/ sábado 28 de mayo de 2022

¿Serán largas o cortas horas?

Frente al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que se convirtió en automático en un testigo de peso, el gobernador Rubén Rocha Moya, condensó en una sola frase que “en cuestión de horas o días se ejercerá justicia contra el crimen del periodista Luis Enrique Ramírez. En contraparte, entre el gremio periodístico y la familia del columnista, permea que ojalá este plazo no sea como las noches largas de dolor en que el amanecer no llega.

Las razones para la duda, rondan posiblemente en el apuro de las presiones que se apalancan en el clamor de la sociedad que pide resultados ciertos de la investigación, que como se dijo en este espacio en varias ocasiones, las autoridades federales y estatales empezaron a enredar cuando las primeras salieron a presumir avances inexistentes, y las segundas, a establecer que no hay nada todavía.

Esto generó una fisura de descoordinación entre ambos niveles, que en vez de unirse para fortalecer su labor, contaminaron el proceso en que se encuentra la tragedia que enlutó a Sinaloa.

Por fuerza, en algún momento de la gira Presidencial que emprendió el Ejecutivo Federal en la entidad, debía surgir la pregunta que se espera traiga una respuesta favorable. El instante oportuno se presentó en el marco de la conferencia de prensa Mañanera que ofrece cada día el tabasqueño.

Con la esperanza viva, habría que escuchar la contestación y ésta surgió del mandatario sinaloense.

En las instalaciones de la Novena Zona Militar donde se desarrolló el evento, dijo además que se identificaron las causas y a los autores del homicidio del comunicador.

Hace días, el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Ricardo Mejía Berdejo reveló lo mismo, también cuando estaba al lado Andrés Manuel López Obrador. Luego la titular de la SSPF, Rosa Icela Rodríguez con más energía creo que no se midió.

Se anticipó al asegurar que hasta órdenes de aprehensión se libraron contra los probables responsables.

¡Farsa total!

Claro que ambos de lejos “pueden ver los toros desde la barrera”.

Empero, cobra fuerza que en boca del gobernante local Rubén Rocha Moya se supiera que pronto se tendrán elementos concluyentes para actuar al respecto. Es comprometedor lo dicho este viernes y todavía más cuando la figura presidencial lo secundó sin ambages.

Pero en el transcurso del día la familia de Luis Enrique Ramírez, externó su incredulidad sobre lo que se adelantó.

Seguro que hay datos que no les cuadran o maneras de actuar que no convencen a los familiares.

Porque hasta derribaron el curso de las cosas al advertir que son mentiras y que a la mejor las autoridades se encaminan hacia el corral donde habitan los chivos para escoger uno “expiatorio”.

La materialización de lo que se apuntó, deberá verse posiblemente no en horas, aunque sí, en seis días a más tardar porque pasar a siete sería una semana, y no se habló en estos términos.

Tiembla y suda más frío Estrada Ferreiro.

Con la visita del presidente de la República, que arribó desde la tarde del jueves a nuestro territorio, al alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro le aumentaron la sudoración y los temblores ante los desaires que le hizo Andrés Manuel López Obrador. Y le puso remache cuando el caso del juicio político que lo atormenta en el Congreso del Estado, lo dejó en manos de los ciudadanos.

O sea, no insinuó siquiera que meterá las manos por el munícipe ni lo recibió como se acostumbra en las relaciones de la política y la diplomacia.

Y si no logra un guiño o algo parecido del jefe político superior, antes de que abandone el estado, el edil estará perdido.

A menos que por debajo del agua, consiga un espacio breve de conversación para solicitarle que lo rescate de las garras que el mismo presidente municipal afiló tanto que están a punto de rasgarlo.

Por lo pronto, lo siguió como una sombra desde que el avión en que viajó el visitante, aterrizó en el Aeropuerto Internacional y quiso burlar la fortificación de militares en la Novena Zona, pero lo retacharon por acudir a un lugar a donde no lo invitaron.

