/ sábado 27 de julio de 2019

Triste realidad: Llegar a la tercera edad sin oportunidades laborales

Don Carlos es uno de los “viene, viene” en el estacionamiento de una tienda de autoservicio; la falta de dinero no le permite disfrutar de un retiro digno

Mazatlán, Sin. La historia de Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez, de 57 años de edad, es el relato de miles de adultos mayores que en vez de disfrutar en calma sus días de retiro laboral, tienen que trabajar por falta de oportunidades en su juventud, porque la pensión es insuficiente o porque nunca tuvieron un empleo formal.

Don Carlos vivió de manera rápida, el vicio del alcohol y su trabajo como peón de albañil no le permitieron forjarse un mejor futuro. Trabajó hasta que su cuerpo aguantó para sacar adelante a sus cuatro hijos, que hoy en día lo tienen abandonado.

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez

Él es uno de los “viene viene” en el estacionamiento de una tienda de autoservicio en Mazatlán. En ese trabajo, tanto él como sus compañeros no sólo toleran las inclemencias del clima, como los fuertes rayos del sol, el cansancio y el peso de sus huesos, sino que también se enfrentan a clientes que en muchas ocasiones los maltratan, los humillan e incluso los quieren golpear. Muchas personas no comprenden que es un trabajo que hacen por necesidad y no por molestar.

¿Por qué lo hago? Por necesidad de trabajar y de comer. No pude tener jubilación, por mi trabajo de peón, aunque lo que gano aquí no ajusta, porque gano que 100, 150, 80 pesos. No tengo un sueldo fijo, porque aquí no te dan ni un vaso de agua. Sólo los clientes, lo que le dan a uno, eso es todo

Don Carlos

A pesar de que algunos clientes actúan de manera inadecuada, él continúa su trabajo sin perjudicar a nadie. Sólo se aleja para evitar problemas, ya que en la tienda departamental donde trabaja no hay respaldo y si algún cliente lo denuncia, por cualquier razón, los corren del área y hasta a la cárcel pueden llegar. Por eso, mejor, se abstiene de responder a las faltas de respeto de algunas personas.

A veces los clientes lanzan maltratadas, nos quieren pegar, cuando me quieren pegar me hago a un lado, porque hay mucha gente agresiva, no entienden que este trabajo lo hace uno por necesidad, nos quieren humillar. Hace días una señora me dio 40 centavos, los tengo pegados en el piso para ver si me traen la buena suerte

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez

Ante la falta de oportunidades por su edad, y el poco apoyo de sus hijos, la situación se complica más. No puede acceder a ningún programa de apoyo porque no cumple con la edad requerida, pero sus piernas no dan más, sólo le pide a Dios no llegar a los 60 años de vida. Ya está cansado.

De los cuatro hijos, no cuento con ninguno. Tantos años que los mantiene uno, para que no lo apoyen, están mal los hijos así. Estoy cansado, ya me canso, tengo 57 años y mis pies no dan más. Apoyos y eso, no puedo tener, no te dan porque ocupas cumplir 65, 68 años, pero yo no voy a llegar a 68 años, no quiero llegar yo. Ya viejito ¿para qué sirve uno ya? Es como ser un niño otra vez, no sabes hacer nada. ¿Quién me va ayudar?, por eso le pido a mi Dios que hasta los 60 me deje llegar

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez


Él ve cómo algunos de sus compañeros batallan con el bastón, cómo otros, en su colonia, son echados a la calle por sus familiares, ha visto a viejos amigos, conforme la edad avanza, quedarse imposibilitados de moverse, comer e incluso hacer sus necesidades fisiológicos por sí mismos; es un futuro que no quiere, al que se niega a llegar.

Manos trabajadoras de don Carlos

“Una vez estaba por la calle con un amigo, ahí en la Francisco Villa y vi cómo a un señor que estaba por la cuadra, venía caminando el amigo y escuché cómo su mujer le dijo a su hijo: ‘Ahí viene tu papá enfadoso, ciérrale la puerta, ciérrale la puerta, y le cerraron la puerta’, el amigo quería comer, tenía hambre. No es justo cómo nos tratan, nos dejan en el olvido”.

RUTINA

Carlos, desde hace cuatro meses que inició en este trabajo, se sube a su bicicleta con un galón de agua, un recipiente con comida para “amarrar la tripa” y su gorra, la más resistente para el calor. Su jornada laboral comienza a la 1:00 de la tarde y concluye a las 9:00 de la noche, aunque hay ocasiones que se llega a ir hasta las 11:00, con tal de conseguir un ingreso extra con esos clientes de último minuto, los que van al cine.

Don Carlos mitiga el calor con una soda

En el estacionamiento donde él trabaja se encuentran otros tres hombres de la tercera edad, los cuales se dividen las filas de los estacionamientos para que todos tengan la misma chance de ganar dinero.

