porque me cae mucho tomate reventado (en la ropa) y me tengo que cambiar

Antonio Carbayo

Aquí el tiempo que le dedica es de dos a tres horas, por ya tener identificado que algunas iguanas, (pequeñas, medianas o grandes), tardan más tiempo para bajar de los árboles y es que la afluencia de personas, perros y gatos las limita para descender.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

En la misma mesa en donde tiene las bolsas con las verduras, las iguales más dóciles se suben a comer lo que encuentran en la mesa, al igual que los pichones y las pocas ardillas que se sienten seguras para llegar a ese puno del parque.

Con los conocimientos que Antonio ha adquirido, ha logrado que las iguanas grandes se sientan seguras y permiten que las tome en sus brazos, pero una vez que las baja y perciben el peligro por algunas personas, perro o gatos que pasen por el lugar, rápido se regresan a lo alto de los árboles.

El año y medio que tiene como voluntario, ha hecho que el señor prefiera que se restrinja el acceso a perros y gatos al parque, para que no dañen y maten a las iguanas, ya que constantemente, tiene que tirar a la basura las que después de sufrir un ataque no logran sobrevivir.

Foto: Karla Mendívil | El Sol de Sinaloa

Me siento triste, porque ellos también tienen este derecho a vivir y veo yo que es una muerte inútil, porque no se la comen, los perros están acostumbrados a comer comida casera o croquetas, entonces generalmente no se comen lo que matan, nada más el instinto que tienen, porque son animales carnívoros”, destacó.

Con más de 30 años como vegetariano, Antonio Carbayo, está convencido en que la sociedad debe de reconectarse con la naturaleza y todas las especies de animales que coexisten con las personas. Para mejorar su trabajo, en 10 días viajará a Estados Unidos a comprar libros sobre la herpetología, con la intención de seguir educando a quienes visitan el parque Las Riberas.





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