/ viernes 13 de marzo de 2020

El viejo y el peluquero

Mi pregunta fluyó diáfana y cristalina. Directa y precisa. Sin rodeos, preámbulos ni más protocolo que el indispensable en una plática casual entre dos personas desconocidas entre sí.

Una pregunta quizá tonta, y una respuesta que a juicio personal me pareció interesante, al grado que dicho episodio lo encapsulé en la maleta de mis recuerdos.

La pregunta titubeante, pero la respuesta sonora y sin cortapisas, en lo que fue un intercambio de expresiones entre dos sujetos con origen y destinos diferentes.

El preguntón, obvio es decirlo, era quien esto escribe, joven inquieto, mitotero y siempre atento a las historias de los viejos de mi época.

El de la respuesta histórica a la pregunta, un hombretón ya entrado en años, cuyas características principales eran, además de la vestimenta propia del hombre del campo, el acento grave de su voz, fuerte, autoritario y de mirada retadora. Mostraba seguridad y autoridad el viejón.

El lugar del encentro, resultó ser la pequeña sala de un vetusto edificio, en que funcionaba la peluquería más popular del pueblo, sitio en donde era costumbre que los chismes de último momento rebotaran de boca en boca entre la clientela que ahí acudía. Hombres ya pintando buena cana en su mayoría.

Aquel viejo, como es común en ese tipo de negocios, se había apoderado de la palabra y no la quería soltar, pese a los intentos que otro individuo hacía por participar en la tertulia sin éxito.

“Si aquel viejo hubiera sido tartamudo, allá estaríamos todavía esperando que terminara su discurso”.

Pero, la verdad era que la tertulia estaba sabrosa y divertida, de las muchas que normalmente se generaban con temas banales e improvisados entre quienes con la calma de una iguana esperaban por horas el turno para ocupar la silla central del afanoso y paciente peluquero.

Pero, la charla que hoy refiero era diferente. Los inquilinos del peluquero, no estaban hablando de la próxima fiesta popular del santo patrono de sus pueblos. Tampoco de las lluvias atrasadas, ni de la construcción del sistema de riego agrícola que estaba en curso en esos tiempos, ni de la buena cosecha de sandía que habían arrojado los veranos del año en curso.

No había tampoco mentadas de madre para el calor y los mosquitos, ni se estaba hablando del pleito de la noche anterior entre pescadores en el burdel del pueblo, ni del “robo” más reciente de la muchacha del rancho vecino durante la celebración del baile de la noche anterior.

La charla, en la peluquería que yo relato, era distinta y el discursante parecía hombre letrado, porque el tema no era muy común y menos para ser tratado en la peluquería del pueblo

Por ello, el octogenario exponente no parecía dispuesto a ceder el uso de la voz a cualquier individuo que tuviera la osadía de interrumpirlo.

Y por tal razón, también, es que el hombre seguía hablando, pese al desganado silencio que había generado entre el numeroso grupo de greñudos y barbones que nos arremolinábamos en aquel pequeño espacio.

Si, el espacio de la sala de aquella peluquería, cuyo piso se miraba cubierto por miles de cabellos provenientes de decenas de distintas cabezas humanas ya trasquiladas. Un salón que nos ofrecía el clásico olor a sudor, mugre y jabón Palmolive.

Ya les digo, decía el viejo, “la fantasía siempre va de la mano con la ilusión y la imaginación”. Si se hace buen uso de la fantasía y sus fieles compañeras, puede hasta resultar lucrativo”, arengaba.

Y agregaba enseguida que; “La fantasía es la herramienta que algunas personas utilizan para dar vida a las historias y sucesos que no existen en la realidad, pero que fascina a quienes las leen o escuchan”.

“Es como una paloma imaginaria que mandas a volar y que si se te ocurre, podrás lograr que su vuelo llegue hasta donde a ti te de tu chingada gana”, decía el viejo.

Y remata asegurando que la fantasía bien aplicada puede ser tu fuente de éxito y llevarte a lograr la felicidad que buscas en la vida”.

“Échate éste trompo a la uña”, reviró de repente el peluquero, abandonando momentáneamente la cabeza del cliente en turno, y bajando las tijeras y el peine para pasear la mirada por el grupo que seguía la perorata del anciano.

Fue en ese instante que decidí romper el silencio y entrar al quite con la pregunta a la que hago referencia al inicio de mi texto.

¿Pero, oiga señor, cómo puede un hombre ser exitoso y lograr una fortuna en la vida siendo un hombre fantasioso?.

La respuesta del parlamentario pueblerino fue contundente al responder, con otra especie de pregunta.

¿“Y cómo jodidos crees que lograron su fama, fortuna y riqueza escritores y novelistas como el mentado William Chakespeare, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes Saavedra y Federico García Lorca entre muchos más?...”En la madre, éste viejo está letrado” comentó entre dientes un paletero que esperaba turno.