Te puede interesar: Requiere Asilo de Ancianos apoyo social

PANORAMA

Según estadísticas del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), en México existe una población de 12.4 millones de personas de 60 años y más, de los cuales una de cada tres tienen alguna discapacidad.

Las mujeres, con un 56.3%, conforman la mayoría, y los hombres abarcan un 43.7%; la dificultad para caminar, moverse, subir o bajar, es el factor común en los problemas de los adultos mayores.


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Don Carlos vivió de manera rápida, el vicio del alcohol y su trabajo como peón de albañil no le permitieron forjarse un mejor futuro. Trabajó hasta que su cuerpo aguantó para sacar adelante a sus cuatro hijos, que hoy en día lo tienen abandonado.

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez

Él es uno de los “viene viene” en el estacionamiento de una tienda de autoservicio en Mazatlán. En ese trabajo, tanto él como sus compañeros no sólo toleran las inclemencias del clima, como los fuertes rayos del sol, el cansancio y el peso de sus huesos, sino que también se enfrentan a clientes que en muchas ocasiones los maltratan, los humillan e incluso los quieren golpear. Muchas personas no comprenden que es un trabajo que hacen por necesidad y no por molestar.

¿Por qué lo hago? Por necesidad de trabajar y de comer. No pude tener jubilación, por mi trabajo de peón, aunque lo que gano aquí no ajusta, porque gano que 100, 150, 80 pesos. No tengo un sueldo fijo, porque aquí no te dan ni un vaso de agua. Sólo los clientes, lo que le dan a uno, eso es todo

Don Carlos

A pesar de que algunos clientes actúan de manera inadecuada, él continúa su trabajo sin perjudicar a nadie. Sólo se aleja para evitar problemas, ya que en la tienda departamental donde trabaja no hay respaldo y si algún cliente lo denuncia, por cualquier razón, los corren del área y hasta a la cárcel pueden llegar. Por eso, mejor, se abstiene de responder a las faltas de respeto de algunas personas.

A veces los clientes lanzan maltratadas, nos quieren pegar, cuando me quieren pegar me hago a un lado, porque hay mucha gente agresiva, no entienden que este trabajo lo hace uno por necesidad, nos quieren humillar. Hace días una señora me dio 40 centavos, los tengo pegados en el piso para ver si me traen la buena suerte

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez

Ante la falta de oportunidades por su edad, y el poco apoyo de sus hijos, la situación se complica más. No puede acceder a ningún programa de apoyo porque no cumple con la edad requerida, pero sus piernas no dan más, sólo le pide a Dios no llegar a los 60 años de vida. Ya está cansado.

De los cuatro hijos, no cuento con ninguno. Tantos años que los mantiene uno, para que no lo apoyen, están mal los hijos así. Estoy cansado, ya me canso, tengo 57 años y mis pies no dan más. Apoyos y eso, no puedo tener, no te dan porque ocupas cumplir 65, 68 años, pero yo no voy a llegar a 68 años, no quiero llegar yo. Ya viejito ¿para qué sirve uno ya? Es como ser un niño otra vez, no sabes hacer nada. ¿Quién me va ayudar?, por eso le pido a mi Dios que hasta los 60 me deje llegar

Carlos Humberto Loaiza Gutiérrez


Él ve cómo algunos de sus compañeros batallan con el bastón, cómo otros, en su colonia, son echados a la calle por sus familiares, ha visto a viejos amigos, conforme la edad avanza, quedarse imposibilitados de moverse, comer e incluso hacer sus necesidades fisiológicos por sí mismos; es un futuro que no quiere, al que se niega a llegar.

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“Una vez estaba por la calle con un amigo, ahí en la Francisco Villa y vi cómo a un señor que estaba por la cuadra, venía caminando el amigo y escuché cómo su mujer le dijo a su hijo: ‘Ahí viene tu papá enfadoso, ciérrale la puerta, ciérrale la puerta, y le cerraron la puerta’, el amigo quería comer, tenía hambre. No es justo cómo nos tratan, nos dejan en el olvido”.

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Carlos, desde hace cuatro meses que inició en este trabajo, se sube a su bicicleta con un galón de agua, un recipiente con comida para “amarrar la tripa” y su gorra, la más resistente para el calor. Su jornada laboral comienza a la 1:00 de la tarde y concluye a las 9:00 de la noche, aunque hay ocasiones que se llega a ir hasta las 11:00, con tal de conseguir un ingreso extra con esos clientes de último minuto, los que van al cine.

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En el estacionamiento donde él trabaja se encuentran otros tres hombres de la tercera edad, los cuales se dividen las filas de los estacionamientos para que todos tengan la misma chance de ganar dinero.

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