/ viernes 21 de junio de 2019

Rosa María truncó anoche su vida y sus sueños 

Rosa María nació con este siglo y soñó ser arquitecta. Cursaba el segundo semestre y, hasta ayer, su afán consistía en terminar y entregar sus trabajos finales. Era de Guamúchil, vivía en Culiacán, tenía apenas 19 y no terminó la tarea.

Una moto desenfrenada truncó su vida anoche al intentar cruzar la avenida Las Américas, una auténtica pista de carreras en la que lo único que parece no estar permitido es usar el pedal para frenar y conceder el paso a miles de jóvenes que deben cruzar la vía.

El conductor, supuesto responsable del percance, desafortunadamente, también falleció.

Rosa María también soñaba otro sueño: el rescate y el buen uso de los espacios públicos, de la calle; apaciguar el tráfico vehicular en una ciudad destacada a nivel nacional e internacional por su altísima incidencia de siniestros vehiculares y de muertes –incluso de niños- por este motivo, consecuencia del poco respeto y consideración hacia las personas que caminan. Deseaba una ciudad más amable.

Junto a decenas de estudiantes de Arquitectura, Rosa María participó como voluntaria con el IMPLAN Culiacán en el evento denominado PENSEMOS LA CIUDAD, cuya finalidad fue generar espacios de reflexión acerca de los cambios que deseamos los jóvenes, los niños y los adultos para la ciudad de Culiacán.

Algunas materias permitían a Rosa María comprender mejor que el común de la gente la urgencia de rescatar las calles para los ciudadanos de a pie y de modificar la infraestructura urbana para dar seguridad a los peatones.

Sabía y defendía ella que los peatones deben ocupan el lugar principal en la escala de preferencias en el uso del espacio público, como ordena la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano.

La Pirámide de la Movilidad Urbana Sustentable que impone esta legislación marca sin dejar dudas el orden de prioridades que debe imperar en el uso del espacio público (la calle incluida, naturalmente): primero el peatón y los discapacitados; luego la bicicleta, el transporte público de pasaje y carga y, al final los autos y vehículos automotores particulares.

En octubre del 2018, la inseguridad del entorno de Ciudad Universitaria para los peatones fue uno de los puntos planteados por una de las más destacadas activistas a nivel latinoamericano en la lucha por el rescate del espacio público durante un taller sobre este tema celebrado en el auditorio de la Facultad de Arquitectura, en el marco de PENSEMOS LA CIUDAD.

Hablamos de Carmenza Saldías: colombiana, residente de Bogotá, economista con Maestría en Planificación y Administración del Desarrollo Urbano, ex Secretaria de Hacienda y Directora de Planeación Distrital en Bogotá, profesora de la Universidad del Rosario y del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (Cideu), del cual Culiacán, por cierto, es parte.

Después de una caminata por los alrededores de C.U., Carmenza se mostró asombrada por lo que ocurre en torno al campus universitario, y aún más por la aparente apatía de la rectoría y de la comunidad universitaria hacia una problemática de este tipo.

Carmenza cruzó después la “zona peatonal” que conduce de C.U. al Jardín Botánico, donde falleció Rosa María.

A paso apresurado, expresó su contrariedad pues miles de chamacos se juegan la vida cada vez que cruzan la avenida. Y es que vio y vivió y sufrió que ningún automovilista cede el paso, ni baja la velocidad, siquiera.

Molesta, cuestionó: ¿en dónde están las autoridades universitarias, en dónde el rector? ¿Y la comunidad estudiantil y los maestros? A esta edad, en su tierra, los universitarios cerrarían cualquier avenida para provocar una respuesta, aunque pareciera que a nadie preocupa esto, remató.

Rosa María nació con este siglo y soñó ser arquitecta. Cursaba el segundo semestre y, hasta ayer, su afán consistía en terminar y entregar sus trabajos finales. Era de Guamúchil, vivía en Culiacán, tenía apenas 19 y no terminó la tarea.

Una moto desenfrenada truncó su vida anoche al intentar cruzar la avenida Las Américas, una auténtica pista de carreras en la que lo único que parece no estar permitido es usar el pedal para frenar y conceder el paso a miles de jóvenes que deben cruzar la vía.

El conductor, supuesto responsable del percance, desafortunadamente, también falleció.

Rosa María también soñaba otro sueño: el rescate y el buen uso de los espacios públicos, de la calle; apaciguar el tráfico vehicular en una ciudad destacada a nivel nacional e internacional por su altísima incidencia de siniestros vehiculares y de muertes –incluso de niños- por este motivo, consecuencia del poco respeto y consideración hacia las personas que caminan. Deseaba una ciudad más amable.

Junto a decenas de estudiantes de Arquitectura, Rosa María participó como voluntaria con el IMPLAN Culiacán en el evento denominado PENSEMOS LA CIUDAD, cuya finalidad fue generar espacios de reflexión acerca de los cambios que deseamos los jóvenes, los niños y los adultos para la ciudad de Culiacán.

Algunas materias permitían a Rosa María comprender mejor que el común de la gente la urgencia de rescatar las calles para los ciudadanos de a pie y de modificar la infraestructura urbana para dar seguridad a los peatones.

Sabía y defendía ella que los peatones deben ocupan el lugar principal en la escala de preferencias en el uso del espacio público, como ordena la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano.

La Pirámide de la Movilidad Urbana Sustentable que impone esta legislación marca sin dejar dudas el orden de prioridades que debe imperar en el uso del espacio público (la calle incluida, naturalmente): primero el peatón y los discapacitados; luego la bicicleta, el transporte público de pasaje y carga y, al final los autos y vehículos automotores particulares.

En octubre del 2018, la inseguridad del entorno de Ciudad Universitaria para los peatones fue uno de los puntos planteados por una de las más destacadas activistas a nivel latinoamericano en la lucha por el rescate del espacio público durante un taller sobre este tema celebrado en el auditorio de la Facultad de Arquitectura, en el marco de PENSEMOS LA CIUDAD.

Hablamos de Carmenza Saldías: colombiana, residente de Bogotá, economista con Maestría en Planificación y Administración del Desarrollo Urbano, ex Secretaria de Hacienda y Directora de Planeación Distrital en Bogotá, profesora de la Universidad del Rosario y del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (Cideu), del cual Culiacán, por cierto, es parte.

Después de una caminata por los alrededores de C.U., Carmenza se mostró asombrada por lo que ocurre en torno al campus universitario, y aún más por la aparente apatía de la rectoría y de la comunidad universitaria hacia una problemática de este tipo.

Carmenza cruzó después la “zona peatonal” que conduce de C.U. al Jardín Botánico, donde falleció Rosa María.

A paso apresurado, expresó su contrariedad pues miles de chamacos se juegan la vida cada vez que cruzan la avenida. Y es que vio y vivió y sufrió que ningún automovilista cede el paso, ni baja la velocidad, siquiera.

Molesta, cuestionó: ¿en dónde están las autoridades universitarias, en dónde el rector? ¿Y la comunidad estudiantil y los maestros? A esta edad, en su tierra, los universitarios cerrarían cualquier avenida para provocar una respuesta, aunque pareciera que a nadie preocupa esto, remató.