/ miércoles 7 de noviembre de 2018

El PRI… ¿Un horno de madera?.


Nuevos liderazgos… Renovarse o morir.

El Partido Revolucionario Institucional lucha por sobrevivir a la catástrofe del pasado primero de julio de este año 2018… Año que por cierto se nos escurre ya de las manos.

Buscan sus militantes rescatar los escombros que dejó a su paso el llamado tsunami AMLO, para construir el nuevo horno en que pretenden cocinar sus futuros guisos políticos.

Y desde luego, la militancia no quiere que el nuevo horno sea de madera, ya que sería eminente que en la primera atizada su partido quedaría reducido a cenizas.

Desea pues el priismo de Sinaloa que su nuevo horno se construya de materia prima consistente, fuerte y resistente a todos los embates por venir.

Porque saben y lamentan los tricolores que para desastres como el que están encarando no existe un FONDEN al cual recurrir para lo que sería la reconstrucción del honor, la fuerza y poder perdidos.

Aquí la de rehabilitación política de ese partido tendría que lograrse con voluntad férrea y con decisiones valientes de la militancia, y mediante pasos muy bien estructurados, pero siempre bajo la premisa de la unidad y el amor partidista.

Tendrán los liderazgos que buscar la reorganización de sus afiliados con objetivos muy específicos encaminados a recuperar la dignidad, la lealtad y una verdadera identidad ideológica.

Deberán alcanzar asimismo acuerdos consensuados de la base militante para que la toma de las decisiones encaminadas a las designaciones de candidaturas y liderazgos sean democráticas e incluyentes, pero ya no por decisiones de unos cuantos.

Y por supuesto, dotar a los futuros liderazgos del PRI de autoridad política y moral indispensables para vigilar que los gobiernos emanados de sus filas sean garantes de honestidad y transparencia en el desempeño de sus funciones, so pena de la sanción jurídica y el retiro inmediato del cargo asignado.

Hoy, ante el reto y el objetivo inmediato de nombrar al nuevo Presidente del CDE del PRI en sustitución de Carlos Gandarilla García, quien deja el cargo alegando que ya cumplió con su ciclo al frente de los mandos de dicho instituto, se debe iniciar el proceso de su real reconstrucción.

Y hacia ese entendido, el PRI ha lanzado ya la convocatoria para que los aspirantes a lograr el liderazgo estatal se enlisten y se declaren dispuestos a dar la pelea, bajo la promesa de que la democracia ha arribado ahora sí a su seno, y que mediante esa posibilidad podrían lograr el objetivo anhelado.

Cabe destacar que contrario a lo que se pudiera pensar, son muchos los interesados en convertirse en esa especie de “médico internista” que tendrá la encomienda de aliviar al “enfermo” y sacarlo del cubículo de terapia intensiva en que el tsunami AMLO lo colocó.

Pero entonces, las preguntas necesarias y pertinentes se deslizan por el escenario político sinaloense buscando las respuestas adecuadas y contundentes.

¿Serán los aspirantes a dirigir al presunto PRI renovado, rostros y perfiles novedosos y alejados del inventario priista por todos conocidos, o la lucha será otra vez entre los liderazgos muchas veces vistos?

¿Veremos acaso los clásicos candados en la convocatoria para constituirlos en auténticos frenos de mano en aras de evitar que en la lucha democrática por venir participen aspirantes no deseados?... ¿Pero, será acaso muy notoria la mano del gobernador del Estado Quirino Ordaz Coppel para que el liderazgo tricolor recaiga en alguien de su absoluta confianza?... ¿O será que esa mano no aparecerá como señal cierta de que el cambio del PRI ha llegado?... Por desgracia para el PRI esto pocos lo ven viable.

Por cierto, se comenta precisamente que este proceso de elección del nuevo jerarca del CDE del PRI en Sinaloa, pudiera no dejar contentos a todos, principalmente a los que le están apostando a la posibilidad de que la famosa reconstrucción moral y política del partido sea una realidad… Es evidente que la desconfianza asoma.

