/ lunes 4 de noviembre de 2019

¿A quién ven los priistas para el 2021?

Por el deseo de lograr un perfil que sobresalga en la competencia por la gubernatura, dentro del PRI sinaloense, suenan los encontronazos entre la soberbia y la humildad. Entre la pasividad y lo hiperactivo de los políticos que quieren ser para el 2021, aunque saben que no se lo merecen.

Aarón Irízar López, no es un mal elemento. Pero, está desactivado. Carece de capacidad de gestión ciudadana al estar fuera de los aparatos de poder y sus deseos los restringe a expresiones mediáticas. Cuando estuvo en puestos importantes no hizo mucha labor productiva visible por sus semejantes.

Y lo atan, las deudas de aquella factura pendiente que los cabecillas de las corrientes más sólidas del priismo le cobrarán, por la alta traición que cometió contra Jesús Vizcarra Calderón, en el proceso electoral del 2010.

Su influencia se traduce a convivencias frías de café con allegados, a los que no se arrima nadie más.

En su caso, al senador Mario Zamora Gastélum, le giran calificaciones de ser soberbio. De provenir electoralmente de una familia de perdedores y de querer figurar a gritos. Como no aporta algo a la sociedad le huyen quienes lo conocen.

Le acreditan ser producto de un fracaso que lo llevó al Congreso de la Unión, por ser amigo del maltrecho José Antonio Meade Kuribreña, pese a no tener base comunitaria o simpatías. Además la mayor parte del tiempo la pasa en la ciudad de México. Lejos de donde truena el clamor de las demandas ciudadanas.

De Jesús Valdez Palazuelos, dirigente priista en la entidad, no hay mucho destacable. Derrotado por Jesús Estrada Ferreiro carga con la entrega de la plaza y con un costal de irregularidades financieras que lo podrían llevar a la cárcel, tiene en contra hasta a los trabajadores y empleados del Comité Directivo Estatal, porque les alarga el pago de sus quincenas. Anda casi solo porque no hay quien lo acompañe y por el temor a que le caigan los acreedores de campaña.

Sin intentar revelar el resultado de la exploración de una encuesta telefónica o directa sino por lo que se observa y se comenta entre la militancia, no todo está perdido.

Con el pulso del método más seguro y preciso, –el que se mide en las calles, las plazas, en las reuniones de esquina y en las colonias populares-, Sergio Torres Félix prueba que entre los aspirantes priistas a la candidatura del Gobierno del Estado, es uno de los preferentes.

Es normal observar que en los grupos de personas de los distintos estratos sociales y, especialmente en los asentamientos populares, la gente se acerca a saludarlo. Le piden tomarse una selfie o simplemente lo llaman por su nombre. Como si lo conocieran desde hace mucho.

En los encuentros de café o en restaurantes, muchos voltean a verlo en busca de lograr su atención. Es complicado establecer una conversación fluida o hacerle una entrevista sin que constantemente se le interrumpa.

La afinidad es progresiva ante la necesidad del priismo y de los ciudadanos, por fijarse en los políticos que reúnen elementos personales más auténticos en los que el reflejo de la sencillez, humildad y el esfuerzo, son predominantes.

Resaltan casos como éste, en el que el hijo de un policía preventivo de Culiacán, provenga de la cultura del sacrificio. Y valoran en su total dimensión, que quien empezó como barrendero del Ayuntamiento culiacanense, se propuso miras de altura: ser candidato a gobernador de Sinaloa.

Es de los que comenzó de abajo hacia arriba. De los que el pueblo y el tricolor ocupan para construir sus futuros triunfos.

La trayectoria de Sergio Torres Félix, lo moldea como uno de los principales pretensos. Su travesía cumple con una línea de tiempo ascendente desde que fue intendente hasta abordar los cargos de regidor, diputado local, presidente municipal capitalino, legislador federal, líder del PRI de Culiacán y dirigente del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento.

Por el deseo de lograr un perfil que sobresalga en la competencia por la gubernatura, dentro del PRI sinaloense, suenan los encontronazos entre la soberbia y la humildad. Entre la pasividad y lo hiperactivo de los políticos que quieren ser para el 2021, aunque saben que no se lo merecen.

Aarón Irízar López, no es un mal elemento. Pero, está desactivado. Carece de capacidad de gestión ciudadana al estar fuera de los aparatos de poder y sus deseos los restringe a expresiones mediáticas. Cuando estuvo en puestos importantes no hizo mucha labor productiva visible por sus semejantes.

Y lo atan, las deudas de aquella factura pendiente que los cabecillas de las corrientes más sólidas del priismo le cobrarán, por la alta traición que cometió contra Jesús Vizcarra Calderón, en el proceso electoral del 2010.

Su influencia se traduce a convivencias frías de café con allegados, a los que no se arrima nadie más.

En su caso, al senador Mario Zamora Gastélum, le giran calificaciones de ser soberbio. De provenir electoralmente de una familia de perdedores y de querer figurar a gritos. Como no aporta algo a la sociedad le huyen quienes lo conocen.

Le acreditan ser producto de un fracaso que lo llevó al Congreso de la Unión, por ser amigo del maltrecho José Antonio Meade Kuribreña, pese a no tener base comunitaria o simpatías. Además la mayor parte del tiempo la pasa en la ciudad de México. Lejos de donde truena el clamor de las demandas ciudadanas.

De Jesús Valdez Palazuelos, dirigente priista en la entidad, no hay mucho destacable. Derrotado por Jesús Estrada Ferreiro carga con la entrega de la plaza y con un costal de irregularidades financieras que lo podrían llevar a la cárcel, tiene en contra hasta a los trabajadores y empleados del Comité Directivo Estatal, porque les alarga el pago de sus quincenas. Anda casi solo porque no hay quien lo acompañe y por el temor a que le caigan los acreedores de campaña.

Sin intentar revelar el resultado de la exploración de una encuesta telefónica o directa sino por lo que se observa y se comenta entre la militancia, no todo está perdido.

Con el pulso del método más seguro y preciso, –el que se mide en las calles, las plazas, en las reuniones de esquina y en las colonias populares-, Sergio Torres Félix prueba que entre los aspirantes priistas a la candidatura del Gobierno del Estado, es uno de los preferentes.

Es normal observar que en los grupos de personas de los distintos estratos sociales y, especialmente en los asentamientos populares, la gente se acerca a saludarlo. Le piden tomarse una selfie o simplemente lo llaman por su nombre. Como si lo conocieran desde hace mucho.

En los encuentros de café o en restaurantes, muchos voltean a verlo en busca de lograr su atención. Es complicado establecer una conversación fluida o hacerle una entrevista sin que constantemente se le interrumpa.

La afinidad es progresiva ante la necesidad del priismo y de los ciudadanos, por fijarse en los políticos que reúnen elementos personales más auténticos en los que el reflejo de la sencillez, humildad y el esfuerzo, son predominantes.

Resaltan casos como éste, en el que el hijo de un policía preventivo de Culiacán, provenga de la cultura del sacrificio. Y valoran en su total dimensión, que quien empezó como barrendero del Ayuntamiento culiacanense, se propuso miras de altura: ser candidato a gobernador de Sinaloa.

Es de los que comenzó de abajo hacia arriba. De los que el pueblo y el tricolor ocupan para construir sus futuros triunfos.

La trayectoria de Sergio Torres Félix, lo moldea como uno de los principales pretensos. Su travesía cumple con una línea de tiempo ascendente desde que fue intendente hasta abordar los cargos de regidor, diputado local, presidente municipal capitalino, legislador federal, líder del PRI de Culiacán y dirigente del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento.

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