/ lunes 7 de enero de 2019

Sin medicinas y servicios subrogados el ISSSTE

Desde antes del nuevo año, la suspensión de los servicios y medicamentos subrogados en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, causó sus primeros estragos. Los pacientes bajo tratamiento están más enfermos y a los que detectaron por primera vez males graves, no tienen esperanza de que los atiendan.

Germán Contreras García, titular de la institución que nunca se preocupó por los derechohabientes, menos muestra interés por contribuir a resolver los problemas. Sabe que en breve le enviarán a un sustituto, y sin conocer cuánto tiempo falta para ello, ya le delegó toda clase de responsabilidades. Pero, creen que cobrará su sueldo hasta el último minuto que permanezca como funcionario.

Ya lo probó cuando demandó al ISSSTE por el pago de más de un millón de pesos, que consideró le debía por sus “esfuerzos extraordinarios”.

Mientras la condición de los enfermos, entró en una etapa de agravamiento. No hay firmas de convenios vigentes para quienes necesitan la aplicación de dosis medicamentosas o de servicios, que solamente los prestan empresas privadas que cuentan con el equipo moderno y especializado.

El personal se “tira la bolita” de que el conflicto es como consecuencia del cambio de gobierno federal, pero se olvidan que la labor que desempeñan es de carácter institucional.

Y de nada sirve la figura del Coordinador de Programas Sociales o del “Superdelegado”, Jaime Montes. Seguramente no le importa lo que sucede o ni siquiera se abocó a recabar la información sobre la crisis que sufren las clínicas como ésta o como la del Instituto Mexicano del Seguro Social, para tener en mano un diagnóstico confiable.

En tanto, los afiliados y sus enfermos realizan una travesía de sufrimiento y desesperación. No tienen a dónde ir para que les surtan sus recetas de medicinas subrogadas. Nadie les soluciona algo.

Lo que les dicen, sobre todos a quienes arriban con padecimientos terminales, es que se esperen hasta que nombren a próximo delegado. Y los hunden en una encrucijada dolorosa, porque se trata de casos que no pueden pasarse un día más cuando libran una desventajosa lucha contra el tiempo.

Contra el avance de sus males. En una carrera que puede ser fatal, mientras predomina la indiferencia entre las autoridades que se van y las que se asegura, llegarán, pero no se sabe cuándo.

Los derechohabientes sobreviven en medio de la angustia y el caos.





Desde antes del nuevo año, la suspensión de los servicios y medicamentos subrogados en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, causó sus primeros estragos. Los pacientes bajo tratamiento están más enfermos y a los que detectaron por primera vez males graves, no tienen esperanza de que los atiendan.

Germán Contreras García, titular de la institución que nunca se preocupó por los derechohabientes, menos muestra interés por contribuir a resolver los problemas. Sabe que en breve le enviarán a un sustituto, y sin conocer cuánto tiempo falta para ello, ya le delegó toda clase de responsabilidades. Pero, creen que cobrará su sueldo hasta el último minuto que permanezca como funcionario.

Ya lo probó cuando demandó al ISSSTE por el pago de más de un millón de pesos, que consideró le debía por sus “esfuerzos extraordinarios”.

Mientras la condición de los enfermos, entró en una etapa de agravamiento. No hay firmas de convenios vigentes para quienes necesitan la aplicación de dosis medicamentosas o de servicios, que solamente los prestan empresas privadas que cuentan con el equipo moderno y especializado.

El personal se “tira la bolita” de que el conflicto es como consecuencia del cambio de gobierno federal, pero se olvidan que la labor que desempeñan es de carácter institucional.

Y de nada sirve la figura del Coordinador de Programas Sociales o del “Superdelegado”, Jaime Montes. Seguramente no le importa lo que sucede o ni siquiera se abocó a recabar la información sobre la crisis que sufren las clínicas como ésta o como la del Instituto Mexicano del Seguro Social, para tener en mano un diagnóstico confiable.

En tanto, los afiliados y sus enfermos realizan una travesía de sufrimiento y desesperación. No tienen a dónde ir para que les surtan sus recetas de medicinas subrogadas. Nadie les soluciona algo.

Lo que les dicen, sobre todos a quienes arriban con padecimientos terminales, es que se esperen hasta que nombren a próximo delegado. Y los hunden en una encrucijada dolorosa, porque se trata de casos que no pueden pasarse un día más cuando libran una desventajosa lucha contra el tiempo.

Contra el avance de sus males. En una carrera que puede ser fatal, mientras predomina la indiferencia entre las autoridades que se van y las que se asegura, llegarán, pero no se sabe cuándo.

Los derechohabientes sobreviven en medio de la angustia y el caos.





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