Frente al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que se convirtió en automático en un testigo de peso, el gobernador Rubén Rocha Moya, condensó en una sola frase que “en cuestión de horas o días se ejercerá justicia contra el crimen del periodista Luis Enrique Ramírez. En contraparte, entre el gremio periodístico y la familia del columnista, permea que ojalá este plazo no sea como las noches largas de dolor en que el amanecer no llega.

Las razones para la duda, rondan posiblemente en el apuro de las presiones que se apalancan en el clamor de la sociedad que pide resultados ciertos de la investigación, que como se dijo en este espacio en varias ocasiones, las autoridades federales y estatales empezaron a enredar cuando las primeras salieron a presumir avances inexistentes, y las segundas, a establecer que no hay nada todavía.

Esto generó una fisura de descoordinación entre ambos niveles, que en vez de unirse para fortalecer su labor, contaminaron el proceso en que se encuentra la tragedia que enlutó a Sinaloa.

Por fuerza, en algún momento de la gira Presidencial que emprendió el Ejecutivo Federal en la entidad, debía surgir la pregunta que se espera traiga una respuesta favorable. El instante oportuno se presentó en el marco de la conferencia de prensa Mañanera que ofrece cada día el tabasqueño.

Con la esperanza viva, habría que escuchar la contestación y ésta surgió del mandatario sinaloense.

En las instalaciones de la Novena Zona Militar donde se desarrolló el evento, dijo además que se identificaron las causas y a los autores del homicidio del comunicador.

Hace días, el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Ricardo Mejía Berdejo reveló lo mismo, también cuando estaba al lado Andrés Manuel López Obrador. Luego la titular de la SSPF, Rosa Icela Rodríguez con más energía creo que no se midió.

Se anticipó al asegurar que hasta órdenes de aprehensión se libraron contra los probables responsables.

¡Farsa total!

Claro que ambos de lejos “pueden ver los toros desde la barrera”.

Empero, cobra fuerza que en boca del gobernante local Rubén Rocha Moya se supiera que pronto se tendrán elementos concluyentes para actuar al respecto. Es comprometedor lo dicho este viernes y todavía más cuando la figura presidencial lo secundó sin ambages.

Pero en el transcurso del día la familia de Luis Enrique Ramírez, externó su incredulidad sobre lo que se adelantó.

Seguro que hay datos que no les cuadran o maneras de actuar que no convencen a los familiares.

Porque hasta derribaron el curso de las cosas al advertir que son mentiras y que a la mejor las autoridades se encaminan hacia el corral donde habitan los chivos para escoger uno “expiatorio”.

La materialización de lo que se apuntó, deberá verse posiblemente no en horas, aunque sí, en seis días a más tardar porque pasar a siete sería una semana, y no se habló en estos términos.

Tiembla y suda más frío Estrada Ferreiro.

Con la visita del presidente de la República, que arribó desde la tarde del jueves a nuestro territorio, al alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro le aumentaron la sudoración y los temblores ante los desaires que le hizo Andrés Manuel López Obrador. Y le puso remache cuando el caso del juicio político que lo atormenta en el Congreso del Estado, lo dejó en manos de los ciudadanos.

O sea, no insinuó siquiera que meterá las manos por el munícipe ni lo recibió como se acostumbra en las relaciones de la política y la diplomacia.

Y si no logra un guiño o algo parecido del jefe político superior, antes de que abandone el estado, el edil estará perdido.

A menos que por debajo del agua, consiga un espacio breve de conversación para solicitarle que lo rescate de las garras que el mismo presidente municipal afiló tanto que están a punto de rasgarlo.

Por lo pronto, lo siguió como una sombra desde que el avión en que viajó el visitante, aterrizó en el Aeropuerto Internacional y quiso burlar la fortificación de militares en la Novena Zona, pero lo retacharon por acudir a un lugar a donde no lo invitaron.