Motivado por la expresión del vendedor de helados, agregó enseguida; ¿Y qué me dices de Francisco Gabilondo Soler, (CRI CRI) , quien con su gran ingenio e imaginación conquistó el mundo de niños y adultos, haciendo cantar a un méndigo grillo, y además dio vida a un asqueroso ratón al que lo vistió con un traje de vaquero y lo hizo echar bala y hasta hablar inglés?.

Ya entrado con el tema, el viejo de la peluquería habló del compositor veracruzano Agustín Lara, quien según dijo, emborrachó unas palmeras.

José Alfredo Jiménez les cantó a las palomas, Cuco Sánchez en el delirio de la locura les gritaba a las piedras del campo y “Rigo” Tovar que no obstante estar ciego embarazó una sirenita, expuso el de la voz cantante, ante su cada vez más regocijada y entretenida audiencia.

Enseguida el viejo sabio remató con su lógica personal; “Todos, escritores, novelistas, poetas y hasta compositores de música, trascendieron con la pura herramienta de la fantasía producto de su imaginación mi estimado amigo”.

El singular y casual encuentro con aquel hombre campirano pero provisto de un gran sentido de la sabiduría que otorgan los años vividos, y sin duda con un recorrido por el mundo de la literatura, ocurrió hace ya varios años.

Varios son los almanaques que habrían sido descolgados de las paredes y ventanas de las casas de nuestras gloriosas y aguantadoras clases populares, desde el momento en que, la multicitada barbería fungió como un templo de aprendizaje donde se impuso la palabra del filósofo de mi Pueblo.

Hoy, debo aceptar que esa enseñanza sobre el uso de la fantasía como herramienta para buscar el éxito ha sido adoptada por los grandes actores de nuestra vida política, económica y social del momento.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, nos asegura todos los días en su mañanera, que en México todo está excelentemente bien… Las autoridades de salud, dicen y repiten que el CORONAVIRUS al igual que la violencia está bajo control en México… Jesús Estrada Ferreiro cree que el cuento que sus amigos les hacen llegar, de generó un gran bache con el chorrito que hace algunos días soltó en plena calle… El Diputado Pedro Lobo piensa que puede competir en medidas con el negro del WhatsApp… 20 mujeres sinaloenses piensan que todas tienen posibilidades de ser elegidas para dirigir el ISMUJERES… Lo antes señalado son puras fantasías.

CALLADITO..CALLADITO Y DE LEJESITOS

Por cierto, cuando el peluquero de mi anécdota, llamó a la silla principal al viejo filósofo, y luego de ponerle la poco perfumada capa protectora, con solemne seriedad le pregunta.

¿Pelo y barba?, pregunta el peluquero... Sí señor, responde el quisquilloso anciano.

Y cómo se lo corto mi amigo?.

“Callado la boca y sin arrimar mucho el pájaro”, exigió el anciano…Ya acabé.

Mi pregunta fluyó diáfana y cristalina. Directa y precisa. Sin rodeos, preámbulos ni más protocolo que el indispensable en una plática casual entre dos personas desconocidas entre sí.

Una pregunta quizá tonta, y una respuesta que a juicio personal me pareció interesante, al grado que dicho episodio lo encapsulé en la maleta de mis recuerdos.

La pregunta titubeante, pero la respuesta sonora y sin cortapisas, en lo que fue un intercambio de expresiones entre dos sujetos con origen y destinos diferentes.

El preguntón, obvio es decirlo, era quien esto escribe, joven inquieto, mitotero y siempre atento a las historias de los viejos de mi época.

El de la respuesta histórica a la pregunta, un hombretón ya entrado en años, cuyas características principales eran, además de la vestimenta propia del hombre del campo, el acento grave de su voz, fuerte, autoritario y de mirada retadora. Mostraba seguridad y autoridad el viejón.

El lugar del encentro, resultó ser la pequeña sala de un vetusto edificio, en que funcionaba la peluquería más popular del pueblo, sitio en donde era costumbre que los chismes de último momento rebotaran de boca en boca entre la clientela que ahí acudía. Hombres ya pintando buena cana en su mayoría.

Aquel viejo, como es común en ese tipo de negocios, se había apoderado de la palabra y no la quería soltar, pese a los intentos que otro individuo hacía por participar en la tertulia sin éxito.

“Si aquel viejo hubiera sido tartamudo, allá estaríamos todavía esperando que terminara su discurso”.

Pero, la verdad era que la tertulia estaba sabrosa y divertida, de las muchas que normalmente se generaban con temas banales e improvisados entre quienes con la calma de una iguana esperaban por horas el turno para ocupar la silla central del afanoso y paciente peluquero.

Pero, la charla que hoy refiero era diferente. Los inquilinos del peluquero, no estaban hablando de la próxima fiesta popular del santo patrono de sus pueblos. Tampoco de las lluvias atrasadas, ni de la construcción del sistema de riego agrícola que estaba en curso en esos tiempos, ni de la buena cosecha de sandía que habían arrojado los veranos del año en curso.

No había tampoco mentadas de madre para el calor y los mosquitos, ni se estaba hablando del pleito de la noche anterior entre pescadores en el burdel del pueblo, ni del “robo” más reciente de la muchacha del rancho vecino durante la celebración del baile de la noche anterior.