No son pocos los que piensan que la lucha por la nueva dirigencia tricolor de Sinaloa, podría convertirse en la puntilla que vendría a terminar con lo que el “tsunami AMLO” dejó del PRI a su paso por México y Sinaloa… Ponto lo sabremos.


Nuevos liderazgos… Renovarse o morir.

El Partido Revolucionario Institucional lucha por sobrevivir a la catástrofe del pasado primero de julio de este año 2018… Año que por cierto se nos escurre ya de las manos.

Buscan sus militantes rescatar los escombros que dejó a su paso el llamado tsunami AMLO, para construir el nuevo horno en que pretenden cocinar sus futuros guisos políticos.

Y desde luego, la militancia no quiere que el nuevo horno sea de madera, ya que sería eminente que en la primera atizada su partido quedaría reducido a cenizas.

Desea pues el priismo de Sinaloa que su nuevo horno se construya de materia prima consistente, fuerte y resistente a todos los embates por venir.

Porque saben y lamentan los tricolores que para desastres como el que están encarando no existe un FONDEN al cual recurrir para lo que sería la reconstrucción del honor, la fuerza y poder perdidos.

Aquí la de rehabilitación política de ese partido tendría que lograrse con voluntad férrea y con decisiones valientes de la militancia, y mediante pasos muy bien estructurados, pero siempre bajo la premisa de la unidad y el amor partidista.

Tendrán los liderazgos que buscar la reorganización de sus afiliados con objetivos muy específicos encaminados a recuperar la dignidad, la lealtad y una verdadera identidad ideológica.

Deberán alcanzar asimismo acuerdos consensuados de la base militante para que la toma de las decisiones encaminadas a las designaciones de candidaturas y liderazgos sean democráticas e incluyentes, pero ya no por decisiones de unos cuantos.

Y por supuesto, dotar a los futuros liderazgos del PRI de autoridad política y moral indispensables para vigilar que los gobiernos emanados de sus filas sean garantes de honestidad y transparencia en el desempeño de sus funciones, so pena de la sanción jurídica y el retiro inmediato del cargo asignado.

Hoy, ante el reto y el objetivo inmediato de nombrar al nuevo Presidente del CDE del PRI en sustitución de Carlos Gandarilla García, quien deja el cargo alegando que ya cumplió con su ciclo al frente de los mandos de dicho instituto, se debe iniciar el proceso de su real reconstrucción.

Y hacia ese entendido, el PRI ha lanzado ya la convocatoria para que los aspirantes a lograr el liderazgo estatal se enlisten y se declaren dispuestos a dar la pelea, bajo la promesa de que la democracia ha arribado ahora sí a su seno, y que mediante esa posibilidad podrían lograr el objetivo anhelado.

Cabe destacar que contrario a lo que se pudiera pensar, son muchos los interesados en convertirse en esa especie de “médico internista” que tendrá la encomienda de aliviar al “enfermo” y sacarlo del cubículo de terapia intensiva en que el tsunami AMLO lo colocó.

Pero entonces, las preguntas necesarias y pertinentes se deslizan por el escenario político sinaloense buscando las respuestas adecuadas y contundentes.

¿Serán los aspirantes a dirigir al presunto PRI renovado, rostros y perfiles novedosos y alejados del inventario priista por todos conocidos, o la lucha será otra vez entre los liderazgos muchas veces vistos?

¿Veremos acaso los clásicos candados en la convocatoria para constituirlos en auténticos frenos de mano en aras de evitar que en la lucha democrática por venir participen aspirantes no deseados?... ¿Pero, será acaso muy notoria la mano del gobernador del Estado Quirino Ordaz Coppel para que el liderazgo tricolor recaiga en alguien de su absoluta confianza?... ¿O será que esa mano no aparecerá como señal cierta de que el cambio del PRI ha llegado?... Por desgracia para el PRI esto pocos lo ven viable.

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