La charla, en la peluquería que yo relato, era distinta y el discursante parecía hombre letrado, porque el tema no era muy común y menos para ser tratado en la peluquería del pueblo

Por ello, el octogenario exponente no parecía dispuesto a ceder el uso de la voz a cualquier individuo que tuviera la osadía de interrumpirlo.

Y por tal razón, también, es que el hombre seguía hablando, pese al desganado silencio que había generado entre el numeroso grupo de greñudos y barbones que nos arremolinábamos en aquel pequeño espacio.

Si, el espacio de la sala de aquella peluquería, cuyo piso se miraba cubierto por miles de cabellos provenientes de decenas de distintas cabezas humanas ya trasquiladas. Un salón que nos ofrecía el clásico olor a sudor, mugre y jabón Palmolive.

Ya les digo, decía el viejo, “la fantasía siempre va de la mano con la ilusión y la imaginación”. Si se hace buen uso de la fantasía y sus fieles compañeras, puede hasta resultar lucrativo”, arengaba.

Y agregaba enseguida que; “La fantasía es la herramienta que algunas personas utilizan para dar vida a las historias y sucesos que no existen en la realidad, pero que fascina a quienes las leen o escuchan”.

“Es como una paloma imaginaria que mandas a volar y que si se te ocurre, podrás lograr que su vuelo llegue hasta donde a ti te de tu chingada gana”, decía el viejo.

Y remata asegurando que la fantasía bien aplicada puede ser tu fuente de éxito y llevarte a lograr la felicidad que buscas en la vida”.

“Échate éste trompo a la uña”, reviró de repente el peluquero, abandonando momentáneamente la cabeza del cliente en turno, y bajando las tijeras y el peine para pasear la mirada por el grupo que seguía la perorata del anciano.

Fue en ese instante que decidí romper el silencio y entrar al quite con la pregunta a la que hago referencia al inicio de mi texto.

¿Pero, oiga señor, cómo puede un hombre ser exitoso y lograr una fortuna en la vida siendo un hombre fantasioso?.

La respuesta del parlamentario pueblerino fue contundente al responder, con otra especie de pregunta.

¿“Y cómo jodidos crees que lograron su fama, fortuna y riqueza escritores y novelistas como el mentado William Chakespeare, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes Saavedra y Federico García Lorca entre muchos más?...”En la madre, éste viejo está letrado” comentó entre dientes un paletero que esperaba turno.

Motivado por la expresión del vendedor de helados, agregó enseguida; ¿Y qué me dices de Francisco Gabilondo Soler, (CRI CRI) , quien con su gran ingenio e imaginación conquistó el mundo de niños y adultos, haciendo cantar a un méndigo grillo, y además dio vida a un asqueroso ratón al que lo vistió con un traje de vaquero y lo hizo echar bala y hasta hablar inglés?.

Ya entrado con el tema, el viejo de la peluquería habló del compositor veracruzano Agustín Lara, quien según dijo, emborrachó unas palmeras.

José Alfredo Jiménez les cantó a las palomas, Cuco Sánchez en el delirio de la locura les gritaba a las piedras del campo y “Rigo” Tovar que no obstante estar ciego embarazó una sirenita, expuso el de la voz cantante, ante su cada vez más regocijada y entretenida audiencia.

Enseguida el viejo sabio remató con su lógica personal; “Todos, escritores, novelistas, poetas y hasta compositores de música, trascendieron con la pura herramienta de la fantasía producto de su imaginación mi estimado amigo”.

El singular y casual encuentro con aquel hombre campirano pero provisto de un gran sentido de la sabiduría que otorgan los años vividos, y sin duda con un recorrido por el mundo de la literatura, ocurrió hace ya varios años.

Varios son los almanaques que habrían sido descolgados de las paredes y ventanas de las casas de nuestras gloriosas y aguantadoras clases populares, desde el momento en que, la multicitada barbería fungió como un templo de aprendizaje donde se impuso la palabra del filósofo de mi Pueblo.

Hoy, debo aceptar que esa enseñanza sobre el uso de la fantasía como herramienta para buscar el éxito ha sido adoptada por los grandes actores de nuestra vida política, económica y social del momento.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, nos asegura todos los días en su mañanera, que en México todo está excelentemente bien… Las autoridades de salud, dicen y repiten que el CORONAVIRUS al igual que la violencia está bajo control en México… Jesús Estrada Ferreiro cree que el cuento que sus amigos les hacen llegar, de generó un gran bache con el chorrito que hace algunos días soltó en plena calle… El Diputado Pedro Lobo piensa que puede competir en medidas con el negro del WhatsApp… 20 mujeres sinaloenses piensan que todas tienen posibilidades de ser elegidas para dirigir el ISMUJERES… Lo antes señalado son puras fantasías.

CALLADITO..CALLADITO Y DE LEJESITOS

Por cierto, cuando el peluquero de mi anécdota, llamó a la silla principal al viejo filósofo, y luego de ponerle la poco perfumada capa protectora, con solemne seriedad le pregunta.

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